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MOVIMIENTOS/Feminismos
28.11.2003
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Flacso Chile
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ARTÍCULO
La sexualidad como un derecho
Soledad Ortega N/ Mujeres Hoy
Violeta Barrientos, directora del Centro Latinoamericano de Sexualidad y Derechos Humanos (Foto: Soledad Ortega, Mujeres Hoy).
 
Lograr que los derechos sexuales se reconozcan como derechos humanos y crear una agenda regional política y académica sobre esta dimensión. Este es el desafío del naciente Centro Latinoamericano de Sexualidad y Derechos Humanos, con sede en Lima. Su directora, Violeta Barrientos, participó en un seminario organizado por el centro y Flacso Chile sobre el tema y conversó con Mujeres Hoy.

(Mujereshoy) Hace unos años, cuando la abogada Violeta Barrientos realizaba su doctorado en Literatura en Francia descubrió una gran diferencia entre los feminismos europeos y latinoamericanos, que inclinó la balanza hacia éstos últimos, gracias a la innovación en sus estrategias en contraposición del racionalismo europeo. “El feminismo latinoamericano tiene la particularidad de sacar a flote las emociones, las pasiones, las sensibilidades, hasta la propia sensualidad de las mujeres a través de su militancia feminista. No solamente está centrado en lo ideológico, por lo mismo, es bastante integral”, sentencia la directora del Centro Latinoamericano de Sexualidad y Derechos Humanos, en entrevista con Mujeres Hoy.

Es esa multiplicidad de miradas y esa postura más integradora de todas las dimensiones humanas la que Violeta quiere capturar para el trabajo de este centro, que con sólo dos años de vida, planea construirse como un referente regional, de soporte y forma de conexión, entre los agentes sociales que abogan por la integración de la sexualidad en los derechos humanos, incluyendo los ejes de la heterogeneidad cultural, diversidad sexual y diferencia de género.

El Centro Latinoamericano de Sexualidad y Derechos Humanos nace como parte de la iniciativa “Creando un diálogo global en sexualidad y bienestar", proyecto de la Fundación Ford a nivel mundial, que ya ha implementado cuatro centros que proporcionarán apoyo necesario a activistas y organizaciones, así como a investigadores/as y académicos/as del área, buscando, por cierto, establecer un puente entre ambos mundos.

Actualmente existe un centro en San Francisco, Estados Unidos, otro en la India, que monitorea Asia, y el de Nigeria, para África. La oficina latinoamericana, que funciona bajo el alero de Centro para la Mujer Peruana Flora Tristán, cubre a Colombia, Argentina, Chile y el propio Perú, junto con coordinarse con una sub sede en Brasil.

Violeta Barrientos asegura que la sexualidad se ha introducido en el mundo público y político desde la dimensión de la salud, lo que a la larga ha significado una invisibilidad de la misma y sus múltiples aristas. “Queremos construir una relación, que los derechos sexuales sean reconocidos y validados como derechos humanos, de ahí nuestro énfasis en la perspectiva política y legal, de cómo pasar la sexualidad del ámbito privado al público, que se debata en democracia. Es por eso también que estamos en contra de las tendencias dogmáticas de los fundamentalismos”, dice.

En busca de estrategias para lograr tamaña misión y de internalizarse con las particularidades locales, el centro organizó junto a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Chile el seminario- taller “Hacia una agenda sobre la sexualidad y derechos humanos” el 17 y 18 de noviembre pasado en la capital chilena.

En el encuentro participaron representantes de la Comisión Nacional de Sida (Conasida), del Foro Red de Salud y Derechos Reproductivos, de Sur Profesionales y del Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (Mums), entre otras organizaciones sociales.

“El seminario es parte de un plan de trabajo previsto para levantar información de cada país donde se va a actuar. Y dado que es un proyecto participativo, queríamos que los actores políticos de cada país nos dieran coordenadas desde donde organizarnos para apoyar”, cuenta la activista.

-¿Cuál sería el diagnóstico inicial de la realidad chilena?
-Creo que no se ha ahondado aún en el aspecto de derechos sexuales como derechos humanos a nivel social masivo. Pero la gente está entusiasta, con ganas de hacer cosas desde diversos puntos. Creo que se avanza porque finalmente las prácticas sociales pueden más y son más fuertes que las normas morales que se puedan dictar.
Aunque acá todavía hay muchos poderes conservadores que están en el poder.

-¿Descubriste alguna diferencia en este ámbito con la sociedad peruana?
- Nuestra sociedad es mucho más heterogénea que la chilena, entonces tenemos sectores de la sociedad que no han llegado a acceder siquiera a los servicios básicos, en términos de modernización. Pero en cuanto esas personas llegan a tener un atisbo de modernización van hacia las ciudades, entonces hay un fuerte flujo migratorio, que produce grandes y drásticos cambios en las costumbres de la gente.

