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Sin un motivo especial
Quienes han venido investigando sobre los orígenes de esta fecha creen que no hubo un móvil definido para establecer el Día Internacional de la Mujer, sino de aprovechar el sentido revolucionario del mes de marzo: la Comuna de París (marzo 1871), la revolución alemana (1848).
En los siguientes años, esta celebración se transformará en una jornada de protesta contra la guerra, el hambre y el desempleo. Por ejemplo, el motivo para celebrar el primer Día Internacional de la Mujer en Europa (19 de marzo de 1911), fue en recuerdo de una insurrección protagonizada por la clase obrera prusiana. En Rusia, se celebró por primera vez el 2 de marzo de 1913 (17 de febrero del calendario ruso), bajo la denominación de “Día Internacional de las Obreras”.
El protagonismo de las obreras
Al frente de las movilizaciones por el Día Internacional de la Mujer estuvieron trabajadoras de la industria textil fundamentalmente. A comienzos de siglo son numerosas las movilizaciones y huelgas de obreras en Estados Unidos.
En 1909 se realiza la gran huelga de las obreras de la Compañía de Blusas Triangle de la ciudad de Nueva York. Este paro que se conoció como la “sublevación de las 20.000” (por el número aproximado de trabajadoras de diversas fábricas que prestaron su apoyo), tuvo una enorme repercusión, tanto dentro de la opinión pública como en los círculos sufragistas y socialistas envueltos en fuertes pugnas ideológicas, pues a raíz del acuerdo tomado por el Comité de mujeres socialistas de trabajar con las sufragistas, se produjo una división interna dentro del feminismo socialista.
El 28 de septiembre de ese año, en el local del Sindicato Internacional de Trabajadores del Vestido, se inicia esta acción de fuerza en apoyo de las trabajadoras despedidas de Triangle y que es conocida como la “Huelga de las Mujeres” porque a ella se sumó el movimiento de mujeres estadounidense, desde la Liga Nacional de Mujeres Sindicalistas, hasta las sufragistas, socialistas y mujeres de la burguesía. Una concertación interclasista que en ese momento deja de lado las diferencias para unirse en una causa común: el género.
El apoyo del movimiento organizado de mujeres será clave. El 3 de diciembre, la Liga Nacional de las Mujeres Sindicalistas liderada por Mary Drier, una feminista de clase media (2), convoca a una marcha de protesta contra la represión policial que reúne a 10 mil mujeres. La propia Drier había sido objeto de maltratos. A raíz de su arresto, la prensa da a conocer las terribles condiciones de trabajo en las fábricas.
El 5 de diciembre, las sufragistas realizan una concentración masiva en apoyo a la huelga, y el 15 del mismo mes les toca el turno a las damas de la alta sociedad neoyorquina que reaccionan indignadas. Posteriormente, el 27 de diciembre se realiza un arbitraje entre la empresa y el sindicato que no es aceptado por una gran mayoría de huelguistas. Finalmente, el 15 de febrero de 1910 se levanta huelga y la gran mayoría de trabajadoras regresa a la fábrica sin haber conseguido la totalidad de sus demandas.
El 25 de marzo de 1911
El retorno de las obreras de Triangle a su trabajo en febrero de 1910 no fue visto por ellas como una victoria, especialmente porque la demanda que obligaba a la empresa a instalar salidas de emergencia, y la prohibición de mantener las puertas cerradas durante la jornada laboral, además de poner en funcionamiento escaleras de seguridad, nunca se discutió durante las negociaciones. Esto fue fatídico al producirse un año después del incendio que destruyó gran parte de las instalaciones de Triangle, con el consiguiente saldo de 146 trabajadoras muertas y muchas otras heridas.
La historiadora Ana Lau Jaiven hace un relato dramático de este terrible hecho. “El sábado 25 de marzo de 1911, poco antes de la hora de salida, la alarma de incendios del edificio Asch, ubicado en la galle Greene y la Plaza Washington, y que albergaba en los pisos 7 y 9 los talleres de ropa, comenzó a sonar. Como la mayoría de estos establecimientos, la Triangle estaba situada en un edificio con insuficientes salidas de emergencia. El fuego, que había comenzado en el octavo piso, pronto se propagó debido a la combustión originada por la abundancia de rollos de tela.
Un terrible griterío invadió el ambiente. No había extinguidores, una de las salidas fue bloqueada por el fuego, en tanto que la única salida de emergencia comunicaba hacia una barda de barrotes de hierro que impedía franquearla. Desesperadas, algunas jóvenes saltaron por las ventanas. Los bomberos, trataron sin éxito, de controlar el fuego. De las 500 personas empleadas en la Triangle, 146 perdieron la vida y muchas más quedaron heridas.
Los dueños de la fábrica fueron juzgados por negligencia, pero no fueron convictos, salieron libres. La prensa acusó del incendio a un trabajador que fumaba en esos momentos. La Liga Nacional de Mujeres Sindicalistas, comenzó una campaña para que se legislara contra incendios y a favor de la protección de las trabajadoras/es, así como una mayor vigilancia de las leyes existentes”.
Al año siguiente se registró en Lawrence, Massachussets, una huelga de las obreras apoyada por la Industrial Workers the World. En esa oportunidad, el lema que emplearon fue: “Queremos Pan y Rosas”, lema recuperado en el 2000 por la Marcha Mundial de Mujeres.
Lo que sí ocurrió en 1857
Gracias a este deslinde de hechos y fechas ha sido posible verificar que en el año 1857 lo que se realizó fue una marcha convocada en el mes de marzo, por el sindicato de costureras de la Compañía Textil de Lower East Side de Nueva York, reclamando por una jornada de trabajo de 10 horas. En esa época se trabajaba en fábricas y talleres entre 15 y 18 horas diarias. La policía dispersó la manifestación con disparos que dejaron heridas y/o muertas a muchas de las manifestantes.
En 1867, también en marzo tiene lugar la huelga de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy, Nueva York. Una de las madres del sufragismo estadounidense, Susan B. Anthony (1820-1906), rebatiendo la posición de un sector del socialismo sobre la inutilidad del voto para las trabajadoras, dejó un testimonio sobre esta huelga.
“No sé de ninguna huelga de mujeres que haya tenido éxito. La mejor organizada que he conocido es la de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy, Nueva York, el gran emporio de la fabricación de camisas, cuellos y puños. Varios centenares de estas mujeres formaron un sindicato y pidieron la subida de salarios, que les fue denegada. Así, una mañana de 1867 todas ellas tiraron las tijeras y la aguja, la palangana de almidón y la plancha, durante tres largos meses ninguna acudió a las fábricas. Al final de ese tiempo, se morían literalmente de hambre y la mayoría se vio obligada a volver al trabajo, pero no con sus salarios antiguos, pues sus jefes se los redujeron aún más”. De este hecho, Anthony saca la siguiente conclusión: “si estas planchadoras hubieran sido votantes, hubiesen mantenido el equilibrio del poder político en la pequeña ciudad de Troy…”.
En 1918 se crea la Organización Mundial del Trabajo que declaró como uno de sus objetivos esenciales “acabar con las discriminaciones de que eran objeto las mujeres en el trabajo asalariado, y crear condiciones apropiadas para brindar iguales oportunidades a todos los seres humanos cualquiera sea su raza, creencias de sexo”. El reconocimiento del principio “a igual trabajo, igual salario” por el que habían luchado tanto las trabajadoras como las sufragistas y socialistas, esperará hasta 1951 con la aprobación de la Convención que los Estados miembros adoptaron sobre esta demanda. Pero su aplicación todavía es una meta.
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