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PANORAMA/Política
07.12.2005
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PUNTO DE VISTA
Sonia Rivera y los límites de lo prohibido
Mirta Rodríguez Calderón*

 


Sonia Rivera Valdés no me respondió la pregunta porque no quiso, tal vez porque no pudo, o a lo mejor porque se le hacía engorroso. Pero lo cierto es que un gran número de los presentes había mencionado el tema con brillos en la mirada.


Esta creadora tan singular y transgresora en su literatura, evadida de Cuba en 1966 “porque no estaba de acuerdo”, regresó a la isla una y otra vez a partir de 1980 sin que faltara en el anecdotario una visa negada que la hizo devolverse en el mismo avión que la trajo desde Miami: “yo racionalicé aquello y seguí mi vida, impulsando proyectos culturales de unidad y acercamiento”.


La ganadora del Concurso Casa de 1997 con las Historias Prohibidas de Marta Veneranda suele rozar en muchas otras cosas los límites de lo prohibido pero – al parecer- no lo hace por snobismo o desafío vacuo, sino porque siente la necesidad de desbordar intimidades.


Como presidenta de la Latino Artist Round Table (LART), Sonia Rivera y sus amistades –con el apoyo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), entre otras fuerzas– acaba de producir un congreso en la capital dominicana –trasladado desde la sede habitual de Nueva York– precisamente para que “pudieran venir cubanos y cubanas” a quienes no les habrían dado visas allá.


Y sí, vinieron: desde Nancy Morejón y Gerardo Fulleda pasando por Zaida Capote, Maribel García, Laura Ruíz o Jorge Fornet, por enumerar unos cuantos entre una decena.


El Congreso de LART resultó un éxito de participación latina en el más amplio sentido de la palabra, porque hubo también artistas de Italia y de España. Efectuado en el recién estrenado recinto de la Biblioteca Central de la UASD, un aspavientoso espacio de lujos y tecnologías de punta, la calidez de lo compartido superó las frialdades de un ambiente artificial gélido.


Hubo 30 paneles o mesas redondas, cinco o seis lecturas de poesía, varios conciertos; exposiciones de plástica, de teatro, cine, instalaciones, conferencias magistrales sobre globalización y sobre el folclorista dominicano Fradique Lizardo, a quien estuvo dedicado el encuentro.


El lema de la reunión fue “aquí me tocó crear”, explícito de las múltiples diásporas del continente, alusivo también a quienes todavía guardan sus raíces intactas, trabajando por promover reencuentros.


La presencia de mujeres, de sus honduras anímicas y literarias, no centralizó el Congreso pero lo atravesó de punta a cabo. Hubo expresiones coloquiales de la argentina Margarita Drago, ex prisionera política a quien una experiencia lésbica le acompañó en los horrores; de la dominicana autora de “cuentos familiares”, Hortensia González; de la mexicana Adela Fernández, impactante en su lectura de El Montón, el relato de un padre bárbaro que la sentó delante del montón de ojos de sus hermanos y hermanas para que viera -porque ella lo quiso matar- cómo violaba a la madre recién llegada del paritorio del último de los hijos.


En otro diapasón de lo testimonial se movieron las exposiciones de la cubana Aída Bahr; de Julio César González Pagés y sus varios proyectos, entre ellos el ya editado de las Hijas de Galicia; y de la propia Sonia Rivera con su Libro de los Aniversarios, a cuya preparación se entrega, aunque quizás no iguale en contenidos transgresores a sus anteriores de Marta Veneranda y de Mujeres grandes y chiquitas.


En el Congreso de Lart no faltaron omisiones; como tampoco autoras que no se presentaron, o quienes se enteraron cuando se vieron en el programa. Detalles nimios frente a una constelación de primeras figuras a quienes –lo dijo Sonia al SEM– no les pagaron ni un solo centavo por venir desde todas partes: rara avis en estos tiempos.


Y ello tiene que ver con la pregunta que Sonia Rivera no me quiso responder: ¿cómo se las arregla esta mujer sesentona y vital, que prefiere hablar bajito, para echar aire a tantas alas que se han nutrido de su impulso para lanzarse a crear?

* Periodista cubana que vive y trabaja en República Dominicana


Fuente: Servicio de Noticias de la Mujer (SEM)

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