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Retrato. Mujeres zapatistas (Foto: Actlab.utexas.edu). |
Gloria Muñoz, periodista de un diario mexicano, llegó a Chiapas el 3 de enero de 1994, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpió en la escena política mexicana como una insurrección armada. Al tiempo, dejó su casa de Ciudad de México para quedarse en las montañas y vivir una experiencia que volcó en un libro.
(Mujereshoy) Gloria Muñoz Ramírez llegó el 3 de enero de 1994 a Chiapas, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpió en la escena política mexicana como una insurrección armada. Fue a cubrir la noticia como enviada del periódico mexicano Punto, pero lo que encontró le resultó tan subyugante que decidió quedarse.
Cuando el semanario la invitó a volver, ella propuso seguir trabajando desde allí, y también consiguió escribir para la agencia alemana DPA, La Jornada de México y La Opinión de Los Ángeles. Durante tres años cubrió las noticias del FZLN desde el interior de la comunidad zapatista, como una forma de darle visibilidad a un movimiento que cada vez atraía menos enviados especiales. Pero alejarse de la comunidad para cobrar un cheque o pagar los impuestos de su departamento del Distrito Federal cada vez le parecía menos importante, así que canceló todas esas obligaciones y, directamente, se quedó a vivir, relata la periodista Sonia Tessa, del diario argentino Rosario 12.
“Incluso cuando entré a las comunidades por tiempo indefinido, jamás me planteé estar escribiendo, que va a salir un libro, en algún momento dejé la grabadora, y dejé de tomar notas”, cuenta ahora esta periodista que, según el subcomandante Marcos, “fue aprendiendo a tener otra mirada, la que está alejada del deslumbramiento que producen los reflectores, del barullo de los templetes, del atropellado andar detrás de la nota, de la lucha por la exclusiva. La mirada que se aprende en las montañas del sureste mexicano. Con paciencia digna de una bordadora, fue recopilando fragmentos de la realidad de adentro y de afuera del zapatismo”. Y aunque ella no lo planeara, todo eso se convirtió en un libro, El fuego y la palabra que presentó el sábado en Rosario, Argentina.
Una referencia inevitable es al periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, autor del libro Los que luchan y los que lloran. El mismo que en 1958 le hizo un reportaje a Fidel Castro, y se quedó en Cuba, donde colaboró con la revolución, fundó Prensa Latina y fue combatiente. “Lo admiro demasiado para compararme con él”, asiente Muñoz Ramírez.
Pero no quiere saber nada de hablar por el movimiento. Enseguida aclara que no representa al zapatismo. “Soy una persona comprometida, pero no vengo hablando como representante de los zapatistas, porque ellos hablan por sí mismos y mucho”, dice cómplice, para asegurar: “Desde los primeros días, ellos nos ofrecen una palabra que encontró eco en la sociedad, en personas distintas e incluso antagónicas. Creó un abanico plural en lo discursivo”, afirma la escritora, quien sostiene que uno de los planteamientos fundamentales del FZLN es “el respeto a la pluralidad, la inclusión y la tolerancia”.
Y lo explica por su génesis, ya que lo integran siete grupos indígenas diferentes, que conviven en un territorio, pero conservan su autonomía. “Ellos dicen: vamos a unir las resistencias y las luchas, no vamos a unificarlas sino que vamos a hermanarlas, para obtener fuerzas y obligar al poder a que se relacione con nosotros de otra manera”, relata.
Para la periodista, uno de los aspectos más importantes de esta experiencia es que las nuevas generaciones “se están formando de otra manera”. Cuando se le pregunta por el machismo, tan arraigado en México, contesta: “Si la sociedad mexicana es machista, las comunidades indígenas son absolutamente patriarcales y eso también sucede con los zapatistas. Pero allí se da un trabajo organizativo para combatirlo”.
Menciona la importancia que le da Radio Insurgente a la difusión de los derechos de las mujeres, y el trabajo en educación, donde desde los primeros grados hay una materia específica destinada a la integración, y al conocimiento de los derechos de la mujer. “Las niñas ya van con la frente más en alto, y el hecho de que vayan a la escuela, ya es una transformación, porque antes ellas debían trabajar, realizar las tareas domésticas”, subraya Muñoz Ramírez, quien sostiene que “todo eso está cambiando, muy lentamente, pero con logros muy visibles”.
De esos logros trata el libro El fuego y la palabra, titulado así porque “son dos elementos que no dejaron de existir en estos 20 años”.
El libro se editó en conmemoración de los 20 años de la fundación del Zapatismo y de los 10 años de la insurrección armada del primero de enero de 1994.
“El fuego, porque esto comenzó como una guerra que sigue existiendo en Chiapas, que es un estado militarizado, donde el hostigamiento a las comunidades es permanente, y la palabra porque es el arma principal de la lucha zapatista”, dice Muñoz Ramírez, orgullosa de poder contar una historia que conoce de cerca, ya que si bien el último año ha pasado nueve meses fuera de su país para presentar su libro, ya sabe adónde regresará. “Si me preguntas adónde iré cuando regrese a México, será a las comunidades”, asegura.
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