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11.06.2003
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REPORTAJE
Suecia: Contra la trata de mujeres

 


Los problemas en el norte del país

Suecia es un país grande, con largas fronteras, y la provincia de Norrbotten, en el norte, ilustra parte de las dificultades de los trabajos prácticos. Esa provincia comparte con Finlandia una frontera sin vigilancia de 400 kilómetros, por la que pasan 18 millones de personas al año. Entre las que pasan esa frontera, se cuentan mujeres rusas utilizadas en la prostitución.

La policía de Norrbotten informa de los autobuses con mujeres que llegan todos los fines de semana, sobre todo de la zona de Murmansk, con destino a lugares de la zona fronteriza finlandesa. Esos viajes de autobuses están bien organizados, con guías y conductores especiales, y el tráfico es dirigido por organizadores rusos, finlandeses y suecos.

Las mujeres son albergadas en burdeles, en urbanizaciones de casitas de campo o en camping. Llevan visados conforme al Tratado de Schengen y, por lo tanto, pueden seguir su viaje hasta Suecia. Según datos suministrados a la policía, esas mujeres son provistas de teléfonos móviles con números de teléfono programados de antemano para el contacto con los clientes. En Norrbotten se quedan de uno a siete días. A veces, “son invitadas” por hombres de la provincia, a menudo criminales relacionados con las bandas de motoristas y la delincuencia organizada.

Ese tráfico aumentó ostensiblemente en 2001, con la adhesión de Suecia a la colaboración de Schengen y la abolición de los controles fronterizos entre los países de la UE, según cuenta la policía de Norrbotten, que también afirma que, ahora, esa provincia funciona como trampolín de cara al resto de Suecia y de Europa.

Los informes de Norrbotten confirman la imagen general existente hoy en Suecia sobre el comercio sexual con mujeres. Esa actividad está bien organizada, con reclutadores que se encargan de buscar a las mujeres, acompañantes que las vigilan durante el viaje, y una red de destinatarios en Suecia, que preparan a los clientes.

La violencia y los malos tratos ejercidos contra esas mujeres están a la orden del día, y el negocio es lucrativo para todos, menos para las mismas mujeres. A veces, pueden quedarse con la mitad de los ingresos, pero lo más frecuente es que sólo les quede un 10 por ciento. Se les requisan pasaportes y visados, se las mantiene encerradas y se les priva de su libertad.

“Al principio, siempre creen que son ellas las que van a poder tener el control de la situación”, dice Camilla Örndahl, del Departamento Nacional de Policía Criminal. “Pero siempre salen perdiendo, y les puede llevar mucho tiempo salir de todo ello y poder curar las heridas”.

Como constata la policía de Norrbotten, la Europa sin fronteras da también una mayor libertad de movimientos a la delincuencia organizada. Por eso, se ha reforzado la colaboración entre distintas autoridades y organizaciones suecas con la finalidad de hacer más eficaz la lucha contra el delito. En el 2001 se crearon seis cámaras fiscales internacionales con la misión, entre otras, de ocuparse de las cuestiones relativas a la trata de personas.

De especial importancia es la colaboración con los países de donde proceden las mujeres. Todos los años se reúnen ahora fiscales y policías de los países ribereños del Báltico, y, en la primavera del 2002, se inició una campaña de un año de duración, para aumentar aún más los conocimientos sobre cómo se ha de luchar contra la trata de personas.

La iniciativa partió de la ministra sueca para la Igualdad de Oportunidades, Margareta Winberg. Esa campaña nórdico-báltica fue organizada por todos los países nórdicos y por Estonia, Letonia y Lituania. Constituye el inicio de una colaboración a largo plazo en la zona del Báltico.

Ley contra la trata de personas

La parte sueca de la campaña báltica partió de la “Ley sobre la prohibición de la trata de personas para su explotación sexual”, que entró en vigor el 1 de julio de 2002. Esa ley hace posible llegar hasta la red que rodea a la prostituta: reclutadores, transportistas y el “anfitrión” que alberga a las mujeres en Suecia.

La pena más baja es de dos años de cárcel, con lo que da a la policía mayores facultades a la caza de los organizadores de la prostitución. La policía tiene derecho, entre otras cosas, a utilizar métodos de vigilancia electrónica. Hasta ahora, se han iniciado tres instrucciones de causas.

Son, sobre todo, dos los factores que impulsan la prostitución: el deseo de los clientes de comprar servicios sexuales y la pobreza existente en los países de las prostitutas. Pero, si bien se puede dificultar por vía legal la compra sexual por parte de los clientes, resulta mucho más complicado atajar la pobreza.

Si las mujeres acceden a declarar contra sus proxenetas en un juicio sueco, ¿qué pueden hacer luego, si consiguen escapar de su influencia? ¿Volver a su país? ¿A la misma pobreza y a la misma banda de reclutadores?

Hace un par de años, una mujer de 24 años de edad, de Lituania, solicitó asilo en Suecia para escapar de su proxeneta. Temía que, si volvía a su país, se vería expuesta a amenazas y a la venganza. El asilo le fue denegado, por lo que tuvo que salir de Suecia. Si esa mujer hubiera presentado hoy su solicitud, es posible que sus posibilidades de quedarse aquí hubieran sido mayores.

Una comisión parlamentaria, el Comité sobre familiares, ha propuesto que se pueda conceder a las mujeres afectadas un permiso de residencia temporal, con el mismo derecho a asistencia médico-sanitaria que los solicitantes de asilo.

La labor contra el comercio sexual internacional está aún en sus comienzos, si bien se han conseguido varios resultados positivos. Así, por ejemplo, no son sólo los clientes los que se ven molestados por la criminalización de la compra sexual, sino que todo el ramo parece sentirse molesto e irritado.

El mercado sueco del sexo no rinde beneficios con igual rapidez que antes, según indica el Departamento Nacional de Policía Criminal. Ahora, las mujeres tienen que ser escoltadas hasta los clientes. Y eso requiere mucho tiempo. Además, el organizador no puede realizar sus actividades en un mismo local durante un espacio de tiempo especialmente largo, sino que tiene que mudarse y cambiar de dirección o tener acceso a varios locales. Eso, a su vez, resulta caro e intrincado.

Como es natural, el riesgo es que Suecia se convierta en un país de tránsito y que, en lugar de ello, la prostitución se mude fuera de las fronteras. Por eso, se requiere una colaboración más estrecha entre países europeos, para que mujeres jóvenes como Lilja tengan la oportunidad de vivir una vida digna, independientemente de dónde se encuentren.



*Ingmarie Froman es periodista “freelance” y fue anteriormente corresponsal en Bruselas y en París de Radio Nacional de Suecia y de la Televisión Sueca. Traducción de Felipe Mena González. Publicado por el Instituto Sueco (26 mayo 2003).

Fuente: Rima, Argentina e Instituto Sueco.



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