• PANORAMA
• VIDA COTIDIANA
• ESPACIOS
• MOVIMIENTOS
• NO + VIOLENCIA
• MEMORIA
• PUNTO M
• CIBERTALLER
• Agenda
• Galería de   Maitena
• Resultado   Encuestas
NO + VIOLENCIA/Intrafamiliar
23.08.2005
Google
www mujereshoy
Ending gender-based violence: A call for global action to involve men (en inglés, pdf comprimido)
Breve información sobre el centro de Prevención de la Violencia, Nicaragua
Cuba: Hombres no violentos
Uruguay: Crearán Observatorio de Violencia Doméstica
Violencia doméstica y mala salud
En TV, seis rostros golpeados de mujeres destacadas
Nace Observatorio contra Violencia hacia Mujeres
“Contar la verdad, a cualquier precio”
“Cuando una mujer amenaza a un varón, él no teme por su integridad física”
Congreso chileno endurece penas para violencia intrafamiliar
ARTÍCULO
¿Morir como hombres?
Mónica Zalaquett
Portada del libro Ending gender-based violence (Foto: ASDI).
 
El documento Ending gender-based violence: A call for global action to involve men (Poniendo fin a la violencia de género: Un llamado a la acción global para involucrar a los hombres) considera la violencia del género masculino como un problema de orden mundial que exige acciones urgentes. La periodista Mónica Zalaquett, directora del Centro de Prevención de la Violencia de Nicaragua, lo comenta.

(Mujereshoy) A la palabra violencia tendría que agregarse el apellido “masculina”, señalan siete catedráticos e investigadores europeos que contribuyeron al texto Poniendo fin a la violencia de género: Un llamado a la acción global para involucrar a los hombres, publicado recientemente por la agencia suecia para el desarrollo, ASDI.

Resulta notable que siete investigadores varones de diversas naciones hayan coincidido al conectar las concepciones sobre masculinidad con las diferentes formas de violencia que a nivel mundial están constituyendo hoy día uno de los mayores flagelos para la humanidad por las violaciones a los derechos humanos, los enormes daños a la salud pública, los peligros para la niñez, las dificultades a la educación, y sobre todo, por la inseguridad en que vive la ciudadanía.

Los datos son elocuentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que unas 830 mil personas murieron en homicidios o actos relacionados con guerras en el 2000, de las cuales más del 90 por ciento vivían en países de ingresos bajos o medianos. En las muertes por homicidios la proporción fue de tres hombres asesinados por cada mujer. Una proporción claramente inversa es la que ocurre sin embargo en la violencia intrafamiliar, con las muertes causadas por hombres a mujeres, niños, niñas y adolescentes.

En América Latina unas 140 mil personas son asesinadas cada año y cada adulto pierde en promedio tres días laborales por año como resultado de la violencia. El infanticidio, al igual que el feminicidio, están aumentando en proporciones escandalosas, igual que el tráfico de niños/as, adolescentes y mujeres. En encuestas a grupos de población de todo el mundo, entre un diez y un 69 por ciento de las mujeres informaron haber sido atacadas físicamente por una pareja masculina en algún momento de sus vidas. De manera que la violencia se ha constituido en una práctica normal en la familia, lejos de ser una excepción como se cree.

El texto plantea que por todo ello no se puede seguir hablando de violencia sin identificar a sus principales actores y víctimas, o, en otras palabras, que se debe hablar claramente de violencia de género, señalando que son los hombres quienes mayormente cometen los actos de violencia, pero que a la vez callan y son callados acerca de esta participación. La propuesta es a la vez un llamado urgente a romper el silencio sobre la magnitud de la violencia causada por hombres, a brindar apoyo a movimientos a gran escala para la reducción de las desigualdades de género y a promover formas alternativas de masculinidad que se manifiesten contra todas las formas de violencia.

Uno de los aspectos claves para reducir la violencia de los hombres contra las mujeres y niños, como también para disminuir los enfrentamientos violentos que tienen lugar en nombre de las naciones, pueblos o religiones, es que se le conceda tanta importancia a la participación de la mujer en la vida pública como a la del hombre en la vida doméstica. Ello implica reconsiderar las definiciones tradicionales de masculinidad para que abarquen un rango mucho más amplio de emociones, incluyendo el miedo, sin que la identidad del hombre se vea amenazada.

Los autores del texto recuerdan que los estudios sobre las sociedades más pacíficas en el mundo coinciden en destacar que en aquellas en las cuales a los hombres se les permite reconocer el miedo sin avergonzarse de ello o ser socialmente rechazados, los niveles de violencia son más bajos.

“Los hombres necesitan sentirse respetados, apoyados y comprendidos en sus sufrimientos y adversidades” enfatizan los investigadores, señalando que “en la medida en que su conciencia y autoestima vaya creciendo, estarán listos para reflexionar críticamente sobre sus propias vidas, el uso y apoyo cómplice de la violencia y para promover el cambio personal y social”.

En la experiencia con miles de varones atendidos en prevención de la violencia, resulta evidente que el hecho de responder violentamente a una provocación, o lo que se considera como amenaza, se asocia con la condición masculina y el no hacerlo se considera reñido con la masculinidad. Ello está en la raíz del ciclo de represalias y venganzas que termina con la muerte de una o todas las partes en conflicto, lo que puede verse claramente en los pleitos juveniles o de pandillas.

Por lo tanto, pensar en una masculinidad que promueva una actitud alternativa a la violencia como respuesta al conflicto constituye una prioridad absoluta para nuestras sociedades. Esto implicaría en primer lugar un ingente esfuerzo educativo y cultural orientado a renovar las mentalidades de género en los procesos de crianza y en la formación escolar.

Si tomamos en cuenta que más del 40 por ciento de los hogares en cinco países latinoamericanos que participaron en un estudio reciente, han tenido al menos un miembro que fue víctima de algún crimen el año anterior, salta a la vista la urgencia de transformar las creencias de nuestras poblaciones sobre la masculinidad violenta.

Por ello, cuando leamos la próxima vez en los periódicos la cotidiana noticia sobre muertes por riñas, celos, pleitos vecinales o cualquier otra razón, sepamos que esas víctimas murieron en realidad por la peor forma de ceguera que aqueja a la humanidad: aquella producida por los condicionamientos sociales y los patrones culturales sobre la masculinidad, como también por los intereses económicos invertidos en el armamentismo, que han fomentado diaria e incesantemente la errónea creencia de que nacer hombre significa ser incapaz de optar por una solución de paz.


Mónica Zalaquett: monicazalaquett@hotmail.com


Fuente: Semanario Confidencial, Nicaragua, 14 al 20 de agosto 2005.

El portal de las mujeres latinoamericanas
Quiénes somos | Sobre este portal | Contacto
Todos los derechos reservados © Isis Internacional 2003

Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003