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Spam: mensajes enviados masivamente y que no se han solicitado (Foto: ©Perttu Sironen, Istockphoto) |
Una de las discusiones más acaloradas de Internet tiene que ver con el ‘Spam’. En la vida real es una especie de jamón enlatado, pero en el ciberespacio son toneladas de correo electrónico enviado hacia las usuarias y los usuarios por una nueva generación de publicistas. Una verdadera plaga.
Cuando abrimos ese espacio mágico denominado casilla electrónica, casi siempre se espera una sorpresa. La reaparición de una vieja amistad, mensajes que han cruzado océanos en un instante, una respuesta a la solicitud de trabajo, o simplemente una foto que luego ejecutaremos desde nuestro browser o navegador.
Pero las sorpresas también pueden ser contaminantes. Y es lo que sucede cuando detrás de un misterioso remitente se oculta la oferta de un servicio de correo gratuito, de un producto a precio ridículo, o de colocación de publicidad en páginas webs que, presuntamente, son visitadas sin cesar.
Estas cartas son enviadas a cientos, miles o millones de usuarios y usuarias, aunque no lo hayan solicitado. En el argot de Internet el fenómeno se conoce como Spam, que es el nombre de una carne enlatada de consumo masivo en Estados Unidos.
Es justamente en ese país donde el Spam electrónico florece con toda su fuerza, lo cual es lógico pues tiene la mayor cantidad de conexiones en el mundo. Pero la Internet vive un profundo proceso de internacionalización, y la práctica ya está difundida en otros países, incluyendo los latinoamericanos.
La cantidad de iniciativas que se están realizando para tratar de “limpiar” el mundo del correo electrónico de esos Spam, evidencian una gran preocupación por parte de usuarias y usuarios de la Internet.
Sin embargo, la lucha contra el Spam es compleja, y aún no se vislumbra una solución tecnológica ni legal que pueda resolver por completo esta plaga electrónica en una Internet dispersa y diversa. Algunos analistas ciberespaciales advierten que el Spam vivirá con nosotros, de ahora en adelante.
La defensa
Una de las propuestas antiSpam sugiere etiquetar e identificar plenamente los mensajes electrónicos que califican como Spam, con la finalidad que los proveedores de acceso a Internet puedan filtrarlos con facilidad, cuando no deseen verlos.
La propuesta responde a uno de los problemas esenciales que plantea el Spam, como el costo para el receptor del aviso no solicitado.
Cuando alguien manda un mensaje de correo electrónico, usa tiempo de conexión, disco duro y hasta energía del recipiente, algo que en general no debería causar demasiadas perturbaciones... hasta que el envío se vuelve reiterativo y masivo, característica esencial del Spam. Además, se congestionan los servidores de los proveedores y sus líneas de telecomunicación lo cual, nuevamente, va en perjuicio de la usuaria o usuario final.
En uno de los “faq” o preguntas más frecuentes sobre esta técnica de mercadeo electrónico, se da una idea de lo pernicioso de su naturaleza: America On Line, el proveedor más grande del mundo, dijo, hace ya un par de años, que su sistema recibía 1,5 millones de mensajes diarios de Cyber Promotions, que en una época era la principal empresa de Spam.
Si cada persona que utiliza el correo electrónico se demora unos segundos en bajar uno de esos mensajes, estaríamos hablando de alrededor de 5.000 horas de conectividad.
Y el envío de esos mensajes no le costaría nada extra a quien los mande a través de una línea dedicada de alta capacidad, por ejemplo un T1 de 1,5 mbps, que en Estados Unidos es perfectamente accesible. No hay ningún otro sistema publicitario que sea tan barato, teniendo en cuenta el enorme grupo de destinatarios.
En la vida real lo más parecido al Spam son las promociones que llegan por correo de papel, nuevamente más abundantes en Estados Unidos que en otros países. Estos envíos se califican como “junk mail” o correo chatarra. Pero hay dos diferencias. La primera es que el remitente paga papel, estampilla, etc.; y la segunda es que el receptor puede tirarlo a la basura sin abrirlo, y sin ningún costo. El proveedor, en este caso el correo, se nutre económicamente de este tráfico.
La herramienta más utilizada contra el Spam son los filtros de mensajes, aunque no siempre funcionan. Los filtros o bloqueos tienen dos desventajas. Una de ellas, es que son permeables y pueden ser traspasados por ciertos tipos de mensajes encubiertos, donde no está clara la intención publicitaria. Y, cuando son eficientes, suelen frenar también mensajes que no son Spam, por ejemplo cartas de interés del receptor destinadas a varios usuarios.
Los luchadores contra el Spam han probado con la identificación y el castigo de los emisores de estos mensajes, con el desarrollo de sofisticados software, con proyectos de legislación... pero no existe una receta mágica para acabar con la plaga.
Pernicioso
La definición de Spam está basada en la reiteración y el volumen. “Se trata de inundar la Internet con copias de un mismo mensaje, para tratar de hacérselo llegar a personas que no lo recibirían si tuvieran la opción de rechazarlo”, dice uno de los numerosos sitios que organizan campañas internacionales contra esta práctica.
“¡Combata el Spam en la Internet! ¡boicotee el Spam!” propone uno de estos webs donde el envío de este tipo de mensajes es considerado como un abuso, y por lo tanto su eliminación no se consideraría un atentado a la libertad de expresión.
Y para terminar: ¿Cómo operan estos siniestros marketeros? ¿Cómo descubren a las víctimas de sus envíos? Realizan lo que se llama procesos de “escaneo” a través de webs, de grupos de noticias y de directorios de páginas personales, para recolectar las casillas electrónicas y enviar mensajes a cada usuario.
Otra de las fórmulas es colocar los mensajes en los grupos de noticias, donde pueden ser abiertos por todos aquellos que van sólo a leer las noticias, quienes generalmente están más desprevenidos que los habitúes frente a este tipo de publicidad.
También apuntan hacia el sistema de listas de correo, que opera mediante el envío por e-mail de documentos, revistas, etc. Para recibirlos es necesario suscribirse, y las empresas que hacen Spam se suscriben a una gran cantidad de estas listas, pero no para difundir sus cartas, pues los emisores de la lista no lo permitirían, sino para capturar las direcciones de los otros participantes.
Vicisitudes de la sociedad de la información.
Fuente: el-planeta.com
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