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(Roma, mayo de 2003, FAO/Tertulia). El papel de la mujer en la conservación de los recursos genéticos del maíz – Guatemala, estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Instituto Internacional de Recursos Fitogenéticos (IPGRI), tiene como objetivo identificar el papel que han desempeñado las mujeres en la conservación de los recursos genéticos del cultivo del maíz en el departamento de Huehuetenango, en Guatemala.
Aunque las mujeres participan en varias de las labores del cultivo, el papel central que desempeñan en la selección de los tipos de maíces (razas y subrazas) presentes en las diferentes regiones muestra la importancia que tiene su función en la conservación de los recursos genéticos del maíz.
Guatemala está localizada en un área que contiene uno de los niveles más altos de diversidad genética vegetal en el mundo. Su peculiar geografía y tipos de vegetación están manifiestos en el hecho que el país tiene 14 zonas de vida. Adicionalmente, la población maya que vivió en Guatemala antes de la conquista europea desarrolló una de las culturas más avanzadas.
La interacción riqueza-humana/riqueza-botánica existente hace del país un lugar que permite estudiar la diversidad genética y evolución de plantas cultivadas, tanto del maíz como de otros cultivos como el frijol, cacao, algodón, chile, cucúrbitas, achote, yuca, camote.
Muchos estudios se han enfocado en los cambios que han sufrido los materiales vegetales silvestres sometidos a evolución; sin embargo, poco se ha estudiado acerca del papel preponderante que ha jugado la cultura humana en la realización de dichos cambios, básicamente por domesticación del recurso vegetal. Muchos estudios sobre el origen y evolución de los cultivos toman muy poco en cuenta la acción de la sociedad, y menos aún la acción que en ella han desempeñado las mujeres.
Aunque las mujeres han estado estrechamente vinculadas al proceso de domesticación de las plantas, existe poca documentación sobre el papel que han tenido en la conservación de los recursos fitogenéticos. En tal sentido, es necesario una mayor comprensión del tema, lo cual constituye un aporte a la discusión sobre la biodiversidad y la contribución que las poblaciones indígenas mesoamericanas, y las mujeres en particular, han hecho a la agricultura.
En este trabajo se asume que los enfoques del desarrollo social deben revalorizar el espacio rural, la agricultura campesina y a sus actores mujeres y hombres. Ello está ligado al postulado de no desvincular la dinámica social de la dinámica de la naturaleza.
Otro aspecto central del planteamiento es la revalorización del papel de las mujeres en el mundo rural. Su función en la unidad familiar como elaboradoras de alimentos, responsables de la administración del hogar, transmisoras del idioma y patrones culturales a las hijas e hijos, y artesanas que generan ingresos familiares, son papeles que tradicionalmente no son reconocidos como una contribución al desarrollo socioeconómico. Más aún, en casi todas las sociedades la función que tienen las mujeres como agentes de cambio social y económico y como preservadoras de los conocimientos locales es generalmente ignorado.
Esto nos pone frente a las distintas formas en que generalmente se desvaloriza la función de las mujeres en la sociedad: la invisibilidad (a ellas y a su trabajo no se les considera significativos, o no son visibles), los estereotipos (el papel de las mujeres se asocia a sumisión, resignación, abnegación, etc.), la subvaloración de su trabajo y responsabilidades (su trabajo es visto como complementario o ayuda a la economía familiar), los prejuicios (poca capacidad, carencia de liderazgo, etc.) y la falta de equidad.
El estudio estuvo a cargo de Enma Leticia Díaz Lara y César Azurdia, con la coordinación y orientación de Zoraida García, Oficial de Programa del Servicio de la Mujer en el Desarrollo, Dirección de la Mujer y de la Población, FAO.
Fuente: La Tertulia.
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