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MOVIMIENTOS/Feminismos
13.07.2005
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Encuentro Nacional Feminista 2005, Chile
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ARTÍCULO
Chilenas celebran Encuentro Feminista Nacional
Ana María Portugal/Mujereshoy

 
Una explosión de voces, rostros y cuerpos diversos dio marco al Encuentro Feminista Nacional 2005, el que se realizó en Chile entre el 24 y el 27 de junio de 2005. Con el lema “Aquí se construye poder feminista”, más de 350 mujeres de todo el país celebraron volverse a encontrar después de una década.

(Mujereshoy) La resolución de romper con el aislamiento y la dispersión llevó a un grupo de feministas históricas a tomar la decisión de convocar a un encuentro nacional. Había pasado una década desde que las feministas chilenas no se reunían.

Durante este tiempo, algunas continuaron realizando actividades, participando en campañas y/o produciendo conocimientos. Otras, desde la periferia, mantuvieron contacto con sus amigas del movimiento, con quienes se reunían para conversar y cambiar puntos de vista.

Amplia convocatoria

Durante varios meses, un colectivo de 30 activistas trabajó con gran persistencia y pasión para hacer posible esta idea. Convocaron y difundieron la buena nueva utilizando diversos medios, desde los electrónicos, como la instalación de un sitio web y la producción de un boletín (boletina), hasta la instalación de afiches en distintos puntos de Santiago.

También se montó una exposición fotográfica de gran formato en la Plaza de Armas de Santiago, –donde también se encuentra la Catedral– que contenía una secuencia histórica de las pioneras del feminismo y de aquellas mujeres que desde la política, el arte, la educación, contribuyeron con la causa de la emancipación femenina en Chile.

También gestionaron donaciones financieras posibilitando la participación de mujeres que no contaban con recursos económicos para asistir. Desde luego, y siguiendo con la tradición feminista de los encuentros, el de Olmué mantuvo el concepto de la autogestión. Así, salvo las becadas, la gran mayoría de las participantes cumplió con este requisito.

La característica más notable de este encuentro fue la alta concurrencia de mujeres jóvenes y la presencia de activistas de Iquique, Concepción, Valdivia, Valparaíso, Chiloé, Coyhaique.

En Olmué estuvieron mujeres de diversa procedencia, desde integrantes de colectivos feministas de las distintas tendencias: ecofeministas, cristianas, anarquistas, “autónomas”, al lado de las sindicalistas, pobladoras, campesinas, indígenas, funcionarias públicas, profesionales, académicas, estudiantes, artistas, e inmigrantes de países vecinos.

Se sintieron convocadas aquellas que en los años 80, en plena dictadura militar, lideradas por Julieta Kirkwood, inauguraron en la calle el feminismo moderno con el lema “Democracia en el país y en la casa”. También fueron a Olmué históricas luchadoras de los movimientos de derechos humanos y las organizaciones de pobladoras que contribuyeron a la restauración de la democracia en Chile.

Nuevas generaciones

Sin embargo, quienes sobresalieron en número y en entusiasmo fueron las que hoy conforman la nueva generación feminista en sus distintas vertientes.

Según Katerin Barrales, antropóloga e integrante de la Coordinadora de Feministas Jóvenes, “una generación nueva que se construye a sí misma es una potencia, pero no significa hacerlo desde el aislamiento; tenemos que reconocer el trabajo de las generaciones más antiguas. Nuestra idea es generar un diálogo intergeneracional”.

Katerin señala que es feminista por las mismas razones que tuvieron las generaciones anteriores. “En apariencia, las mujeres hemos accedido a las ventajas y beneficios que gozan los hombres en esta sociedad, pero nos siguen cruzando muchas discriminaciones. En nuestra historia de vida, las jóvenes coincidimos en que al igual que nuestras madres, estamos traspasadas por una serie de discriminaciones”.

La tarde del 24 de junio, el Resort Rosa Agustina recibió a las 350 mujeres que coparon sus amplias y cómodas instalaciones. El acto inaugural se hizo bajo la égida de Julieta Kirkwood, teórica y activista feminista fallecida en 1985, considerada la madre del feminismo moderno en Chile.

