 |
La menor fue violentada en una plantación de café en Costa Rica (Foto: bbcnews.com) |
Lorna Norori y Marta María Blandón recuerdan lo vivido como si fuese una película. Todavía no se convencen de lo que les tocó vivir. Ellas son las activistas nicaragüenses, de la Red de Mujeres contra la Violencia de ese país, que han asistido a los padres y a la niña de 9 años violada y embarazada en Costa Rica. En entrevista exclusiva relatan el traumático proceso que conmovió a Hispanoamérica.
Las integrantes de la Red de Mujeres contra la Violencia de Nicaragua, Lorna Norori y Marta María Blandón, apoyaron todo el proceso de los padres y la niña de 9 años violada y embarazada en Costa Rica. A partir de esta experiencia, conversan con Mujereshoy sobre el aborto terapéutico, la presión del gobierno y la iglesia católica nicaragüenses, las organizaciones de mujeres y la desarticulación de la sociedad civil en Centroamérica.
Ambas mujeres, que conocieron el caso como todo el mundo: a través de los medios de comunicación, fueron en busca de Rosita y su familia a Costa Rica, los acompañaron durante la entrega del diagnóstico de riesgo de muerte que gatilló el aborto terapéutico realizado a la menor, buscaron a los profesionales para la junta médica que aprobó este proceso legal en Nicaragua, y, como ellos, tuvieron que resistir los embates del gobierno y la iglesia católica de país centroamericano y hasta sufrir la excomunión por parte de las autoridades eclesiásticas.
Una hazaña que reconocen no hubiera sido posible sin el apoyo de las organizaciones civiles, especialmente de mujeres, tanto en Costa Rica como Nicaragua, y que aprovecharon de rememorar con Mujereshoy.com durante su visita a Chile, donde junto a los padres y Rosita asistieron a un programa de televisión, que se convirtió en la primera y polémica aparición pública de la niña.
-¿Cuál fue la primera reacción de los padres de la menor cuando ustedes entran en contacto con ellos?
-Lorna: En la embajada de Costa Rica entramos en contacto con el embajador y a través de él, buscábamos a la familia. Casualmente el padre iba llegando a la embajada y tuvimos la posibilidad de conocerlo. Ahí aprovechamos de concretar un nuevo encuentro, que por supuesto no fue muy agradable: eran una pareja que desconfiaba de todo el mundo. El estado de angustia y el estigma que habían desarrollado en torno a ellos los medios de comunicación había generado en ellos una desconfianza total a cualquier persona que se les acercara.
Marta María: Ellos fueron de a poco abriéndose, comunicándose. La niña también se mostraba desconfiada. Imagínate que se encontraba en un hospital sola, en una habitación casi aislada.
-Llama la atención la tremenda capacidad de organización de los grupos de mujeres y otras instancias -como algunos médicos- de la sociedad civil nicaragüense en apoyo a este caso, ¿cómo vivieron ese proceso tan espontáneo?
-Lorna: Esto tiene sus raíces. No fue tan casual, aprovechamos toda la experiencia y relaciones que teníamos como movimiento de mujeres. En Costa Rica también tuvimos alianzas con grupos de mujeres. En diferentes niveles fueron mujeres que ayudaron.
-Tomando en cuenta la cercanía que han desarrollado con la familia de la niña, ¿cómo han logrado mantener la distancia necesaria para no influenciar las decisiones de los padres?
-Lorna: Personalmente yo lo hago de manera cotidiana en mi consulta, como psicóloga especialista en abuso sexual. Mi papel terapéutico con personas que viven violencia pasa por ‘empoderarlas’, es decir, que no me vean como alguien que está encima de ellas, sino como alguien que está acompañándolas. Esto me ha valido en relación a esta familia. Y aunque Marta María no hace consulta privada, también pone en función este tipo de métodos.
