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-Sin embargo, se observa a un gobierno, parlamentarios, empresariado y gente en general, conforme con estas modificaciones, ¿no se sienten dando una lucha en solitario?
-No creo que todo el espectro político económico las apoye tan incondicionalmente. Hay que tomar en cuenta que la flexibilización de las normas laborales es un requerimiento impuesto al gobierno por el Fondo Monetario Internacional. La presión que ejercen para que se cumplan las políticas neoliberales que han implantado en todo el mundo no muestra que también hay muchas opiniones divididas.
-En abril realizaron un taller de sindicalización de mujeres con presencia de delegadas latinoamericanas, ¿cómo fue esa experiencia?
- Nos dimos cuenta que son muchos los temas que nos atraviesan, como la flexibilidad maternal, que está sucediendo en otros países. En Brasil también hay un proyecto actualmente en trámite para flexibilizar la protección maternal.
Creo, entonces, que lo que sucede hoy en Chile no es al azar, este proyecto no es una idea aislada de un diputado, responde a un modelo, a orientaciones del Banco Mundial. Algunos resisten, otros resistimos menos, pero todo pasa en cómo los y las trabajadoras creamos en nosotros mismos y volvamos a organizarnos.
-¿Cuál es, entonces, el desafío del mundo sindical ante este panorama?
-Lo primero, es indispensable reencantar a los dirigentes y trabajadores, volver a crear conciencia de que estando separados no lograremos proteger nuestros derechos.
Es necesario que los trabajadores tomen conciencia de que son las organizaciones sociales, las bases sindicales, los únicos elementos que tenemos para enfrentar estas modificaciones que se vienen encima.
-¿Y cuál crees que es el desafío de las mujeres en este universo?
-El desafío de nosotras es mucho mayor. Primero, tenemos que enfrentar y defendernos ante estas modificaciones laborales, que pasa obviamente por un proceso de unidad y coordinación entre nosotras. Pero también hacernos escuchar en un mundo social y sindical dominado por hombres, que muchas veces minimiza nuestras demandas, sin recordar que finalmente nos afectan por igual.
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