 |
Safina Newbery (Foto: Página12). |
El movimiento feminista del continente está de luto. Sara Josefina Newbery, antropóloga y feminista argentina, más conocida como Safina por sus amigas, murió el domingo 8 de junio en Buenos Aires. Activa militante de Católicas por el Derecho a Decidir, Safina abrazó numerosas causas, entre ellas, la de los pueblos indígenas.
(Mujereshoy) La muerte de Safina Newbery consternó a las mujeres que la conocieron y también a muchas que oyeron hablar de ella. Muchas colisteras de la Red Feminista de Argentina, RIMA, por ejemplo, expresaron su desolación a través del correo electrónico. También las integrantes de Católicas por el Derecho a Decidir mostraron su dolor, su tristeza. Pero, además, recordaron su sonrisa, su inquebrantable lucha y su legado.
De los numerosos testimonios, el de Mary E. Hunt, teóloga feminista y codirectora de WATER (Women’s Alliance for Teology, Ethics and Ritual) es el que quizás mejor resume el pensamiento y sentimiento de muchas feministas ante la pérdida de Safina. Éste es.
Una remembranza
por Mary E. Hunt
Es difícil imaginar que Safina está muerta porque todo lo que ella hizo sigue tan vivo. Fue una querida y apreciada amiga, hermana, colega, compañera en la lucha por la justicia en tantos frentes.
Mi corazón se rompió ante la noticia de su muerte esta semana, por envenenamiento de monóxido de carbono en su departamento, mientras se duchaba.
No obstante, en sus más de 80 años de vida, vivió una existencia rica y plena y en sus propios términos. Ella fue una argentina original, una mujer notable y amiga de tantos y tantas. Las palabras no pueden expresar cuánto la extrañaremos.
Safina y yo nos conocimos en mayo de 1980, cuando llegué a Buenos Aires para cumplir dos años de intercambio. Con mis tres palabras en español tenía que encontrar de alguna manera la forma de ingresar a una revista feminista (si mi memoria no falla, se llamaba Todas). Ella hablaba inglés brillantemente y me traducía los puntos más finos de las discusiones feministas. Forjamos una gran amistad, pese a los 30 años de diferencia de edad que nos separaban.
La amistad continúa hasta hoy, ahora en otro reino.
Safina me presentó a un montón de maravillosas feministas de Argentina, incluyendo a Alicia d’Amico, una fotógrafa de clase mundial con quien siempre cenábamos cuando visitaba Argentina.
Safina me hizo socializar en el mundo de las lesbianas argentinas, quienes tuvieron que ser extremadamente cuidadosas durante la dictadura.
Ella me inculcó el amor por su país, que se ha profundizado con los años, junto a mi amor hacia ella.
Fue por Sabina que aprendí las más coloridas palabras en español. Me enseñó sobre las muchas minorías indígenas de Argentina, las que ella estudió con tanto rigor, especialmente a los Tobas y Metaco.
Me enseñó en detalle sobre La Difunta Correa, una mujer venerada por la religiosidad popular. Safina y Susana Chertudi escribieron un libro con ese título, que les valió un premio argentino de antropología.
Safina me orientaba en mis viajes dentro del país. Aún espero seguir sus pasos en lo más profundo de la Patagonia. Con los años acumuló incontables aventuras.
Una muestra del sabor de nuestra amistad. Hace muchos años participamos en el maratón que inauguró la carretera de Buenos Aires, cuando yo era más joven y veloz. Con un grupo terminamos primero que el resto, volvimos atrás en busca de Safina y la encontramos en un bar junto a un buen vaso de cerveza fría.
Estando en Taxco, México, para un encuentro feminista latinoamericano, Safina me deleitó con historias del encuentro feminista en Bertioga, Brasil, donde ella salía a bailar hasta el amanecer.
Safina me conducía por Buenos Aires, cruzando las llenas calles audazmente como si fuera protegida por ángeles; yo seguía adelante, aterrorizada por ese tráfico alocado, pero envalentonada para seguirla.
Fuimos juntas a Uruguay al encuentro de grupos de mujeres. Safina vino al encuentro de Mujeres de Iglesia en Cincinnati, Ohio, EEUU, en 1987, donde pasamos la Navidad con mi compañera, Diann Neu, y yo.
Se apasionaba con las formas desarrolladas por las mujeres para expresar su espiritualidad. Se esforzaba para no ser elitista y abrirse a todas las mujeres, aún en las más modestas circunstancias,
Venía de una de las familias más prominentes de Argentina. Su tío Jorge, sobre quien bromeábamos siempre, fue el primer argentino en volar sobre Los Andes; el aeropuerto local está bautizado en su honor. Pero ella vivió cerca de la base y en el más profundo amor y respeto por todos, comenzando por los más marginados. Yo solía bromear con que el aeropuerto local debía ser rebautizado con su nombre.
Safina comenzó su vida adulta en el convento (la Comunidad del Divino Maestro) donde se dio cuenta de que esa estructura no era para su espíritu libre. Pero continuó una profunda búsqueda espiritual a través de la lucha por la justicia.
En los últimos años me mandaba entusiastas correos electrónicos sobre los encuentros y reuniones a que asistía, siempre ansiosa de conectarse con gente con quien realizar un cambio social.
Fue una feminista espiritual basada en la gente real, con un saludable respeto por el cuerpo, la comida y el vino. Nunca huimos de un mate o un vino tinto. Siempre cenamos en los restaurantes del barrio cerca de su departamento, porque ella nunca cocinaba y menos planchaba (“No plancha nunca”).
Aun cuando los taxis no eran tan caros, corríamos al bus 86 para ir a divertirnos a La Boca y cenar en un restaurante de mariscos cercano al Estadio de Boca Juniors. Era un modesto lugar donde podíamos relacionarnos con la gente y hacer amigos. Allí, Safina se sentía en la gloria.
Colaboramos en numerosos proyectos de WATER (Women’s Alliance for Teology, Ethics and Ritual), de la que Safina fue representante en América Latina. Hicimos algunos trabajos que reproducimos juntas. Fuimos a incontables grupos de trabajos y encuentros espirituales de mujeres.
De hecho, recientemente habíamos hecho planes para visitar mujeres de zonas marginales de la ciudad. Iba a Buenos Aires el próximo mes. Saffy insistía en que no había que gastar el tiempo sólo con mujeres intelectuales, sino que de todas nuestras hermanas se podía aprender. Lo haré, por supuesto, en su memoria.
Ahora ella descansa en la paz eterna, una antropóloga feminista pionera, una líder espiritual, una amiga y hermana.
Fuente: Rima, Argentina. Traducción al español de Mujereshoy.
|