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NO + VIOLENCIA/Sexual
21.05.2003
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NOTA
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La Iglesia Católica está nuevamente en el tapete de la información por un caso de abuso sexual, esta vez en Dallas, Estados Unidos.

El sacerdote Ernesto Villaroya, hoy monseñor, fue nombrado hace tres meses al frente de la parroquia de Frisco, al norte de Dallas. El problema es que éste es señalado de haber violado a una monja y de ser el padre de un hijo nacido de ese acto, responsabilidad que reconoció. Ante estos hechos, la comunidad católica no acepta su nominación y exige el regreso del anterior párroco, el sacerdote colombiano Alberto Beltrán.

Los hechos sucedieron 20 años atrás, en Filipinas, cuando el hoy reverendo Villaroya abusó de la aspirante a religiosa Sylvia Abano Martínez y trató de convencerla de someterse a un aborto. Ante las presiones del sacerdote y de sus superiores, la ex monja huyó y se mudó a California (EEUU), en donde se casó y crió a su hijo, hoy de 18 años, según relata el diario Dallas Morning News.

El año pasado, Sylvia demandó al sacerdote por cargos de manutención, pero un juez la desestimó aseverando que la mujer había dejado pasar demasiado tiempo. Sin embargo, al enterarse de que Villaroya estaba en Texas, entabló una nueva demanda, la que motivó a una nueva reasignación del sacerdote, esta vez en Frisco.

El rápido reemplazo

Cuando la comunidad católica de la parroquia de Frisco se enteró de estos hechos se negó a aceptar al nuevo párroco y, desde entonces, está exigiendo el regreso del sacerdote colombiano Armando Beltrán, quien estaba a cargo anteriormente.

Las feligresas y los feligreses dijeron que removieron tan rápido a Armando Beltrán de la parroquia de San Francisco de Asís, que ni siquiera le dieron tiempo de despedirse de la comunidad a la que sirvió por más de un año en la única iglesia católica de la zona.

La razón de la intempestiva salida del párroco, a cargo del trabajo pastoral con la comunidad hispana y que incrementó de 500 a 1.500 el número de fieles en las misas en español, no ha sido muy bien explicada por el obispo de Dallas, Charles Grahmann, a pesar de que han pasado tres meses del hecho y de que los católicos no dejan de protestar.

La gente sigue asistiendo a la iglesia, pero ya no lo hace para rezar, sino para protestar con pancartas y consignas, exigiendo la renuncia de monseñor Villaroya y del obispo Grahmann.

La diócesis de Dallas señaló que, con el beneplácito o no de la comunidad, el reverendo Villaroya seguirá en el puesto. También se informó que la salida del padre Beltrán obedeció a violaciones menores de las normas de comportamiento que siguen los sacerdotes invitados a las parroquias.

Así lo manifestó Mary Edlund, consejera de la diócesis de Dallas, que aclaró que “dichas violaciones no incluyen comportamiento sexual inadecuado”. Aclaración que complementó el diácono Frank Reyna, quien aseguró que “el padre Beltrán era bueno e inspirador, pero hacía cosas sin permiso de Monseñor”.

A pesar de las explicaciones, la historia continuará. Por un lado, Sylvia insistirá en que Villaroya se responsabilice por su hijo. Por el otro, los fieles no se resignarán a perder al padre Beltrán, que ya está en Colombia.



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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003