Alrededor del eje central “Neoliberalismo, Cuerpo y Poder”, giró el trabajo de los grupos de discusión y las propuestas de los distintos talleres, donde se volcaron experiencias de trabajo y formas de pensamiento y acción diversas, desde incidir en el terreno de la política contingente, hasta las posturas antisistema.

“Hay un corte importante –advierte Patricia Provoste, que integró la Comisión Organizadora– que se da entre las que estamos por incidir en la política pública, en el espacio del gobierno, en la legislación de manera autónoma –ese era uno de los objetivos de este encuentro: hacer del feminismo una fuerza política en el país– y están aquellas que no quieren tener nada que ver con el sistema”.

Espacios de libertad

En Olmué la tónica fue abrir espacios para favorecer el diálogo con total libertad para disentir. Esta es una característica de los encuentros feministas latinoamericanos y caribeños.

Pero en Olmué fue posible asistir a una gama de actividades que mostraron la diversidad de prácticas feministas. Desde las propuestas de la poderosa Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Anamuri), que llamó a sumarse a la Campaña Mundial por la Defensa de la Semilla, pasando por la plataforma de reivindicaciones laborales levantada por las temporeras y sindicalistas, y los reclamos de las activistas del Foro de Salud y Derechos Reproductivos por redoblar esfuerzos y sumar adhesiones a favor de la despenalización del aborto.

A los talleres, grupos de discusión y plenarias, se sumaron acciones de arte, proyecciones de cine y videos, música, y baile. Refiriéndose a la atmósfera que reinó durante los cuatro días, Patricia Provoste dice: “Fue un encuentro muy entretenido, con una amplia gama de actividades culturales. Hubo yoga, reiki, biodanza, exposiciones fotográficas, danza árabe, hasta Feria de Pulgas”.

“Lo vi distinto, festivo, entretenido. A mí no me representa un feminismo enojado, me representa un feminismo propositivo que incorpora distintas realidades y que está abierto al mundo y al cambio. Me entretuve mucho. Escuché ideas que puedo poner en práctica en el mundo privado y público y eso me hace bien”, agrega Provoste.

Ciertamente una experiencia que desmiente el clásico estereotipo del feminismo “anti hombre”, y al que se supone pertenecen mujeres “desengañadas”, amargadas, pesimistas o sólo intelectuales.

El punto disonante

Clisé que para sorpresa nuestra no está del todo desterrado del imaginario masculino, si nos remitimos a cierto sector del periodismo nacional. Una crónica, dando cuenta del encuentro publicada en el diario La Nación, un medio afín a los sectores progresistas puso en evidencia que la misoginia y homofobia no sólo es patrimonio de la derecha.

Como explicitó la Comisión Organizadora en una carta dirigida a ese medio de comunicación, el artículo utiliza un enfoque frívolo y hace gala de ignorancia y de animadversión.

Para las integrantes de la Comisión, el texto del periodista es “una crónica esperable en otra clase de periódicos, menos de uno donde el gobierno –democrático esta vez– tiene un rol central. Sin embargo, una vez más, el discurso público de la tolerancia, el respeto a la diversidad y los derechos de las personas no pasan de ser eso, meras palabras”. (Ver carta completa más adelante).

Las señales son claras. No debe bastarnos conquistar espacios y lograr leyes a favor de la igualdad. Imposible olvidar que la larga lucha que emprendieron nuestras antecesoras desde el siglo XIX en adelante, tuvo costos dolorosos: la burla, la indiferencia, la calumnia, la sospecha, y el rechazo de la buena sociedad.

Los cambios culturales que lleven a un nuevo contrato social en el mundo de lo privado, es todavía una meta por alcanzar.

La respuesta de las feministas

La carta enviada por las integrantes de la Comisión organizadora del encuentro nacional feminista al subdirector de La Nación, Raúl de Castro, señala lo siguiente:

“El artículo aparecido en La Nación Domingo del 3 de julio, que pretende ser una crónica sobre el Encuentro Nacional Feminista realizado en Olmué los días 24 al 27 de junio, no sólo desinforma e invisibiliza el propósito y objetivos de este Encuentro sino que, más aún, su enfoque es frívolo, hace gala de ignorancia, animadversión hacia la diferencia y denosta un evento que por sus características fue plural, democrático y rico en resultados y proyecciones. Una crónica esperable en otra clase de periódicos, menos de uno donde el gobierno –democrático esta vez– tiene un rol central. Sin embargo, una vez más, el discurso público de la tolerancia, el respeto a la diversidad y los derechos de las personas no pasan de ser eso, meras palabras.

