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PANORAMA/Trabajo
06.06.2005
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www mujereshoy
Informe “Las mujeres hablan: Relaciones económicas Chile-Unión Europea y sus impactos en el empleo femenino” (pdf)
Alianza Chilena por un Comercio Justo y Responsable (ACJR)
Solidar
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NOTA
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(Mujereshoy) Un estudio encargado por la organización internacional Solidar a tres de sus socios, en Chile, India y Ghana, revela que no hay una relación beneficiosa entre la liberalización comercial, la creación de empleos y el aumento en la calidad de vida. Las nuevas relaciones comerciales globalizadas han conducido hacia una feminización del desempleo y hacia mayores niveles de informalidad en los empleos. Artículo de Pablo Ferrero, de la Alianza Chilena por un Comercio Justo y Responsable.

Pablo Ferrero, ACJR

La organización internacional Solidar encargó durante el 2004 a tres de sus socios de la Red Global, en Ghana, India y Chile, una investigación sobre las condiciones laborales de mujeres trabajadoras en situaciones de precariedad.

En Chile, la organización encargada de realizar este trabajo fue la Alianza Chilena por un Comercio Justo y Responsable, con la colaboración del Centro de Estudios Mujer y Trabajo, cuyos resultados fueron presentados ante miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Europea en Ginebra, Suiza, en la sede de la Organización Mundial de Comercio, OMC.

En Chile, el informe contempló un estudio de carácter interdisciplinario que trabajó en base a fuentes escritas y entrevistas a mujeres trabajadoras de la agricultura (temporeras), salmonicultura, de una filial de Telefónica y de AFP (previsión), dos sectores de alta concentración de capitales europeos.

La investigación se realizó bajo el programa “Las Mujeres Hablan”, cuyo objetivo es estimular el debate de desarrollo económico mundial, las relaciones entre mujeres y comercio y establecer propuestas para mejorar las políticas comerciales de la Unión Europea, las que inciden en la calidad de vida de las trabajadoras del Tercer Mundo.

Menor calidad del empleo

De acuerdo al estudio, en los tres países las mujeres desempeñan diferentes formas de trabajo informal, están en la base de la pirámide de la economía sumergida, concentradas en actividades poco rentables y con altos niveles de precariedad.

El estudio parte de la base que el comercio internacional es un elemento clave para la reducción de la pobreza en el mundo. No obstante, si bien mucha gente que vive en situación de pobreza ha podido mejorar su condición mediante el incremento del comercio mundial, un grupo todavía mayor ha visto deterioradas sus condiciones de vida. Y, en este grupo, las mujeres son las más afectadas.

Los tratados de libre comercio –afirma el documento– han sido asumidos como neutrales en materia de género, sin embargo se trata de una visión simplista y poco analizada. Si bien algunos impactos de la liberación comercial sobre las mujeres están documentados, la gran mayoría no lo está, en especial los casos relacionados con la participación de la mujeres en la economía informal y en empleos precarios.

La agenda mundial de libre comercio –establece el informe– ha conducido a una informalidad de la fuerza laboral, caracterizada por un crecimiento del trabajo independiente, fenómeno que ha cobrado especial fuerza en América latina, Asia y África. Ha llevado también hacia una feminización del desempleo: a las labores domésticas no remuneradas se suman actividades mal remuneradas en empleos precarios.

Existen dos tendencias claras que se han detectado en el mercado laboral durante los últimos años: feminización e informalidad. De acuerdo a la OIT, ha habido un fuerte aumento de los trabajos femeninos, tanto en el sector formal –por ejemplo, en las zonas que elaboran productos de exportación en los países emergentes– y en la economía informal, que se ha expandido hacia nuevos tipos de actividades, tales como el trabajo a domicilio y la subcontratación.

La difusión de las agendas de libre comercio, de globalización económica y liberalización de los mercados ha conducido alrededor del mundo a un aumento de la informalidad de la fuerza de trabajo, caracterizada por el crecimiento del trabajo independiente, en especial en las tres zonas del estudio. Este proceso ha llevado, asimismo, hacia una feminización del empleo: hay una explotación hacia las mujeres en actividades no remuneradas de las actividades domésticas y de servicios personales, en tanto reciben muy bajos salarios en sus trabajos, generalmente flexibles o temporales.

Estos factores han deteriorado las formas de vida de millones de mujeres rurales y urbanas en todo el mundo. Aun cuando algunas trabajadoras se han visto beneficiadas con la liberalización comercial mediante nuevas plazas laborales, las reales ventajas de tales empleos dependen de muchos aspectos, desde el nivel de salarios hasta las condiciones de seguridad laboral.

Como conclusión, el estudio recomienda una serie de medidas para terminar con la desigualdad laboral de género, sugerencias que están destinadas a la Unión Europea, los gobiernos nacionales de los tres países y a las organizaciones sindicales. Entre ellas, la creación de una cláusula de género para todos los compromisos económicos internacionales, que asegure el acceso pleno de las mujeres a políticas de desarrollo social, y de equidad de género.

Desde Chile

El informe sobre Chile se basa en numerosas entrevistas a trabajadoras apoyado por información estadística. Pese a los progresos para la formalización del sector laboral, señalado por la OIT, en Chile existe un deterioro general de las condiciones laborales, incrementándose esta tendencia en los empleos ligados a las exportaciones.

En el sector agrícola, aun cuando esta área ha demostrado ser muy productiva y rentable, “imperan empleos estacionales, mal pagados y sin ninguna protección social. Las trabajadoras no saben cuando comenzarán a laborar ni la fecha de término, así como tampoco la duración de la relación laboral, ni el monto de sus remuneraciones”. Las trabajadoras de la agricultura en Chile no están afiliadas al sistema de pensiones y no tienen protección de salud o de cesantía y no reciben pago por vacaciones.

El informe sobre Chile contiene también un amplio capítulo destinado a la industria salmonera. Al respecto señala que “el explosivo crecimiento de esta industria no tiene ninguna relación con el deterioro de sus condiciones laborales. Un alto porcentaje de la población de la región de Los Lagos, y en especial en Chiloé, trabaja en esta industria. El 2003 las empresas salmoneras emplearon a 45 mil personas, de las cuales el 70 por ciento son mujeres”.

Pese al éxito de la industria –se señala– las condiciones laborales son deficientes: un 80 por ciento percibe el salario mínimo, vive en un clima de inestabilidad laboral y carece de beneficios sociales. Estas malas condiciones laborales generan, asimismo, enfermedades ocupacionales y otros problemas.

“El trabajo en la industria salmonera se realiza de pie, y así permanecen entre ocho y 16 horas diarias. Sus jornadas son tremendamente largas y extenuantes. En algunas compañías, las mujeres no van al baño porque el tiempo que ocupan se les descuenta de sus salarios. Las trabajadoras prefieren no ir al baño para evitar la pérdida de dinero”.

Otros graves problemas citados en el informe chileno están relacionados con la carencia de higiene en los lugares de trabajo. En muchas empresas las mujeres sólo cuentan con una protección de botas de goma, las que sin embargo concentran la humedad. Las condiciones higiénicas son deplorables, con baños y camarines insuficientes e insalubres. Los comedores son sucios y con altos niveles de toxicidad debido el agua clorada.


Fuente: ACJR.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003