Marta María: Creo que también esto se produce bajo el principio de otra línea de trabajo. Yo trabajo mucho en salud, con prestadores de servicio del sector público. Una de mis insistencias con ellos es mostrar al prestador de servicio como un facilitador, es decir, ayudar a la gente a tomar decisiones informadas.
En todo momento, Lorna -desde su experiencia como terapeuta-, y yo -desde mi rol de facilitadora de procesos con trabajadores de la salud- coincidimos en que había que darle a los padres toda la información y ofrecerles el apoyo para la decisión que tomaran. Es la consigna que se mantiene hasta el momento, apoyar todas sus decisiones.
-¿Cómo fue la reacción de los padres cuando se les comunica la necesidad de un aborto para salvar a su hija?
-Marta María: La violación fue ya una tragedia, luego el embarazo. Y después, el hecho de que se podía morir. Para los padres fue mucho y les costó mucho asimilarlo. Era un terremoto encima de otro.
Lorna: En el momento en que se informaron de los riesgos que corría su hija, era muy difícil plantearles las opciones. Había mucha angustia y desesperación, no tomaron la decisión por el aborto terapéutico inmediatamente, fue algo muy pensado.
-¿Qué les pareció la decisión de ellos de venir a un programa de televisión en Chile?
-Lorna: Fue una decisión pensada. Ellos tenían ofrecimientos para ir a Univisión (México), a España, desde Los Angeles Times. Los hizo venir a Chile el hecho de que nos informamos de cómo era el programa.
Marta María: En todo caso, ellos no querían más medios ni prensa, pero un hecho muy personal, el fallecimiento de la madre de la mamá de Rosita, creo que les gatilló este viaje. Eran demasiadas cosas y tal vez necesitaban olvidar. Nos pidieron si los podíamos acompañar y así llegamos.
-¿Qué opinión les merece que hayan mostrado a Rosita en el programa?
-Marta María: No estuvimos de acuerdo, fue una negociación que hicieron los conductores del programa directamente con ellos, a pesar de nuestra negativa. Además hubo preguntas que no debían hacer, y que hicieron. Nosotros habíamos tenido mucho cuidado con explicarles que cosas debían evitar, pero las preguntaron igual.
-¿Continúa el apoyo a la familia de Rosita? ¿Cuáles son los planes?
-Lorna: Ahora hay una propuesta para que ellos empiecen a trabajar, tengan un lugar estable donde vivir, ahora que la niña debe comenzar nuevamente a estudiar. De esta forma, nosotras podremos dedicarnos más a la función terapéutica.
Acá hubo varias secuelas: la del abuso mismo, la de las instituciones, la de la estigmatización que ha generado toda esta situación mediática alrededor de la niña. El tener que huir de la puerta para que los medios no la vean, el estar escondida. Todo eso hay que trabajarlo. Con la madre también hay que hacer un trabajo, ella está sufriendo muchas culpas.
-Dentro de lo negativo que puede haber sido la cobertura mediática, también hubo repercusiones positivas como la gran respuesta a la campaña “Yo también quiero ser excomulgado/a” en contra a la reacción de la iglesia católica, ¿se sorprendieron por esas 30 mil personas que apoyaron a la familia y médicos?
-Lorna: El 5 de marzo ya hubo una primera entrega de firmas en la Nunciatura de España. Probablemente será necesario hacer una segunda y tal vez retomarla en Nicaragua, para utilizarla en pos de las reacciones que sigue teniendo la iglesia en el país. Demás está decir que estamos muy agradecidas de esa manifestación de apoyo.
-La iglesia católica de Costa Rica y Nicaragua tiene un poder enorme y actúa muy cercana a los actuales gobiernos, ¿cómo observa este hecho la sociedad civil? ¿se muestra cercana a esta relación iglesia-Estado?
-Marta María: Lo que pasa es que Nicaragua es una sociedad muy politizada. El proceso de revolución nos introdujo cambios profundos en todos los niveles y eso hace que seamos un pueblo muy opinante, pese a las crisis económicas y a que podemos tener bajos índices de educación formal.
