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PUNTO M/Vida Sana
08.04.2003
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ARTÍCULO
Consuma sólo lo que gaste
Soledad Ortega, Mujeres Hoy
Las verduras, fuente de vitaminas y proteínas, consúmalas a diario.
 
Ésa parece ser la máxima que se debe seguir para mantener un peso saludable. El asunto ya supera lo meramente estético y entra a la esfera de la salud pública, si se toma en cuenta que en 2001 casi el 60 por ciento de la mortalidad mundial se debió a enfermedades crónicas que se desencadenan, ni más ni menos, por los kilitos de más.

(Mhoy) Cuántas veces en la escuela nos hicieron dibujar la famosa pirámide alimentaria. El alto consumo de las coloridas frutas y verduras ubicadas en la base y la prohibición de los tentadores chocolates y pasteles en la punta, es algo internalizado en nuestras mentes. Por lo mismo, la mayoría de las personas sabe cuáles son los alimentos que debe privilegiar para mantener un peso saludable y evitar enfermedades, pero las frías cifras parecen indicar lo contrario.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de un 20 a 30 por ciento de las mujeres latinoamericanas se encuentra con algún grado de obesidad, esto es cuando el peso es superior al 20 por ciento deseado para su estatura y contextura física. Por ejemplo, si una mujer mide 1.60 metros y es de contextura gruesa, su peso no debería superar los 62 kilos. Para agravar el panorama, el mismo porcentaje de niños y niñas estaría ingresando al temido rango de la población obesa.

Para ejemplificar más aún lo peligroso que puede llegar a ser esta tendencia a los kilos de más, un informe publicado en conjunto por la OMS y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en marzo pasado asegura que, durante 2001, las enfermedades crónicas representaron el 59 por ciento de las muertes a nivel mundial. Entre éstas, las más comunes son las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la obesidad; todas ellas vinculadas a esa grasa de más.

Paradojas de la vida. De décadas de lucha por superar la desnutrición, Latinoamérica pasó a la batalla por la obesidad, aunque el problema de fondo parece ser el mismo: la mala alimentación.

“Comer saludable no es sinónimo de no comer, eso es algo que la gente debe aprender”, asegura a Mujeres Hoy, Ana María Barber, endocrinóloga y experta en nutrición. La profesional señala que las personas deben recordar una máxima bastante simple a la hora de elegir su alimentación: no debe consumir más de lo que gasta.

Si una mujer trabaja como empleada doméstica o se desempeña en faenas agrícolas, su gasto energético será, obviamente, mucho mayor a que si realiza labores de recepcionista o trabaja todo el día sentada frente a un computador. Las primeras, con una contextura normal, necesitarían 2.200 calorías diarias, mientras que las sedentarias, sólo 1.600.

Sin necesidad de tablas calóricas, nuestras madres y abuelas parecían tener bastante más clara la película, pero ellas no debieron enfrentar las fuertes demandas laborales de esta época que, entre otras cosas, alejan a las mujeres de la preparación de alimentos y las obliga a aceptar lo que diga el menú más económico cerca de la oficina.

“Los alimentos preparados, envasados, los menús de colación o el sandwich al paso, además de entregar más calorías que una comida preparada en casa, poseen generalmente mayor cantidad de grasas saturadas”, explica Ana María Barber.

Y son esa clase de nutrientes los que las mujeres deben evitar. Es un hecho que los hombres realizan mayor gasto energético, pero a esto hay que sumar que una de cada cuatro mujeres sufre trastornos tirodiales en algún momento de su vida y la mayoría de ellas nunca se entera. De ahí la famosa frase de que nosotras tenemos un metabolismo más lento que los hombres. Y son el aceite, la mantequilla y los chocolates, entre otros, los alimentos más difíciles de asimilar y que aumentan la peligrosa grasa saturada en el cuerpo.

El estrés es otro factor que puede desencadenar sobrepeso en algunos organismos. Y es sabido los índices de estrés que aquejan a las mujeres hoy, que generalmente cuando llegan a su hogar, siguen trabajando: ya sea en labores meramente domésticas o en la educación de los hijos e hijas.

“Es cierto que hoy hay mucho más gimnasios y tratamientos para adelgazar, pero de qué sirven a veces, si la gente simplemente no tiene tiempo para ellos. El ritmo de vida hoy es muy demandante. Esa es una realidad que también determina el aumento de la obesidad”, agrega a modo de reflexión la endocrinóloga. El ejercicio sistemático –el otro pilar fundamental para un peso saludable– parece ser una actividad privilegiada para unas pocas.

Pero más que lamentarse y permitir que los kilos sigan acumulándose, es necesario tomar conciencia del verdadero drama de la obesidad, integrar al cotidiano lo que sabemos que cómo mujeres debemos privilegiar en nuestra alimentación y a la hora del hambre de media tarde preferir una fruta a un chocolate, aunque a veces permítase, obviamente, una pequeña excepción.

Y a modo de recordatorio para mantener un peso saludable, una pequeña guía con consejos de alimentación y vida sana:

* Camine periódicamente: Bájese unas cuadras antes del micro o estacione el auto unas cuadras más allá. Si va de compras, deje el auto en casa.

* Siga activa en las horas después del trabajo: En vez de ver la teleserie, saque a pasear al perro o salga a caminar o a pasear en bicicleta con sus hijos o hijas. Si son pequeñas/os, juegue con ellos/as.

* Escoja una actividad y disfrútela: Si económica o anímicamente los gimnasios no son lo suyo, elija la actividad que le agrade y practíquela: la bicicleta o las caminatas al atardecer son una opción viable. El yoga, la gimnasia localizada o la danza árabe son más entretenidas –y más baratas– si con un grupo de amigas busca un/a profesor/a para clases particulares.

* Cocinar con la familia o los amigos puede transformarse en el mejor panorama. De paso, privilegia alimentos bajos en grasas y azúcares y enseña a los suyos/as a hacer lo mismo.

* En vez de freír los alimentos, hágase amiga de las verduras al vapor o cocidas al agua y de las carnes a la plancha.

* A la hora de aliñar las ensaladas evite el aceite y prefiera el vinagre, el limón o algún caldo de verduras.

* Reemplace definitivamente las carnes rojas por las blancas y el pescado.

* Al momento de acompañar las comidas, en vez de salsas con crema elija aquellas en base a verduras o hierbas como el ciboullete y el orégano.



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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003