Por lo tanto, no hay una norma que pueda regir todo el caos social de Perú en cuanto a su heterogeneidad. No hay una garantía de que, por ejemplo, se cumplan los preceptos que pueda enviar el Ministerio de Salud a la luz de lo que diga la iglesia conservadora. Es una conducta que conlleva otro orden social, pero que muchas veces también conduce a la violencia. Dentro de eso, la cuota es desfavorable para las mujeres y para los niños y niñas.

-Una de las intenciones del seminario era establecer contacto con las ONG nacionales y establecer redes de trabajo, ¿cómo fue ese proceso?
-Acá todo el mundo participó de muy buena gana. Pasó por presentarnos, conocernos, porque acá no sé conocía bien el proyecto del Centro.

La idea no es elaborar una agenda oficial y común respecto a la sexualidad, la idea es abrir primero un espacio de discusión donde la gente ha dicho ‘después de mucho tiempo, sin la presión de reunirnos por hechos coyunturales, tenemos un espacio para discutir sobre la sexualidad’.

Se logró un documento sobre las líneas estratégicas que debería asumir el Centro respecto a Chile para así proporcionar los recursos necesarios sobre la base de las urgencias que las organizaciones planteen. Ahora estamos a la espera de esas determinaciones.

La idea era compartir problemas comunes, donde surgieron críticas al centralismo en la toma de decisiones, o la división entre la academia y el movimiento. La discusión también se fue por ese lado, qué saberes se construyen desde los movimientos y cuáles son asimilados desde el ámbito académico y cómo son difundidos. Por lo mismo, nos gustaría crear espacios comunes entre ambos mundos.

-¿Y puntualmente qué tan integrado está en Chile la dimensión de la sexualidad como un derecho humano?
-No se ha hecho acá una elaboración teórica al respecto. Yo creo que la situación en Perú es un poco distinta, han surgido más discusiones desde las organizaciones feministas. En Chile hay una lucha por incluir esta dimensión en su legalidad.

Sí hay una conciencia de la gente que la sexualidad es un terreno de disputa política, que la sexualidad es un terreno de relaciones de poder. Porque todo eso está invisibilizado y se asume como algo natural, que la sexualidad es una construcción y que por tanto, esas relaciones de poder pueden cambiar y elaborarse otro tipo de relaciones entonces más democráticas. Y eso es lo que nos interesa.

Esto abarca desde los saberes de la sexualidad que muchas veces han sido oscurecidos por dogmas, hasta las prácticas de sexualidades diferentes a la heterosexualidad.

-¿Qué viabilidad crees que exista de que esta temática sea discutida a nivel de la ciudadanía masiva?
-Es sorprendente ver que Chile, que va a la vanguardia de la economía, tiene discursos entre sus agentes sociales muy conservadores. No sé cómo un país que va tan desarrollado y abierto en lo económico tiene discursos tan cavernarios. Hay discusiones que desconocen todos los análisis y las reflexiones históricas que se han hecho sobre los derechos humanos y las consideraciones que se tienen sobre los y las individuos independiente de su orientación sexual, sexo, edad, condición sexual.

Eso demuestra que la economía no arregla por arte de magia las relaciones humanos y que los derechos políticos se deben construir en un ambiente de debate y apertura democrática. Los avances económicos no transforman a un país en democrático.
Desconocer los valores y derechos de las personas es una falta grave.

-¿Y cómo observas esta dimensión en el resto de Latinoamérica?
-Me sorprende los avances sociales que se están teniendo, con cierto retraso con Europa, por ejemplo, pero también nosotros hemos soportado sociedades que han sido colonizadas, no hemos tenido su misma historia.

Sin embargo, se han logrado avances de determinado tipo en Brasil, México, Argentina, y hay relativa tolerancia hacia las diversas prácticas. Pero debería existir libertad para todas las identidades sexualidades cuyo límite sea el ejercicio del poder ajeno, cuidar que no se produzca una relación de inequidad entre las personas que practiquen esa relación.

Otro aspecto muy rescatable es que últimamente la dimensión de género se ha incorporado en varios aspectos, gracias al trabajo de las organizaciones sociales. Se ha recuperado el valor de género en muchas normas políticas. Aunque en algunos países ha habido cierta marcha atrás. Por ejemplo, en Perú se destituyó una ley de Igualdad de Oportunidades aprobada por un ministerio, luego del cambio de autoridad.

Hay que recordar, entonces, que los derechos sexuales también son fluctuantes y que se pueden perder. Es una lucha constante y, por lo tanto, debemos estar preparados y, sobre todo, unidos.



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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003