| ONU apoya la institucionalización de género
Isabel Villar/La República de las Mujeres
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| “La perspectiva de género debe transformar a las mujeres de objeto de políticas en sujetos de ellas”. (Foto: www.eclac.cl/mujer) |
Varias agencias de Naciones Unidas firmaron con el Poder Ejecutivo del Uruguay un acuerdo de cooperación para fortalecer la transversalización e institucionalización de la perspectiva de género. La inyección financiera facilitará, entre otras cosas, el funcionamiento del Instituto Nacional de la Familia y la Mujer durante este año. Brasil, por su parte, ya tiene políticas de género.
(Mujereshoy) En el acuerdo firmado el 15 de marzo con el Estado uruguayo, representado por el Ministerio de Desarrollo Social, participan el Banco Mundial (BM), y cinco agencias de Naciones Unidas: el Programa para el Desarrollo (Pnud), el Fondo de Población (Unpfa), el Fondo para la Infancia (Unicef), el Centro Interamericano de Investigación y Documentación sobre Formación Profesional de la Organización Internacional del Trabajo (Cinterfor) y el Fondo para la Mujer (Unifem).
El acuerdo se formalizó en el marco de un seminario sobre Institucionalidad de género en Uruguay, abierto por el coordinador residente de Naciones Unidas, Pablo Mandeville para quien, a pesar de los progresos ya alcanzados por las mujeres, “la violencia doméstica y sexual, las diferencias salariales en el mercado de trabajo solamente atribuibles a la discriminación, y una baja participación en los órganos decisorios, son algunos de los retos a los cuales seguimos enfrentándonos concretamente en Uruguay”.
La titular del Ministerio de Desarrollo Social, Marina Arismendi, en el marco del desafío de coordinar todas las políticas sociales dispersas en los organismos públicos del país, prioriza darle nuevo contenido, forma y jerarquía al Instituto Nacional de la Familia y la Mujer.
Tiene claro que la erradicación de la emergencia social no puede ignorar que la pobreza tiene cara de mujer, niña y niño, que hay más desocupadas que desocupados y que no se cumple la norma a igual remuneración a igual tarea. A todo ello se agrega un fenómeno nuevo: “la mujer jefa de hogar es buscada para trabajar, porque se supone que será capaz de soportar cualquier tipo de maltrato, ya que debe llevar la comida a su casa”.
Carmen Beramendi, directora del Instituto, advierte que trata de construir una institucionalidad de género “en medio de la acción más importante de estos próximos años: el combate a la pobreza extrema, que tiene un componente cultural. La perspectiva de género debe transformar a las mujeres de objeto de políticas en sujetos de ellas”. Dentro de esa estrategia que considera clave, destaca el rol protagónico de las organizaciones del movimiento de mujeres, sin las cuales “el tema no estaría como está en la agenda publica”.
La experiencia de Brasil
El seminario auspiciado por las agencias de Naciones Unidas permitió acceder a experiencias de institucionalidad de género en la región. Entre ellas la de Brasil, presentada por la ministra de la Secretaría Especial de Políticas Públicas para las Mujeres, Nilcea Freire.
En el ámbito del Mercosur, se trata de la más avanzada, con una historia que arranca en 1983, con la creación de de los Consejos de la Condición Femenina en los estados de San Pablo y Minas Gerais, posteriormente extendidos a otras circunscripciones territoriales.
En 1985, y a fuerza de lucha del movimiento de mujeres, se instala el Consejo Nacional de Derechos de la Mujer para informar y aconsejar al gobierno, pero en 1989 el entonces presidente Collor de Melo le quita autonomía financiera y administrativa. Su sucesor, Fernando Enrique Cardoso, lo reactiva en 1995, adscribiéndolo al Ministerio de Justicia. Entre 1999 y 2002 es objeto de una reestructura, que culmina en la creación de una Secretaría de Estado de Derechos de la Mujer, todavía carente de autonomía.
La efectiva institucionalización de las políticas de género en Brasil comienza en 2003, cuando entre las tres secretarías especiales con rango ministerial que crea el primer magistrado Lula da Silva, incluye una de eolíticas para la Mujer, actualmente presidida por Nilcea Freire. No faltaron críticas a lo que se consideró una dispersión del gasto público, ni presiones para suprimirla. La resistencia de Lula aseguró la sobrevivencia de la estructura, que cuenta con tres subsecretarías: de ejecución de programas, de planificación y de relaciones institucionales, además de una dirección de comunicación.
No ejecuta directamente programas para las mujeres: su rol es formular, articular y coordinar los que tienen que desarrollar los demás organismos del Estado, según sus competencias específicas. El apoyo gubernamental se expresa, entre otras cosas, en la dotación presupuestal que creció de 6 a 24 millones de reales entre 2003 y 2005 (de $US 2.189.781 a $US 8.759.124).
Elaborado por una comisión interministerial, un Plan Nacional de Políticas para las Mujeres cuenta con 195 acciones sistematizadas en cinco ejes temáticos. Su ejecución involucra a 17 ministerios y a las tres secretarías especiales. Un comité de monitoreo incluye representación de la sociedad civil. Para Nilcea Freire, el gran desafío es que “el plan salga del papel. Hay que convencer a gobiernos estaduales y municipales para que lo apliquen”.
No es el único desafío. Otro, para nada menor, son las relaciones con las organizaciones de la sociedad civil. El actual funcionariado de la Secretaría especial de políticas para la Mujer tiene su matriz de formación en el movimiento social. “Estar en un lugar de gobierno y, a su vez, en representación de las mujeres de todo el país supone tensiones. Las mujeres reclaman una actuación directa que sobrepasa las funciones de la Secretaría e invade las de otras áreas. Además, los tiempos del gobierno son diferentes a los del movimiento social”, explica Freire.
El camino, a su juicio, es el mismo que en Uruguay propone la bancada parlamentaria femenina: discutir sin pelear, procurando no perder de vista el objetivo central que es avanzar en el camino de la institucionalización del género en el Estado.
Fuentes: Fuente: Isabel Villar, La República de las Mujeres.
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