Esta es una sociedad que se ha ido despolarizando poco a poco, porque hace todavía diez años era impensable negociar con una política de derecha, pero actualmente como sociedad civil estamos todos muy en contra de las barbaridades que han hecho los dos gobiernos anteriores, lo que ha unido a la gente en función de un frente común y ha hecho posible más alianzas.
-¿A qué adjudican, entonces, ese tremendo poder que tiene la iglesia católica en la agenda pública?
-Marta María: No creo que sea un privilegio de Nicaragua. Desde mi experiencia, lo veo como una corriente latinoamericana. Creo que estamos retrocediendo años luz a los estados parroquiales. Creo que en Centroamérica tiene que ver con la reacción a todos los movimientos revolucionarios de los años ochenta. Esta es una forma de respuesta de ciertos sectores, ‘no podemos dejar caminar ninguna de esas tendencias y la manera de garantizarlo es utilizando el poder de la iglesia’.
-En los años ochenta, durante la dictadura en Chile, los movimientos de mujeres, así como todas las organizaciones sociales, estaban muy movilizados. Tras la vuelta a la democracia, la participación civil decayó con fuerza, percibiéndose en estos años una incipiente rearticulación, ¿cómo observan el movimiento social en Centroamérica?
-Lorna: Lo que pasa es que en Nicaragua hay una particularidad: venimos de una revolución. Ese hecho nos da una pauta diferente de que sí tenemos una raíz de movimiento como tal. En todo caso, en el espacio en que nos movamos en la sociedad civil van a ver iniciativas que se llevan adelante con mucha fuerza. Y aunque no tengan rasgo partidario, las personas vinculadas a estos procesos son personas que vivieron la experiencia del movimiento revolucionario. Entonces, como que se nos quedó esa fuerza en la sangre.
Marta María: Aunque no creo que escapemos de ese fenómeno de frustración y decaimiento tras esos procesos de efervescencia social. A diferencia del movimiento de mujeres que, independiente de los contextos, siempre hemos tenido muchas demandas. Creo que el movimiento social en su conjunto ha sido bastante desarticulado, aplastado. Toda esta corriente neoliberal que tiene su cuadro bien rayado, donde parte de sus reglas es desarticular cualquier organización social, ha tenido resultados positivos.
Actualmente la gente está más preocupada de sobrevivir, la situación está tan difícil que buscar trabajo es la ocupación fundamental. Entonces, la posibilidad de hacer política queda reducida a unos cuatro. Para mí, además, hay crisis de liderazgo dentro del movimiento social en su conjunto. Y nosotras no escapamos de ese proceso, pero llevamos algunos pasos adelante porque realmente hemos tenido claras nuestras demandas, independiente de los gobiernos.
-Ustedes están conscientes que la iglesia y el gobierno nicaragüense pueden tomar represalias ante la “derrota” que vivieron con el caso de Rosita, ¿qué creen pueda suceder?
-Marta María: Creo que pueden recrudecerse todas las medidas de control contra el movimiento de mujeres. Creo que empezaremos a ser muy vigiladas, habrá una persecución en ese sentido y ya estamos preparándonos para manejarla.
Será mucho más difícil restablecer algunas alianzas estratégicas que teníamos con algunos sectores del Estado. La Red tenía varios convenios de colaboración con entidades gubernamentales y ahora esas relaciones serán más difíciles.
Además, para este año esperábamos la promulgación de la ley de igualdad de oportunidades que lleva dos años de tramitación. Había el compromiso entre la mayoría de los y las parlamentarias de aprobarla este 8 de marzo y todo iba en buen camino. Pero comenzó este caso y todo quedó en nada, luego de la presión de la iglesia católica.
Nota:
Lea (en links externos) Los nombres de la Rosa, artículo analítico publicado por la Revista \"Envío\" de la Universidad Centroamericana de Managua.
Fuente: Mujereshoy.com
|