MEMORIA/Perfiles
17.07.2003
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ARTÍCULO
Cecilia Grierson, una visionaria del siglo XIX
Ana María Portugal/Mujereshoy
Cecilia Grierson (1889-1934) (Foto: Udesa)
 
El nombre y la trayectoria de Cecilia Grierson, primera médica argentina, están asociados a la etapa pionera de un grupo de mujeres que en América Latina y el Caribe pugnó por derribar barreras en medio de la incomprensión y el rechazo de su tiempo. Fueron las primeras universitarias.

(Mujereshoy). Durante las décadas de los años setenta y ochenta del siglo XIX, en América Latina se realizaron importantes cambios económicos y culturales que incidieron en la formulación de leyes y reformas favorables al acceso de mujeres a la educación. En este período se crean colegios y liceos “para señoritas”.

Ciertamente, el programa de estudios en estos centros de enseñanza era elemental. Se basó en el concepto de que a las mujeres sólo les bastaba saber leer y escribir y, a lo sumo, tener conocimientos rudimentarios de aritmética y lenguaje, para ejercer dignamente sus roles de esposas y madres.

En la mayoría de nuestros países no existió formalmente la instrucción secundaria femenina hasta los primeros años del siglo XX. Este fue el clima que le tocó vivir a Cecilia Grierson y a sus compañeras de la primera generación de universitarias latinoamericanas.

Las pioneras

Cecilia Grierson integra el grupo de pioneras que ingresó a la universidad para seguir la carrera de medicina a mediados del siglo XIX. Por la información encontrada, sabemos que entre los años de 1882 a 1892, varias mujeres recibieron el título de médicas en Argentina, Brasil, Cuba, Chile y México.

En próximas ediciones abordaremos la vida y trayectoria de estas mujeres, en especial de María Augusta Generoso Estrela, de Brasil, que fue la primera en el continente de graduarse de médica en 1882. Así como las de Eloísa Díaz Insunza y Ernestina Pérez Barahona, de Chile; Matilde Montoya, de México y Rita Lobato Velho Lopez, de Brasil. Las cuatro obtuvieron el título de médicas cirujanas en 1887. Igualmente de Elvira Rawson de Dellepiane, graduada en 1892 en Argentina.

Aniversario histórico

El 2 de julio de 1889 una joven de ojos claros y cabellos castaños recibía de manos de la máxima autoridad de la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, el título de médica cirujana. Esta joven se llamaba Cecilia Grierson y fue la primera mujer argentina en ejercer la medicina ginecológica.

Nacida en Buenos Aires, el 22 de noviembre de 1859, de un matrimonio compuesto por una irlandesa y un escocés, a los 13 años, Cecilia se convirtió en maestra rural en Entre Ríos, lugar donde su familia tenía una pequeña estancia. Como era menor de edad, el gobierno le entregaba el sueldo a su madre.

En 1878, a los 19 años, egresa de la Escuela Normal de Maestras de Buenos Aires, y de inmediato, Sarmiento, figura clave de la política y la educación en esos momentos, le ofrece un puesto en una escuela de varones donde trabaja por un tiempo. Para entonces, ya sabía que su camino era la medicina.

Sin desánimo alguno por los obstáculos que tenía que sortear, a los 23 años solicita una matrícula en la Facultad de Medicina, luego de obtener un permiso especial por ser mujer. Antes de ella, otra mujer, Elida Passo (1867-1893), había ingresado a la Facultad de Medicina para seguir la carrera de farmacia, convirtiéndose en la primera graduada en esa rama en 1885. Lamentablemente, cuando cursaba el quinto año de medicina, enfermó gravemente y murió sin diplomarse.

Grierson estudió en una atmósfera de críticas, comentarios malévolos y burlas de sus compañeros. Pese a ello, destaca como una alumna aventajada, obteniendo el cargo de ayudante de histología ad honorem de la Facultad y, en 1885, el de practicante de la Atención Pública (Asistencia Pública) en distintos hospitales. Su tesis de grado Histero->Ovariotomías, efectuadas en el Hospital de Mujeres desde 1883 a 1889, fue el resultado de estas experiencias.

Sorprende enterarse, revisando esta etapa de su vida, de la actividad que desplegó en los años previos a su graduación. Estaba llena de proyectos visionarios. Durante su paso por la Asistencia Pública, organiza el servicio de ambulancias con sus respectivas campanas de alarma, una novedad, pues este instrumento sólo lo tenían los bomberos.

En 1886, durante la epidemia del cólera, actúa eficientemente en la atención a los enfermos de la Casa de Aislamiento, y realiza prácticas en el Hospital de Mujeres Rivadavia.