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La actriz Oksana Akinshina interpreta a Lilja (Foto del filme Lilja 4-ever). |
Ella rebosa de alegría. Dejará a sus espaldas la pobreza en Europa oriental y podrá comenzar una nueva existencia en ese próspero país que es Suecia. Sin embargo, el trabajo que le han prometido no existe. En lugar de ello, la espera un proxeneta, que la encerrará en un apartamento, donde se verá obligada a vender su cuerpo.
La película del director Lukas Moodysson Lilja 4-ever, conmocionó al público sueco en su estreno en 2002. Desde entonces, ha seguido impresionando a la gente en cada país donde se ha proyectado. Para muchos suecos, el moderno comercio del sexo tuvo así por primera vez rostro, en la figura de la joven y delicada Lilja.
La trata de mujeres desde Rusia y Europa oriental tiene lugar en plena vida cotidiana sueca y existe porque hombres suecos explotan a mujeres.
La película implicó la comprensión brutal de una actividad que la mayoría no ha querido o no ha podido ver, esto es, que cada año entre 200 a 500 mujeres son transportadas a Suecia para vender sexo. Las escenas que más llamaron la atención, tratan de los clientes del sexo, descritos todos ellos con los ojos de Lilja: hombres jadeantes, resueltos, que apenas se dan cuenta de que, debajo de ellos, tienen a un ser humano vivo.
“Claro que es igual que en la película”, dice Gunilla Ekberg, del Grupo para la igualdad de oportunidades nombrado por el Gobierno y líder de los trabajos gubernamentales en la lucha contra el comercio sexual con mujeres.
En el filme, los encuentros con los clientes son los que mayor impresión causan. Y, para que la lucha contra la trata de mujeres y la prostitución tenga éxito, la industria del sexo tiene que ser considerada desde la perspectiva de la víctima, según Gunilla Ekberg.
Por eso, la compra masculina de servicios sexuales es uno de los puntos de ataque más importantes en la lucha sueca contra la prostitución. Sin clientes, no hay prostitución. No es la prostituta la que comete un acto criminal, sino sus clientes. De ahí que haya que reducir el mercado.
Ley contra la prostitución
La lucha contra la prostitución es también una parte necesaria de la política de igualdad de oportunidades, dice Gunilla Ekberg. Sería hipócrita hablar de igualdad y, al mismo tiempo, aceptar la prostitución. El 1 de enero de 1999 entró en vigor una ley que se centra precisamente en los clientes masculinos. La “Ley sobre la prohibición de la compra de servicios sexuales” era, y sigue siendo, única en su género. Hasta ahora, ningún otro país ha dictado una ley parecida.
La propuesta procede, originalmente, del movimiento feminista sueco, que, durante un par de decenios, había exigido la criminalización del cliente. La pena máxima estipulada por esa ley es de 6 meses de cárcel; la mínima, de 50 días de multa. La ley es neutral en cuanto al sexo, si bien, hasta ahora, todos los casos conocidos se han referido a clientes masculinos y mujeres prostitutas.
El efecto ha sido una fuerte reducción de la prostitución abierta en las calles. El número de prostitutas callejeras ha disminuido en más de la mitad, y el número de clientes ha bajado en casi un 80 por ciento, al tiempo que las mujeres extranjeras han desaparecido casi por completo de la prostitución callejera. En los dos primeros años de existencia de la ley, fueron condenados más de 100 hombres.
Ahora bien, ¿implica eso que, en total, ha disminuido la prostitución? ¿O se trata más bien de que ha cambiado de forma, se ha mudado a otros escenarios y actúa con mayor discreción? La ley contra la compra de servicios sexuales cuenta hoy día con un amplio apoyo entre los suecos, y los temores de los críticos en el sentido de que no sería más que un golpe asestado al vacío, no se han cumplido.
“Está completamente claro que esa ley tiene un efecto molesto en los clientes” dice Camilla Örndahl, del Departamento Nacional de Policía Criminal.
Camilla Örndahl es una de las dos personas informantes especiales en este Departamento sobre comercio sexual con mujeres. Ella es la que informa sobre esos trabajos al Gobierno y a la Europol.
El puesto de informante se creó en 1997 a raíz de la petición de la Comisión de la Unión Europea dirigida a los Estados miembros en un intento de acabar con la trata de mujeres, que aumentó como un verdadero aluvión en Europa en el decenio de 1990.
Sin embargo, se carecía de conocimientos sobre la estructura del comercio sexual allende las fronteras. Los informes anuales del Departamento Nacional de Policía Criminal de Suecia muestran cómo, en un comienzo, se avanzó a tientas y se hicieron suposiciones, para, paulatinamente, acumular más conocimientos y una mayor comprensión del asunto. Ahora, los informes son extensos y detallados.
Y es que, a pesar de todo, lleva mucho tiempo cambiar las perspectivas desde las que se considera la prostitución. Es necesario pulir ideas antiquísimas. Expresiones como la “profesión más antigua del mundo” o “la mujer se sienta sobre un filón de oro” no son más que eufemismos para describir un comercio brutal, en el que la mujer es la parte más afectada y más hundida. Por eso, hay que dedicar mucho tiempo a la labor de información y de capacitación.
Con la entrada en vigor de la ley contra la compra de servicios sexuales, se reforzaron también los recursos de la policía, sobre todo en las grandes ciudades. No obstante, la policía sueca considera aún que los recursos son insuficientes, y que existe un abismo entre la voluntad política y la realidad.
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