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Queridas compañeras:
La reciente elección del Papa, Monarca Vitalicio del Estado del Vaticano y suprema autoridad de la Iglesia Católica, no ha dejado concentrarme en mis habituales tareas, así que decidí sacar un tiempito para investigar un poco y enviarles algunas ideas que se me empezaron a agolpar en la cabeza.
Los hallazgos son ciertamente preocupantes en tanto el Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, es una figura que representa al sector más conservador e incluso fundamentalista de la iglesia católica y sus instituciones integrantes y aliadas.
La decisión de elegir el nombre de Benedicto se debe, al parecer, a las coincidencias que el Cardenal Ratzinger encuentra con su antecesor Benedicto XV, Papa de origen italiano que lideró una segunda fase de evangelización en América Latina, África y Australia.
Este segundo proceso de evangelización consistió en un fuerte ejercicio de lobby y presión política a los Estados que habían decidido hacer separación entre Iglesia y Estado. Con esto se pretendía romper con una tendencia laicista planteada desde la revolución francesa y que cobraba fuerza en la segunda década del siglo pasado entre los países más desarrollados o con diversidad religiosa y cultural.
El fundamento teológico de Benedicto XV, y del recién electo Benedicto XVI, se apoya en la obra de San Jerónimo, reconocido como suprema autoridad en la interpretación de las Sagradas Escrituras. De hecho, el actual texto bíblico autorizado por la iglesia fue traducido por San Jerónimo, así como los salmos y santorales cuyos textos son utilizados en las eucaristías cristianas.
Puede decirse, además, que otro “atributo” importante de San Jerónimo fue su férrea lucha en contra de las mujeres y cualquier expresión y exteriorización de su esencia. En este sentido, escribió textos completos en los que defendía la virginidad de María como único valor y ejemplo digno de ser replicado por las mujeres al tiempo que ridiculizaba a las mujeres de su época por usar maquillaje, ropajes elegantes o manifestaciones de afecto, fueran éstas realizadas en público o en privado.
Estos escritos fueron realizados ya en su vejez, porque durante su juventud y adultez fue reconocido como libertino, incluso al punto de retirarse a vivir a regiones selváticas, donde, según consta en sus propias cartas y escritos, abusaba de las mujeres nativas.
Lo anterior, por sí mismo, es ya bastante preocupante, pero puesto en el actual contexto en el que el anterior Papa [Juan Pablo II] ha dejado suficientemente empoderados a todos los sectores que lo acompañaron ideológicamente (Opus Dei, entre otros) y sumado a las características personales del nuevo Papa, de quien se ha dicho incluso que llegó a militar en las juventudes hitlerianas, muestra un escenario escalofriante para las mujeres y para los avances logrados hasta el momento en materia de reconocimiento de nuestros derechos e implementación de políticas. Todo esto debería llevarnos a plantear las necesarias posturas que habremos de asumir como movimiento de mujeres.
Sandra Castañeda, de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe.
Fuente: Sandra Castañeda, RSMLAC.
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