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En estos días en que los medios inundan de imágenes sobre un largo funeral, que tiene mucho de estrategia mediática y política, cuando los mensajes que emiten los medios buscan hacer creer que todos rezan por el Papa Juan Pablo II y que en nombre de todos y todas, los representantes de los Estados se movilizan para ir a su funeral –por supuesto con recursos públicos–, quiero recordar que vivo en un país y en un continente en que no todos somos católicos y que existimos muchos y muchas que ni siquiera somos creyentes. Y que creemos en una sociedad plural en la que estén expresadas todas las diversidades. Por ello me parece que no debemos olvidar algunas de las afirmaciones personales o de su papado.
• Este Papa se sintió más a gusto con las dictaduras de derecha que con los aires democráticos o de izquierda. Bendijo a los dictadores y no excomulgó a ninguno. Pero sí amonestó e impidió la expresión de algunos/as teólogos de la liberación.
• En el período de este papado, la Iglesia Católica se hizo cada vez más conservadora en materia de doctrina y de sexo, siendo dominantes las posturas del Opus Dei, quién ayudó a Woytila a llegar a Papa y que lo apoyó financieramente. Si no, recordemos que canonizó a Escrivá de Balaguer en octubre del año 1992, que no fue más que un reconocimiento al apoyo incondicional de esta orden.
• Sus más de tres idas y vueltas a la luna, en equivalente a kilómetros viajados, sin duda fueron la mejor campaña mediática para legitimar a la iglesia católica en el mundo.
• En su período papal, la iglesia refutó con gran fuerza la presencia social de las mujeres y opinó con fuerza sobre la reproducción y la sexualidad, vinculando el rol de las mujeres preferentemente a la vida familiar. Sin importarle cuáles son las condiciones en que ejercen la sexualidad miles de mujeres, sin importarle si son niñas embarazadas por causa de violación, jóvenes que no tienen acceso al mercado laboral o simplemente mujeres que quieren decidir sobre sus cuerpos. Sólo se preocupó de enaltecer el destino de la maternidad, sin preocuparse por las condiciones de esta maternidad, siendo su mensaje principal el que las mujeres deben subordinar sus vidas al cumplimiento de la función reproductiva.
• En su calidad de Jefe de Estado, dio representación a delegaciones que en el ámbito internacional se han opuesto sistemáticamente a la generación de recomendaciones y acuerdos gubernamentales sobre salud sexual y reproductiva y derechos sexuales y reproductivos, además de no preocuparse especialmente por los derechos de las mujeres.
• El Papa no promocionó la participación de las mujeres ni tampoco abogó por su representación al interior de la iglesia católica. No aumentó su representación en los consejos sobre familia y sexualidad del Vaticano y tampoco propició que tuvieran derecho a voto en las decisiones del Papado. En éste, sólo los cardenales votan.
• Este Papa avaló y consolidó las opiniones de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad, apoyándose en las Sagradas Escrituras para calificar esta opción sexual dentro de las consideradas “depravaciones graves” y afirmó que los actos homosexuales van contra la Ley natural.
• Condenó las relaciones prematrimoniales y la convivencia sin matrimonio religioso.
• Permitió que en su período papal se presionara a los Estados para impedir la distribución gratuita de anticonceptivos, aduciendo que éstos eran contrarios a la dignidad humana y que no prevenían el Sida.
• Condenó a las mujeres que abortaban, pero no la pena de muerte.
• La Iglesia Católica de este período se opuso tenazmente a legislar sobre el divorcio, la eutanasia y la asistencia a una muerte digna, propiciando, en suma, el autoritarismo y una visión uniformizadora de las conductas de los seres humanos, sin dar lugar a la expresión de la diversidad.
• Condenó la guerra de Irak, pero también habló de las “guerras justas”.
Por estos y muchos otros elementos del Papado de Woytila, me niego al autoritarismo y a la manipulación mediática que usa la Iglesia Católica en su muerte. Y me sumo a las voces que no festejamos su muerte.
Una vez más, el discurso gubernamental de representación de todos y cada uno de los chilenos en el dolor y el duelo por su muerte esconde las diferencias…
Creo que es necesario reconocer que somos un país en que existimos hombres y mujeres que no somos creyentes o no somos de la fe católica. Por ello, espero que la delegación chilena sea austera como corresponde a ocasiones en que hay que dar condolencias a otro Jefe de Estado, al igual que espero que no se invierta en monumentos a nivel nacional y regional con recursos del presupuesto público; si han de instalarse, que esto se haga con recursos de la propia iglesia católica.
5 de abril 2005.
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