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ESPACIOS/Educación
04.10.2005
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Ecuador: Observadores electorales para combatir la discriminación contra la población indígena
Erradicar el lenguaje sexista en la educación
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Pobreza y desigualdades: Principales obstáculos para la educación
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Chile: En vigencia nuevo reglamento para alumnas embarazadas y madres
PUNTO DE VISTA
La mujer necesita otra educación (el hombre también)
Gisela Ortega*

 


Entre fines del siglo XIX y las últimas décadas del XX, la educación constituyó en América Latina un cauce de movilidad social muy importante.

Este proceso de expansión no fue natural, sino el resultado de políticas especificas, puestas en prácticas a través de proyectos sociopolíticos concretos. En él, el Estado desempeñó un papel fundamental tanto para constituir el sistema de educación formal como para ampliar su cobertura.

Es así como en toda la región, en diversos momentos históricos, se sentaron las bases de una política educativa en la que se destacaban tres necesidades: universalizar la instrucción básica, por su efecto democratizador en el sentido de la igualdad; distribuir equitativamente esa educación –es decir, asegurar la universalización de la enseñanza primaria antes de recomenzar a invertir en la formación secundaria– y en tercer lugar, procurar que otros procesos ayudaran a la expansión constante de la cobertura pedagógica.

Por su parte, el proceso educativo, pese a su creciente magnitud, se ha caracterizado por las desigualdades en la participación. La principal disparidad se dio tanto en las áreas urbanas y rurales, cuyas respectivas tasas variaban por un multiplicador que iba de 1.7 hasta 6.7. Entre los grupos de edades las diferencias también eran importantes, observándose además en las multitudes de mayor edad diferencias según su genero, así, en algunos casos el analfabetismo entre las mujeres alcanzaba a 90 por ciento.

En el presente, el desafío radica en la forma de adecuar la educación a una sociedad como la que se perfila a muy corto plazo. El cambio del paradigma productivo y la concepción globalizada del mundo exigen una enseñanza muy distinta a la impartida actualmente, que en lo esencial corresponde más a las necesidades de la sociedad industrial del siglo XIX, que a las que se plantean en este siglo XXI.

En la nueva educación será fundamental la flexibilidad, el saber hacer, la apertura mental, la formación permanente, la autonomía y la creatividad. Esta transformación supone una pedagogía inédita que –además de la reforma educacional– contempla el consenso entre todos los actores participantes de los sectores público y privado y una estrategia combinada con la descentralización en cuanto a los contenidos, generar una institucionalidad educativa abierta, impulsar la creatividad y promover la equidad de género. Para ello la sociedad, como un todo, deberá asumir un compromiso financiero y promover como un factor esencial el desarrollo de cooperaciones regionales en torno de la educación.

La mujer, un caso específico

En relación con las mujeres, quedan algunas tareas pendientes que es necesario abordar para asegurar la equidad de género. Se trata de consolidar el acceso de todas ellas a la educación, revisar los contenidos de la enseñanza y ocuparse de los procesos de socialización de los que son objeto hombres y mujeres en el sistema docente y que definen sus modos de inserción ciudadana.

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indica que en la actualidad las mujeres ocupan, en la mayor parte de la región, una posición paritaria con los hombres en los niveles educacionales básico y medio; en algunos países incluso superan las tasas masculinas de escolarización. Este avance resulta aún más evidente al comparar varones y mujeres, según grupos de edades.

Así, se puede decir que existe una transición generacional, demostrada por los crecientes niveles educativos de las jóvenes. Esta tendencia probablemente conducirá a que en algunos años la población femenina sea proporcionalmente más educada que la masculina. Los promedios regionales y nacionales deben, sin embargo, analizarse más en detalle, debido a la heterogeneidad intra-regional y dentro de los países.

Persisten los problemas de acceso a la educación en el caso de las mujeres rurales, indígenas, negras, especialmente cuando constituyen minorías étnicas, las desarraigadas y las de mayor edad, que no tienen posibilidades de integrarse a la educación. En cuanto a la alfabetización, entre 1980 y 1990, el número de analfabetos absolutos se redujo de 44 millones a 42 millones y se alfabetizó a casi 70 millones de personas.

El analfabetismo funcional, según la definición de la UNESCO, 1992, es aquel que no “puede emprender actividades en que la alfabetización es necesaria para la actuación eficaz en su grupo y comunidad y que le permiten asimismo seguir valiéndose de la lectura, la escritura y la aritmética al servicio de su propio desarrollo y el desarrollo de la comunidad”.

La ignorancia es un problema persistente y de gran magnitud en la región, que afecta a ambos sexos. Se debe tanto a la inadecuación de los sistemas y contenidos educativos a las diversas realidades de América Latina y el Caribe, como a la mala calidad del aprendizaje impartido y a las altas tasas de deserción escolar provocadas por factores socioeconómicos y culturales. Este último problema es especialmente grave entre los niños y niñas de áreas rurales, minorías étnicas y familias pobres, cuya situación de pobreza dificulta el proceso de aprendizaje. Si bien son escasas las cifras sobre analfabetismo funcional separadas por sexo, probablemente afecte a una más alta proporción de mujeres y niñas, las que al permanecer a cargo de las tareas del hogar quedan aisladas de otros procesos de aprendizaje que podrían vincularlas a la vida social.

El problema de la educación secundaria en la región, como se ha señalado reiteradamente, radica en una obsolescencia curricular y su aparente agotamiento como canal de movilidad, mientras que la superior ha experimentado una rápida expansión en las últimas décadas y la incorporación de las mujeres a este nivel ha ido en aumento, hasta superar, según algunos estudios, las tasas promedios de participación masculina.

