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Equidad de género
La asistencia efectiva de los países ricos y la igualdad de géneros son los dos requisitos fundamentales para superar la actual crisis aguda de desarrollo en el mundo y alcanzar el objetivo fijado por todos los gobiernos de reducir la pobreza.
Precisamente, numerosas investigaciones demuestran claramente que la dinámica del desarrollo humano depende en gran parte de la equidad entre hombres y mujeres, argumentó Fukuda-Parr.
Las mujeres educadas, por ejemplo, contribuyen mucho más a la salud de sus hijos y también a su formación, aunque también reviste importancia la participación que tienen en la toma de decisiones, en especial en el hogar, explicó Fukuda-Parr a IPS.
Respecto del otro requisito, la responsabilidad de los países ricos en el combate contra la pobreza, la experta comentó que se ha registrado “un progreso crucial” con el compromiso de los países miembros de la Unión Europea (UE) de aumentar en 16.000 millones de dólares sus aportes a partir de 2006.
Pero esa contribución sólo eleva de 0,22 a 0,25 por ciento la tajada del producto interno bruto (PIB) de la UE destinada a la ayuda oficial al desarrollo, muy lejos aún del 0,70 por ciento a que se comprometieron los países del Norte industrializado, entre ellos los 15 estados miembros del bloque europeo.
Cuando se fijaron en 2000 las metas de desarrollo del milenio se calculó en 100.000 millones de dólares la suma necesaria para lograr en 2015 la reducción de la pobreza y detener la expansión del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y su derivado, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida).
Además de la erradicación de la extrema pobreza y del hambre, las metas de la Declaración del Milenio de la ONU se proponen lograr la educación primaria universal, reducir la mortalidad infantil y mejorar la salud maternal.
Otros objetivos planean asegurar un ambiente sustentable, con énfasis particular en el acceso al agua, la igualdad de género, la contención del sida y la instauración de regímenes financieros y comerciales no discriminatorios.
Fukuda-Parr apuntó que no tiene “precedentes” el comportamiento del índice de desarrollo humano en la década de 1990. Una de las razones ha sido la declinación económica, pero también influyó la epidemia de sida.
En un análisis de “la situación dramática a que hemos llegado”, la experta reconoce la importancia de aspectos como las políticas macroeconómicas y el ajuste estructural, de la gobernabilidad y del combate contra la corrupción, y también de la participación popular en un sistema democrático.
Pero en ninguno de esos ángulos recomendados durante ese decenio se menciona el tema de la transformación social y económica, de lo cual se trata el desarrollo, observó.
En ese terreno, el documento del PNUD resalta la trascendencia de las intervenciones públicas, como “condición necesaria para el crecimiento económico conducido por el mercado”.
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