|
Se dice que las mujeres de Irak son las más empoderadas y educadas en el mundo árabe. A diferencia de sus hermanas en otros países, son libres para aprender y practicar una profesión, conducir vehículos y caminar sin velo.
¿Por qué, entonces, sólo hemos visto bigotes, rifles y cachiporras en las noticias después de la invasión a Irak. Cada gentío es masculino y todos los “miembros de la oposición” que actualmente se reúnen para planificar el futuro del país destilan desprecio e ignorancia por la igualdad de las mujeres.
Los invasores estadounidenses obviamente no han pensado en absoluto en la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad, que exigió que las mujeres estén presentes en los más altos niveles de toma de decisiones en cada situación de mantenimiento de la paz y reconstrucción posguerra. Qué desgracia, porque éste es un momento trascendental en la historia, un momento en que un país árabe podría rehacerse a sí mismo como un marcador de equidad en Oriente Medio. Por el contrario, un corrupto grupo de sedientos de poder se reúnen para repartir el botín. Los derechos humanos no estarán en su agenda.
La semana pasada me reuní con cuatro elocuentes y apasionadas feministas iraquíes, luchadoras vanguardistas contra la violencia que viven en Toronto, pero que hacen todo lo que pueden para manifestar y militar contra un nuevo y virulento patriarcado que ahora se prepara para adueñarse del poder. Ellas conocen bien el viejo patriarcado. Unieron sus vidas contra éste, para defender a otras mujeres contra las palizas, las mutilaciones y el asesinato.
En 1991, después de la primera guerra de un Bush contra Irak, Saddam Hussein trató de congraciarse con los islamistas aprobando una ley que permitía el “asesinato de honor”. Cualquier hombre tenía el derecho de matar a su hermana, madre, esposa o hija si ella amenazaba con manchar el poderoso honor de él. Aun la más leve e irracional sospecha podía condenar a una mujer –o a niñas aun de 11 ó 12 años– a la muerte.
Kajal Aziz, Hana Kahdem y Nazanin Ali Sharif trabajaron en Kurdistán con la Organización de Mujeres Independientes (IWO, por sus siglas en inglés) para ocultar y albergar a mujeres que escapaban de la violencia. Ellas mismas habían sido amenazadas de muerte por el mulá local y varias integrantes de su grupo fueron asesinadas por líderes políticos locales. La cuarta mujer, la arquitecta Yanar Mohammed, vivió en Bagdad bajo el dominio del régimen baatista y no pudo abogar abiertamente por la igualdad de las mujeres sino hasta que llegó a Canadá.
Varias de las mujeres visitaron Kurdistán hace tres meses para contactar a integrantes de su organización que aún se encuentran ocultas en casas seguras secretas.
“Queremos un Irak libre y secular, con garantías de igualdad de derechos para las mujeres”, dijo Yanar Mohammed. “Ninguno de los partidos representados en la llamada oposición tienen compromiso alguno con la igualdad de las mujeres. De hecho, la mayoría de éstos participó en la opresión de Saddam”.
Sus historias sobre los “asesinatos de honor” son espeluznantes. Una mujer a quien rescataron había sido encadenada a un lavatorio, en la casa de sus padres, durante siete años porque quería dejar a su esposo. Otra joven mujer fue golpeada casi hasta la muerte y su nariz cercenada porque quedó embarazada sin haberse casado. IWO la encontró en un campo donde había sido abandonada para que muriera. La rescataron y ahora vive en Canadá con su hija.
Las mujeres tienen listas de 5.000 “asesinatos de honor” en Irak, incluso de niñas de 13 y 14 años que fueron asesinadas porque habían sido violadas. Cientos de adolescentes se han quemado ellas mismas hasta morir a fin de escapar de los matrimonios forzados. Hasta la fecha, IWO estima que ha salvado a 250 mujeres que fueron amenazadas con un “asesinato de honor”.
Las mujeres de IWO son todas integrantes del Partido Comunista de Trabajadores de Irak, un partido igualitario y antisectario que se opone a los demás comunistas. Como feministas, fueron atraídas hacia el partido de trabajadores como un grupo en Irak que abiertamente abogaba por los derechos de las mujeres y se rehusó a enfrentar a unas tribus o nacionalidades contra otras. “Kurdos, árabes, shiíes, lo que sea... somos todas y todos iraquíes”, insistió Yanar Mohammed.
Ellas observaron con impotencia, en el verano y otoño del 2000, cuando Saddam Hussein instituyó su “campaña de lealtad”. Por lo menos 200 mujeres acusadas de inmoralidad (incluidas médicas y activistas políticas) en Bagdad y Mosul fueron arrastradas fuera de sus hogares y decapitadas en la calle por espadas de los fedayin.
En un país con tan abrumadora tradición de abusos de los hombres contra las mujeres, se requeriría un revolucionario esfuerzo de voluntad para cambiar el rumbo.
Pero ¿alguien realmente cree que un gobierno de Halliburton, Bechtel y sus marionetas escogidas a dedo tendrá el mínimo interés en honrar la Resolución 1325 y empoderar a las mujeres de Irak?
Yanar Mohammed y sus compañeras no se darán por vencidas. Pero mientras en Estados Unidos celebran la “liberación” de Irak, la liberación de las mujeres es como el cuento escrito en el viento de Afganistán: un relato de ardientes esperanzas convertidas en cenizas, de promesas de los “liberadores” que éstos nunca tuvieron intenciones de cumplir.
[Para contactar a IWO, comunicarse con Sawsan Salim, coordinadora del International Iraqi Women’s Action Committee Abroad (Comité Internacional de Acción de Mujeres Iraquíes en el Extranjero) en Gran Bretaña: P. O. Box 30042, London SE1 2FY, United Kingdom. Correo-e: sawsan.s@ukonline.co.uk. Ella es también coordinadora de la “Campaña para reemplazar la Ley de Estatus Personal por una Ley de Igualdad entre Mujeres y Hombres”.
Fuente: Tertulia Nº 14, 26 de abril 2003 (Publicado originalmente en el diario Toronto Star, Canadá, el 19 de abril 2003).
|