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ARTÍCULO
La rebelión mazahua
Mujeres mazahuas, 1989 (Fotografía: Mariana Yampolsky).
 
Las mujeres mazahuas cargan a sus hijos de un lado y del otro la escopeta de madera para defender su tierra. Son las mujeres zapatistas por la defensa del agua, de la comunidad Mazahua de Mesas de San Martín, que se organizaron y tomaron las armas simbólicamente para ser escuchadas.

(Mujereshoy) Caminando bajo la lluvia y en medio de un intenso frío, los cerros las han visto subir y bajar en su lucha por el agua. Son las mujeres zapatistas por la defensa del agua, pertenecientes a la comunidad Mazahua de Mesas de San Martín, una de las localidades más afectadas por mal funcionamiento de la obra hidráulica del Cutzamala, en el municipio de Villa de Allende, Estado de México.

La zona, ubicada a unas 3 horas y media de Ciudad de México, es fuente del agua potable del sistema Cutzamala, la red hidráulica que entró en funciones en 1982, y que tiene como tarea abastecer del vital líquido a gran parte del Distrito Federal y los municipios conurbados, informa la revista Proceso, de México.

Sin embargo, desde que la gran red inició su funcionamiento ha provocado daños ecológicos en la región. Los habitantes de los municipios de Temascaltepec, Villa Victoria, Villa de Allende, Valle de Bravo, Donato Guerra, Ixtapan del Oro y Santo Tomás de los Plátanos en el sur del Estado de México, ven cómo cada día mil 641 millones 600 mil litros de agua salen de sus comunidades hacia el Distrito Federal y la zona metropolitana, mientras ellos carecen del vital líquido.

En medio de este grave problema, y cansadas de que las autoridades “engañaran” a sus hombres para dar una solución a sus problemas, las mujeres de la región mazahua se organizaron y tomaron las armas simbólicamente para ser escuchadas.

Clausuraron la entrada principal a la planta potabilizadora “Los Berros” hace unas semanas y lograron la instalación formal de las mesas de negociación con autoridades de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

Ellas se encargan de preparar los alimentos, del lavado de la ropa, de la limpieza del hogar y de acarrear la leña, el agua para beber y llevar a los hijos a la escuela. También se ocupan del cuidado de los animales en el traspatio. Las niñas ayudan a la madre en los quehaceres domésticos.

La planta potabilizadora “Berros” del sistema Cutzamala, surte de agua a la zona metropolitana de la Ciudad de México y en menor proporción a Toluca. Sin embargo, las viviendas de las mujeres indígenas no cuentan con agua potable.

Además, en ese mismo año de 1982 la Comisión Nacional del Agua (CNA), construyó un depósito de agua, que, en teoría, abastecería del elemental líquido a esa comunidad, pero sólo funcionó seis meses. Actualmente, está en el absoluto abandono.

La vida

Con los rostros lacerados por micosis (hongos en la piel), las miradas seguras y las voces firmes, las mujeres narran sus principales carencias, que son la salud de sus hijos y la escasez de agua en la comunidad Mesas San Martín.

“Aquí son las mujeres, que en caballo o burro y a dos horas de camino, apenas conseguimos un garrafón de 20 litros de agua”, acusó Ofelia Peñalosa, de 29 años y madre de dos niñas.

“Ir a la escuela –señaló–, representa para las niñas y niños dos horas caminando, se tiene que levantar a los menores desde las cinco de la mañana, y ahí ir corriendo pa’poder llegar temprano, los libros se les echan a perder a mis niñas por las aguas.”

En tanto, Basilisa Vega Pliego, dijo: “Para poder ir al médico tenemos que caminar seis kilómetros, ir a la escuela y el agua son dos horas, a los burros les cargamos los garrafones de agua... los meses más duros, más secos, son marzo, abril y mayo.”

Aquí, conseguir agua significa esperar gota a gota durante horas, ya sea en un escaso ojo de agua de natural, como le llaman ellas, o en piletas insalubres, la cual usan para lavar, inclusive para comer.

De ello, la indígena mazahua Amalia Bernal Estrada, de 54 años, comentó que ella va sola a buscar el agua, lava la ropa de todos. “Somos mi marido y mis ocho hijos; llevamos años así”, relata.

Por su parte, con las manos frías por las bajas temperaturas Felisa Rodríguez Marín, de 75 años, explica: “Nos veían tontas, por eso antes sólo nos engañaban, puras promesas, puras vueltas nada más, los de la Comisión del Agua son responsables de todo, por sus construcciones y por la planta Cutzamala, los manantiales naturales se murieron.”

Mientras termina de enjuagar la ropa, Rosalba Crisóstomo, recuerda que llevan nueve meses luchando, “nosotras nos levantamos en armas porque ya no podemos más, llevamos años así, nosotras somos las que lavamos, las que más padecemos la falta del agua junto con nuestros hijos.

“Aquí –apuntó–, las mujeres se organizaron para luchar, siendo madres y trabajando en sus casas, yo me apuro aquí en la casa, cuando termino todo me llevo a mis niños y voy a las juntas con las compañeras para ver cómo va lo del agua.”

“Yo no me voy de aquí ni abandono a mi gente, yo estoy luchando por el agua, me visto con mi traje, y todas somos iguales en este movimiento, defiendo mis tradiciones, mi cultura”, detalla Iris Crisóstomo, de 18 años de edad, la más joven de las 25 comandantas mazahuas.

Nulos servicios

De acuerdo con información del gobierno del estado, en lo que respecta a salud y asistencia médica, en la región mazahua los programas no han podido responder a la dimensión de las necesidades reales de la población, debido al número, dispersión y difícil acceso a las comunidades, así como a la falta de recursos humanos y económicos.

Según el gobierno estatal, el alto índice de fecundidad Mazahua tiene su origen en la reducida aceptación que hasta ahora han tenido los programas de planificación familiar, al analfabetismo y las condiciones de pobreza en que viven la mayoría de las familias, así como en factores de carácter sociocultural, que limitan el avance de dichos programas.

Para el año 2000, los servicios en la vivienda, de las 427 comunidades indígenas mazahuas, tenían un déficit de hasta el 100 por ciento en 49 comunidades en drenaje, 35 carecían de agua potable y tres de energía eléctrica.

Su futuro

Vestidas con el traje típico mazahua defienden su cultura y tradiciones, la mayoría aún borda, teje, elabora sus vestidos que con motivos rosas, morados y azules; regalan una postal colorida a quien las observa tejiendo, cargando a los niños de un lado, la escopeta del otro, y hablando con los medios de comunicación de su situación.

Hoy, las mujeres de San Isidro, Berros, El Jacal, Soledad, El Salitre, Mesas de San Martín, San Felipe-Santiago, San Cayetano, San Isidro, Cerro del Salitre, San Simón y de otras comunidades, con su “levantamiento en armas”, obligaron a los tres niveles de gobierno, a realizar acciones para resarcir los daños que les causó la obra hidráulica.

Mujeres y hombres integrantes del Frente para la Defensa de los Derechos Humanos y Recursos Naturales del Pueblo Mazahua, comparten la lucha: la defensa de sus tierras.

Aunque por cultura las mujeres son las más golpeadas, también por valentía fueron ellas las que se levantaron en armas para defender el agua, pues “a sus hombres sólo los traían de un lado para el otro, por lo que tomamos las armas, y ahora las decisiones”.


Fuente: Argelia Villegas y Román González, Proceso.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003