MEMORIA/Perfiles
26.06.2003
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ARTÍCULO
A la conquista del espacio

 


La primera al mando

Casi al finalizar la década pasada se produjo un importante avance para las mujeres. Eileen Marie Collins, de 42 años, fue nombrada por el entonces Presidente Bill Clinton para asumir el mando del Columbia en el vuelo 93 del programa de transbordadores, en una misión de cinco días que puso en órbita el AXAF, el telescopio de rayos X más sofisticado que existe. De esta forma, Collins se convirtió en la primera estadounidense en dirigir un vuelo espacial.

En la ceremonia de su nombramiento en la Casa Blanca, Clinton dijo: “Hoy celebramos la caída de otra barrera en el avance de la igualdad”. Collins, tenienta coronela de la Fuerza Aérea, se graduó en 1979 como la única mujer de su promoción en el grado de piloto. Perteneció a las “Ninety-Nines”, un grupo que se creó para defender las reivindicaciones de las mujeres aviadoras. Ella misma, fue discriminada al declarársela “incapacitada” para conducir aviones de combate.

En 1990 ingresó a la NASA. En 1995 y 1997 participó en dos misiones espaciales. Todavía se recuerda la fiesta organizada por un grupo numeroso de mujeres aviadoras en el Centro Espacial Kennedy (Cabo Cañaveral), para festejar el viaje de Eileen como segunda conductora del transbordador espacial Atlantis en febrero de 1995.

¿Sólo mujeres?

Esta es la pregunta que ha venido circulando insistentemente en los ambientes de la NASA.

Dado el alto nivel de preparación de las nuevas promociones de mujeres cosmonautas, hoy ya no es posible poner en duda sus potencialidades. Pero frente a la posibilidad de un vuelo tripulado sólo por mujeres lo que ha primado, hasta ahora, es la burla y descalificación.

Como antaño, dicen quienes conocen un episodio ya olvidado que se remonta al año 1960, cuando un científico de la NASA pensó que no sería mala idea convocar a las mujeres para una misión al espacio. El científico estaba seguro de que el bajo peso y el menor consumo de oxígeno de las mujeres, eran factores determinantes para asegurar el éxito del proyecto.

Aunque el experimento se hizo en secreto, muy pronto la noticia se filtró a los medios de comunicación y el escándalo no se hizo esperar. Las reacciones más airadas vinieron de los círculos científicos, políticos y militares, dominados enteramente por los hombres.

Martha Ackamn, una periodista estadounidense, publicó recientemente un libro contando la historia del fallido proyecto Mercurio 13, donde participaron 13 mujeres. Este proyecto se inició paralelamente al plan Mercurio 7, que puso al primer cosmonauta hombre en el espacio. Ackamn reproduce el comentario sexista de un periodista del Dallas Times, quien en un artículo le pide a Lyndon Johnson: “Déjelas votar, déjelas usar pantalones, déjelas jugar billar, pero por favor señor Vicepresidente no las deje ir al espacio”.

Así, la que debió ser la primera misión espacial femenina fue cancelada abruptamente. Cuatro décadas después, todavía se considera que la idea es “oportunista” y “riesgosa”.

Sin embargo, algunos miembros de la NASA piensan que una misión de esta categoría permitiría estudiar las respuestas fisiológicas de las personas a la falta de gravedad. El jefe de investigadores, Arnauld E. Nicogossian, se preguntaba si estudiar a más mujeres enriquecería la investigación.

El tema es antiguo, data de la época de Valentina Tereshkova, quien en una entrevista dijo que uno de los propósitos de su vuelo fue estudiar la reacción del organismo femenino frente a la ingravidez y la situación de soledad durante la travesía. “Se trataba de probar que la mujer podía volar al espacio igual que el hombre”.

Asimismo, se consideró la posibilidad de realizar futuros vuelos a la Luna y a planetas aún más lejanos; para ello se pensaba formar tripulaciones mixtas. En 2002, Dmitri Vorobiov, experto del Instituto Médico-Biológico de Rusia, informó que las mujeres soportan mejor que los hombres los vuelos espaciales, por su resistencia fisiológica y psicológica a los efectos negativos que experimenta el cuerpo cuando se encuentra en poca gravedad.

El científico ruso está convencido que las cosmonautas asimilan mejor que los hombres la agotadora rutina espacial, que a medida que pasa el tiempo origina un estado combinado de estrés y depresión física y mental. Si las mujeres continúan siendo una minoría en las filas de los astronautas, se debe a consideraciones de tipo ideológico que son más difíciles de erradicar.