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Suzanne Laplante Edward, madre de Anne-Marie Edward, es consolada el día del funeral (CP Photo). |
El 6 de diciembre de 1989, hace trece años y un mes, catorce estudiantes de la Escuela Politécnica de la Universidad de Montréal, fueron sistemáticamente asesinadas y trece estudiantes más, nueve mujeres y cuatro hombres, sufrieron heridas de mayor a menor gravedad. Su asesino señaló en una carta que las había matado por oportunistas: "quieren retener las ventajas de ser mujer... mientras tratan de arrebatar aquellas de los hombres..."
El autor de la llamada Masacre de Montréal fue un joven de 25 años, Marc Lépine, quien luego de su macabra acción, se suicidó, dejando una nota en la que explicaba que lo hacía por razones políticas, la misma razón que impulsaba el múltiple asesinato que acababa de cometer: “...las feministas siempre han tenido el talento de irritarme. Ellas quieren retener las ventajas de ser mujer... mientras tratan de arrebatar aquellas de los hombres... Son muy oportunistas, ya que descuidan el provecho del conocimiento acumulado por el hombre a través de los años”.
Lépine anexaba a la carta una lista de diecinueve mujeres prominentes de Québec, dedicadas a ocupaciones no tradicionales, incluyendo la primera mujer bombero de la provincia y una capitana de la Policía. Debajo de la lista, el femicida escribía: “... La falta de tiempo, puesto que empecé muy tarde, ha permitido a estas feministas radicales sobrevivir...”. Sin embargo, tanto las muertas, como las heridas y las de la lista, fueron docenas de mujeres ordinarias y comunes, que por el solo hecho de ser mujeres, algunas personas sobresalientes tuvieron que soportar la desquiciada furia de un misógino, también ordinario y común.
La prensa describió así “la noche del generocidio”:
El 6 de diciembre de 1989, poco después de las cinco en punto, en el penúltimo día de clases antes de las vacaciones de Navidad, Marc Lépine cargó disimuladamente un rifle Sturm Ruger Mini-14, semiautomático, dentro de la Escuela Politécnica. Su primera víctima femenina, Maryse Laganière, fue asesinada en un corredor. Después se dirigió al aula 303, un salón en el que había diez estudiantes mujeres y cuarenta y ocho hombres, conjuntamente con un profesor varón. Allí, abriendo fuego con dos disparos hacia el techo, gritó: “...Quiero a las mujeres... Odio a las feministas!”, y ejecutó su ritual femicida separando a hombres de mujeres, alineándolas a ellas contra la pared y empezando a disparar. Murieron seis y las otras resultaron heridas.
Desde ahí, su ruta fue cuidadosa y selectiva: bajó a la cafetería, donde mató a Anne Edward; subió a la tercera planta y asesinó a las mujeres escondidas debajo de los pupitres, hasta que, veinte minutos después, se quitó la vida, dejando tras de sí, catorce mujeres muertas, nueve heridas y cuatro estudiantes hombres heridos, también.
La organización canadiense Hombres de Montréal en Contra del Sexismo, escribió: “Los hombres matan a las mujeres y a los niños y niñas como un acto de propiedad, terrorismo y venganza, y lo hacen con el apoyo de una sociedad y un sistema judicial sexista. Esta masacre y este continuo exterminador, seguirá hasta que no se termine con el sexismo y la violencia sexista, junto con todas las excusas de los hombres para consigo mismos”.
Geneviève Bergeron, de 21 años; Hélène Colgan, 23; Nathalie Croteau, 23; Barbara Daigneault, 22; Anne-Marie Edward, 21; Maud Haviernick, 29; Barbara Maria Klucznik, 31; Maryse Leclair, 23; Annie St.-Arneault, 23; Michèle Richard, 21; Maryse Laganière, 25; Anne-Marie Lemay, 22; Sonia Pelletier, 28; y Annie Turcotte, 21, son las catorce mujeres canadienses que dejaron de ser un día de diciembre, en un femicidio que las seleccionó en lo mejor de su juventud.
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