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El 16 de abril de 1995, la mafia de comerciantes de tapices en Pakistán, asesinó a Iqbal Masih, un niño de 12 años esclavo del trabajo tapicero, por haber denunciado la situación de explotación en que vivía junto a otros niños y niñas de su país. Igbal había sido vendido como esclavo por 600 piastras (menos de quince dólares), cuando tenía cuatro años, siendo utilizado desde entonces como tejedor de alfombras por tres centavos al día hasta que, después de seis años de trabajo forzado, logró escapar de esa realidad.
Este niño vivió la intensidad de las vidas cortas, militando en una asociación, el Frente de Liberación contra el Trabajo Forzado, donde relataba frente a multitudes su historia de pena, contribuyendo así a cerrar varias empresas en las que trabajaban niños y niñas en esclavitud y trascendiendo internacionalmente hasta ser reconocido en Estocolmo y en Boston, premios con los que costeó la apertura de una escuela.
Iqbal Masih fue tan temible en sus denuncias, que a tres años de haber logrado su libertad, los esclavistas comerciantes pusieron fin a sus ilusiones de vivir en libertad, cuando lo acribillaron por la espalda. En recuerdo a sus aportes, grupos de organizaciones internacionales por la niñez están buscando establecer el 16 de abril como El Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, a fin de crear conciencia sobre esta tremenda práctica de la que ningún país en el mundo es ajeno.
Según informes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en el mundo hay alrededor de 250 millones de niños que trabajan en condiciones lamentables. Si bien es en África donde el problema es más grave, ya que se estima que al menos uno de cada tres niños africanos trabaja, hay países de América Latina, como Haití, donde trabaja el 25 por ciento de la niñez. Le siguen a escasa distancia Guatemala, Brasil y República Dominicana, con más del 16 por ciento de su población infantil empleada en distintos trabajos, un problema que se agrava en Asia, donde sólo en Paquistán, ocho millones de niños menores de 14 años son explotados por sus amos en canteras, fábricas de ladrillos o en la elaboración del tabaco.
Algunos datos más sobre la esclavitud infantil, tomados de Adital (Agencia de Información para América Latina), dicen que existen más de 400 millones de niños y niñas menores de 15 años, en esclavitud en más de 87 países del mundo, entre ellos y ellas, 70 millones en la China, una parte fabricando juguetes para McDonalds y Disney.
En Afganistán, las familias “liberadas” por las bondades del neocapitalismo expansivo, venden sus hijos e hijas para poder sobrevivir, la mayoría de las veces para la prostitución infantil, la venta de órganos y la esclavitud laboral del primer mundo que les dio la ansiada libertad.
A propósito de guerras libertarias, dice Adital que existen en el mundo más de trescientos mil niños y niñas soldados, entrenados exclusivamente para matar, mientras más de un millón de niñas son explotadas sexualmente y uno de cada seis niños y niñas de los países “ricos”, viven sumidos/as en la pobreza, a lo que agrega que hay más de trece millones de niños y niñas en la orfandad total a causa del SIDA, en esta bolita del mundo.
Y no seguiré describiendo este auténtico mapa de la vergüenza, para que la reflexión de esta semana, que dejó de ser santa desde tantos abusos y desatinos, no se les haga tan pesada. Después de todo, hace tiempo que pensar asusta y se prefiere el ruido aturdidor de la música mala, acompañada de cosas peores aún.
¡Que seamos felices en Pascua de Resurrección, cuando todos nuestros niños y niñas puedan reírse sin que sea una mueca!
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