MEMORIA/Perfiles
23.06.2003
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ARTÍCULO
Matilde Hidalgo, la “loca endemoniada”
Matilde Hidalgo se planteó grandes desafíos (Foto: lojanos.com)
 
En una época en que las mujeres ecuatorianas no podían votar, Matilde Hidalgo rompió con la regla. En los comicios de 1924 concurrió a sufragar. De esta forma, se convirtió en la primera mujer votante de Ecuador. Hoy, esta gran rebelde es reconocida como la pionera de pioneras en ese país.

(Mujereshoy) Para lograr su cometido, en 1924, Matilde Hidalgo acudió a los Registros Electorales del cantón de Machala para inscribirse, aprovechando un resquicio legal que no prohibía expresamente el sufragio a las mujeres. Sorprendido, el presidente del Consejo Electoral solicitó la autorización al Consejo de Estado el que, al no encontrar ningún impedimento legal, ordenó su inscripción.

El gesto de Matilde Hidalgo permitió que, en 1929, Ecuador se convirtiera en el primer país de América Latina que otorgó el derecho de sufragio a las mujeres.

El deber de la mujer

Matilde Hidalgo nació el 25 de junio de 1889 en Loja. Afrontó muy tempranamente la muerte de su padre, situación que llevó a su familia a una situación económica precaria. Su madre, una mujer adelantada para su época, trabajó duramente como costurera para mantener a sus seis hijos.

El primer gesto de rebeldía de Matilde fue la decisión de seguir estudios secundarios, para lo cual solicitó ser admitida en el colegio de varones Bernardo Valdivieso. En esa época, las mujeres sólo tenían derecho a la instrucción primaria. El director del colegio se tomó un mes para pensarlo y finalmente accedió a su petición.

El hecho causó el efecto de una bomba en la pequeña ciudad de Loja. Las amigas de Matilde dejaron de frecuentarla por prohibición expresa de sus madres. Que una mujer, en 1909, estudiara para ser bachiller era contradecir a las normas establecidas. La Iglesia Católica amenazó con excomulgarla. Fue obligada a escuchar misa dos pasos fuera del pórtico de la iglesia.

Su madre, Carmen Navarro, afronta la situación con gran coraje. Su apoyo es incondicional al punto de enfrentarse a toda la sociedad de Loja, que llama a su hija “loca endemoniada.” La resistencia de esta joven de 18 años es admirable, tiene que soportar a diario las burlas de sus compañeros de bachillerato. Se refugia en la poesía para expresar su disconformidad con las normas que le impone la sociedad.

Su poema El deber de la mujer es una suerte de decálogo para incitar a la rebeldía.

“No contentarse tan solo
con el rosario en la mano
y el breviario del cristiano
querer la vida pasar...

Es preciso al pensamiento
remontarlo a las regiones
donde se hallan instrucciones
que la ciencia suele dar...

Es preciso abrirse paso
entre envidia y mezquindades
y burlando tempestades
dedicarse ya a estudiar.”