Como Comisión Organizadora del Encuentro y por el respeto que se merecen tanto las lectoras y los lectores de su diario como también las 350 mujeres diversas que vinieron a encontrarse en Olmué desde lugares tan distintos y distantes como Iquique, Concepción, Valdivia, Valparaíso, Chiloé o Coyhaique, queremos transmitirles lo sustancial de este Encuentro cuya organización tomó muchos meses de arduo trabajo.

En Olmué nos dimos cita mujeres de diversa procedencia con el propósito de intercambiar experiencias de acción política y reflexionar en conjunto sobre lo que proponemos en tanto feministas. Allí estuvieron históricas luchadoras contra la dictadura militar, mujeres de distintas organizaciones sociales, colectivos autónomos y redes, defensoras de los derechos humanos, sindicalistas, campesinas e indígenas que contribuyeron a la recuperación del sistema democrático, desde la defensa de la vida y su sustento, en el período más oscuro de nuestro país, articuladas bajo la extendida consigna “Democracia en el país y en la casa”, aporte memorable de la socióloga feminista Julieta Kirkwood, fallecida en 1985. Un universo de voces y rostros se reencontró en Olmúe, sobresaliendo en número y aportes sustanciales las mujeres jóvenes cuya renovada práctica feminista asegura la proyección y sostenibilidad histórica del feminismo chileno.

Durante tres días las feministas analizamos la realidad del país y el mundo, construimos una agenda temática y discutimos sobre estrategias políticas y organizativas para incidir en los cambios que queremos y que estimamos que el país necesita. Entre estos, el enfoque con que se abordan los distintos significados del creciente posicionamiento público y político de las mujeres por parte de los medios de comunicación. (A trabajar pues, periodistas de La Nación, a ponerse a la altura del compromiso democrático, que además sus sueldos los pagamos chilenas y chilenos).

Por lo general, en encuentros feministas nacionales y latinoamericanos no se permite la entrada a periodistas, a excepción de la sala de prensa, por las reiteradas malas experiencias en que se tergiversa y banaliza la imagen del movimiento feminista. Esta vez se creyó que un medio como La Nación haría honor a su nombre y origen, más aún con un Presidente de la República de filiación socialista. Sin embargo, y para decirlo en pocas palabras, una vergüenza y una lástima que esta crónica no haya podido dar cuenta de que parte del país real y su historia estuvieron en este Encuentro en Olmué. Está claro que la responsabilidad no es sólo del periodista, sino de la persona encargada de la línea editorial.

Por lo anteriormente expresado, es que solicitamos una reunión con el Directorio de La Nación para explicitar nuestra preocupación por la línea editorial que este medio ha mantenido en relación no sólo con el feminismo, sino también con otras formas de organización de la sociedad civil. Además, exigimos la publicación de un artículo que dé cuenta del proceso político y de reflexión que se dio en los tres días que duró el encuentro en Olmué.

Atentamente,

Patricia Provoste, Soledad Rojas, Rosa Ferrada, Paulina Weber, Patricia Vera, Fanny Berlagosky, Ana Maria Órdenes, Patricia Olea, Verónica Oxman, Natalia Flores, Eliana Largo, Elizabeth Guerrero, Paula Santana, Carolina Ibarra, Isabel Cárcamo, Gloria Maira, Katherine Barrales, Esteli Unzueta, Loreto Ossandón, Carolina Villarroel, Maritza Matamala, Alejandra Valdés, Patsili Toledo, Loreto Bravo, Anne Croocker, María Antonieta Vera, Antonella Caiozzi, Siomara Molina, Macarena Fritis.

Comisión Organizadora
Encuentro Nacional Feminista 2005

Santiago, 7 de julio de 2005”.


Fuentes: Mujereshoy, Foro Ciudadano.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003