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PANORAMA/Política
22.04.2005
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ARTÍCULO
Ecuador: QLLFF, con mayúsculas
Alexandra Ayala Marín*
Las manifestaciones se repitieron durante varios días en Quito, capital del Ecuador (Foto: Reuters).
 
La destitución del presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez fue, qué duda cabe, resultado de las protestas de la ciudadanía de Quito, mujeres, hombres, estudiantes, trabajadores, trabajadoras, y de la labor de una radioemisora, La Luna, lo que muestra que la sociedad civil tiene todavía un gran peso en la política de un país. Alexandra Ayala Marín, periodista colaboradora de Mujereshoy, analiza el hecho.

(Mujereshoy) QLLFF, con mayúsculas. Parecen las claves que usa la radioafición: “Aquí, QLLFF transmitiendo, con pasión y convicción”. Y por pasión y convicción, emociones y argumentos se confunden. Como usted, no puedo negar la satisfacción democrática porque un mal presidente haya sido derrocado, por voluntad y acción de la gente común y de otra menos común, sobre todo de Quito -aunque ello costara dos vidas y dos edificios saqueados- pero la razón se encarga de ponernos los límites.

Interpreto los hechos desde mi ángulo profesional, y desde la comunicación pongo el acento en quienes se convirtieron en protagonistas anónimos y con nombre propio, así como en las nuevas formas de expresión política que adoptaron.

Fue inútil la millonaria propaganda gubernamental de los últimos meses: fallaron porque no tenían credibilidad, porque durante su mandato, el coronel y su hermano capitán y todos los coroneles y capitanes y civiles y demás politiqueros que lo rodearon, fueron cavando sus propias tumbas, también con sus palabras. Entonces, en un sin igual proceso social de comunicación, que devino participación política, las audiencias respondieron con otros mensajes y acciones consecuentes. Así se precipitaron los hechos y emergió lo que estaba en efervescencia silenciosa: nuevos actores sociales, independientes de viciados partidos y esquemas políticos, críticos tenaces de oscuros o luminosos dirigentes.

Quito se convirtió en una enorme audiencia de La Luna y otras radioemisoras que demuestran, en los hechos, cómo se construye ciudadanía y cuál es el papel que también pueden cumplir los media cuando sintonizan con las expectativas de su público. Quedaron en evidencia no las limitaciones técnicas de la televisión sino el cómo algunos canales responden a los intereses de sus propietarios.

La audiencia-ciudadanía se asumió, a la vez, como “forajidas y forajidos”, en réplica creativa a las mismas palabras con las que el coronel pretendió ofenderla y desconocer la acción de rebeldía y resistencia civil manifiesta desde el multitudinario 26 de febrero. Recurrió a los símbolos, o sea, a objetos o acciones que se cargaron de significados para expresar más allá de las palabras, porque estas se fueron agotando durante 27 meses de gobierno nefasto. De allí, la cacerola, el pito, la escoba, la tabla, el papel higiénico... Para hacer sonar la protesta, para barrer tanta suciedad política, para limpiar la democracia “enmerdecida” y vapuleada.

El coronel usó las palabras como armas mal encasquilladas o en mal estado: le salía el tiro por la culata. Ahí están “dictócrata” y el fatídico “morir en el intento”. Pues murió, junto con su mafia familiar y política, en el supuesto intento de “refundar la República”, frase que también agotó su sentido (¡cuidado!, don Alfredo).

Quito, La Luna, Forajidos y Forajidas (QLLFF), con mayúsculas, son los protagonistas de una nueva historia que pone en la escena a nuevos actores con nuevos contenidos y otras exigencias. Ahora toca digerir los resultados. Quito no es todo el Ecuador y los viejos políticos son también tenaces.


* Este artículo de opinión será publicado en el diario Hoy, de Ecuador.


Fuente: Alexandra Ayala M.

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