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Las hormonas artificiales ya no son la solución mágica para enfrentar la menopausia. |
Diversos estudios han cuestionado la real eficacia de las terapias hormonales para evitar enfermedades cardiovasculares o el Alzheimer durante la menopausia, pero apoyaban su utilidad en alteraciones menores como los “bochornos” y la pérdida de memoria. Un nuevo estudio inglés ahora echó por tierra esta última creencia.
(Mhoy) Drásticos cambios de humor, mareos, caída del cabello, pérdida de la agilidad muscular, la sensación de que “ya me estoy volviendo vieja”: algunos de los síntomas visibles que sufren las mujeres cuando bordean la cincuentena y viven la menopausia.
Esta difícil etapa es enfrentada desde hace unas décadas por mujeres de todo el mundo con la llamada Terapia Hormonal Sustitutoria (THS), cóctel de estrógenos y progesteronas que la industria farmacéutica y los médicos ofrecieron como la panacea que podría fin –o por lo menos, aplacaría- los males de este período de la vida, que no sólo se restringen a los enumerados a principio de este párrafo: durante la post menopausia aumentan las posibilidades de tener osteoporosis, alteraciones cardiovasculares y el temido Alzheimer.
Pero un estudio, que presentará oficialmente el prestigioso The New England Journal of Medicine de Inglaterra el próximo 8 de mayo, viene a dar el golpe de gracia a una terapia que ya se encontraba cuestionada por diversos sectores de la medicina.
En el último año, diversos estudios de gran envergadura han concluido que, tanto desde el punto de vista preventivo como curativo, la combinación de hormonas no es válida ni para la patología cardiovascular, ni para el cáncer de útero, por citar algunas de las enfermedades más graves que se pueden sufrir tras la menopausia.
Una de estas investigaciones, realizada por el Women’s Health Initiative (WHI), en Estados Unidos, y dado a conocer en julio de 2002, tuvo incluso que suspenderse antes de finalizar porque las participantes que estaban tomando estrógenos y progestina tenían un riesgo mayor -pequeño, pero significativo- de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular, o un tromboembolismo venoso. En este grupo de mujeres que recibían estrógenos artificiales se produjeron más embolias pulmonares, infartos cerebrales y tumores de mama.
Hasta entonces, se había atribuido a los sustitutos hormonales -que pretenden compensar la pérdida hormonal que se produce en la menopausia- un importante papel como 'arma preventiva', es decir, se pensaba que podían evitar que durante el climaterio apareciesen trastornos como la enfermedad coronaria o la osteoporosis.
Sin embargo, todavía existían dudas acerca de si la Terapia Hormonal Sustitutiva serviría, al menos, para aliviar síntomas -que aunque no son graves, sí merman la calidad de vida- asociados al climaterio como sofocos, depresión, pérdidas de memoria, dolores articulares, disfunciones sexuales o alteraciones del sueño. Y según este nuevo seguimiento, las hormonas definitivamente no mejoran sustancialmente ninguno de los trastornos estudiados.
En el nuevo trabajo, se evaluó a 16 mil 806 mujeres post menopáusicas entre los 50 y 79 años que, de forma aleatoria, fueron divididas en dos grupos y recibieron un placebo o una combinación de estrógenos y progestina.
Los factores relacionados con la calidad de vida se evaluaron tres veces: al inicio del trabajo, al cabo de 12 meses y a los tres años, pero no se encontró ningún efecto positivo 'clínicamente significativo 'entre las mujeres que recibieron terapia hormonal.
Además, los autores desestimaron esta opción para prevenir el cáncer de colon o las fracturas óseas (tal y como sugerían algunos datos), ya que existen otros métodos de prevención de estas dolencias, que no conllevan el riesgo que supone el cóctel hormonal.
¿Cómo se explicaría entonces que muchas mujeres afirmaran sentirse mejor al tomar la Terapia Hormonal Sustitutiva? De acuerdo a los investigadores, gracias al efecto placebo. Al escuchar a otras mujeres y sus médicos/as asegurar que gracias al tratamiento se sentían mejor, repetían la conducta, sin cuestionar que su buen estado de salud se mantendría igual con o sin hormonas artificiales.
Según la médica Deborah Grady, del Departamento de Epidemiología, BioEstadística y Medicina de la Universidad de California (EEUU), y autora del editorial que acompaña al estudio, 'existe una clara necesidad de identificar otros tratamientos más seguros y eficaces [que la terapia hormonal]'.
¿Cómo deben reaccionar los médicos y los millones de mujeres que están tomando la terapia? Según el editorial, 'debido a estos resultados, recomendamos que los médicos dejen de recetar la combinación [de estrógenos y progestina] para su utilización a largo plazo'.
Fuentes: The New York Times, The New England Journal of Medicine, Mujeres Hoy.
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