Asunto esencial en América Latina y el Caribe es el desafío de modernizar la educación sin destruir la diversidad cultural, que es una gran riqueza de la región. Este aspecto es de fundamental importancia para los grupos étnicos minoritarios, que requieren de educación bilingüe, pero también de la incorporación de su propia cultura y tradición en los contenidos curriculares.

La reforma debe superar la ambivalencia que existe en la mayoría de los sistemas educativos respecto de la preservación de las identidades culturales y la búsqueda de la modernidad.

La socialización

A las dificultades señaladas con respecto a los contenidos de la educación formal en América Latina y El Caribe, se añade el hecho que el proceso de socialización del que son objeto niños, niñas y adolescentes dentro del sistema escolar, llevado a cabo por intermedio de los docentes, refuerza los estereotipos de los contenidos educativos explícitos.

Es obligatorio capacitar al profesorado para que amplíe las opciones vocacionales de las mujeres y hombres para compartir los diversos espacios sociales, tanto privados como públicos, incluidos los de adopción de decisiones.

Esto es fundamental para eliminar la discriminación de género e impulsar una mayor comprensión entre los sexos para un mejor desarrollo de ambos.

Recursos humanos

Uno de los ejes de la transformación productiva lo constituye la formación de los recursos humanos, que permite complementar el crecimiento económico y el desarrollo social, exige cambios en los sectores productivos, elevación de la competitividad y mejoramiento de los recursos tecnológicos, pero fundamentalmente una mano de obra capaz de satisfacer las condiciones que impone un mercado laboral transformado y que seguirá evolucionando con creciente velocidad.

Esto requiere de un esfuerzo sistemático: educación de calidad, que asegure la igualdad de oportunidades desde la partida; una capacitación laboral acorde con las exigencias del mercado laboral y una formación ciudadana que permita niveles de organización, negociación adecuada a las nuevas modalidades de empleo. Si bien en esta perspectiva las insuficiencias del actual proceso de formación de recursos humanos tanto masculinos como femeninos son evidentes, es precisamente en este campo donde se manifiesta con mayor fuerza la discriminación de género.

En América Latina y el Caribe, el espectro de la educación a la que acceden las mujeres está ampliándose notoriamente. No obstante el proceso es lento, y si no se toman medidas explícitas seguirá produciéndose un desfase entre la capacitación y los vertiginosos cambios de la estructura del mercado laboral. La ausencia de formación que posibilita la inserción de las mujeres en empleos más productivos, mejor remunerados y con mayores requisitos tecnológicos, prolonga la discriminación en este ámbito.

La dificultad es que se mantiene a las mujeres en áreas tradicionales al orientarlas a actividades percibidas como continuación de sus tareas del hogar o bien aceptadas como femeninas. En el contexto de los desafíos que enfrenta la región actualmente, este enfoque debe ser redefinido: el punto central no es si las actividades tienen una mayor o menor connotación tradicional moderna, sino que la inserción de las mujeres en áreas peor remuneradas, reproduce o agudiza la pobreza, vuelve ineficiente el uso de los recursos humanos disponibles, que son un elemento esencial para el crecimiento con equidad, impide que a las mujeres acceder a una formación ciudadana con capacidad de gestión y negociación en el mundo laboral, y provoca una perdida de prestigio de los segmentos educacionales a los que se integran, lo que refuerza el proceso generador de discriminación e ineficiencia.

Una formación de recursos humanos con equidad de género requiere, por lo tanto, de una política clara que incluya el entrenamiento laboral de las mujeres, pero que además induzca a la sociedad en su conjunto a tomar conciencia de la necesidad de utilizar eficientemente todos los recursos humanos de los respectivos países, para lo cuales indispensable la equidad entre hombres y mujeres.

En Venezuela

En los últimos años el panorama de la situación de la mujer ha cambiado en Venezuela considerablemente. La forma acelerada en la que se ha precipitado el estallido de la crisis económica y social ha creado determinaciones muy importantes en la redefinición del papel y la orientación que debe cobrar en sus luchas.

El talento de la mujer venezolana es inmenso. La mayoría de las graduadas en el país tienen más cursos de posgrado y de especialidad acumulada por persona que los hombres y, sin embargo, estadísticamente no están en las mismas proporciones que estos en los cargos de toma de decisiones.

En la actualidad se hace imprescindible la reorientación que necesariamente debe cobrar la formación, la educación y la actitud de las mujeres ante su desempeño profesional y económico. Es cierto que entre los logros de la democracia está el que hayamos alcanzados altísimos niveles de inserción en el sistema pedagógico. Pero ahora nos damos cuenta que, aparentemente, nos hemos formado para tener carreras rentistas, no para ocupaciones necesarias en una sociedad, cuyo reto es producir.

Nuestra instrucción no nos ha adicionado a las ventajas comparativas que se requieren en el nuevo planteamiento productivo que exige el país. Por el contrario, la mujer no sólo es la empleada a la que primero se le despide, sino que es la más fuerte candidata a protagonizar la “ventaja comparativa” de la mano de obra barata, que exige los ajustes económicos para poner en marcha los programas como la maquila. Esto es una verdad comprobada tanto en México como en los países asiáticos, donde la competitividad se ha manejado en base a criterios de incidencia salarial. Las mujeres por el tipo de formación que tenemos o por ausencia de ella, somos presas fáciles de la explotación.



* Periodista venezolana.



Fuente: Piel de Leopardo.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003