| Chile: Las empresas frente a la violencia contra las mujeres
Son miles las chilenas víctimas de la violencia que trabajan y que llevan esta doble vida: valoradas en lo laboral y humilladas en la casa. El rol de la empresas debería ser más dinámico y participativo en este problema. Un estudio señala que las mujeres maltratadas son buenas trabajadoras y no bajan su rendimiento.
(Mujereshoy) Imagina ir a trabajar adolorida de cuerpo y alma, golpeada por quien se supone te ama, humillada, preocupada, tener que rendir igual y, más encima, disimular, porque no quieres que tus compañeros de trabajo ni tus jefes se enteren. No es exageración ni un caso particular, son miles las chilenas víctimas de la violencia que trabajan y que llevan esta doble vida: valoradas en lo laboral y humilladas en la casa ¿Deberían las empresas tomar cartas en el asunto, qué rol les cabe a ellas?
Si bien las empresas fueron concebidas para tener sólo una función económica que beneficie a sus accionistas o dueños, en las últimas décadas su campo de acción se extendió hacia ámbitos sociales, ambientales y éticos, incorporando los temas que la sociedad considera relevantes, es la llamada Responsabilidad Social Empresarial (RSE), que también se produce porque existe un mayor control desde la sociedad hacia las empresas, es decir, están más sometidas al escrutinio público producto de la globalización, del mayor acceso a la información de parte de la ciudadanía.
“En los últimos treinta o cuarenta años, los ciudadanos y ciudadanas organizadamente han empezado a exigir corresponsabilidades a las empresas para mitigar el impacto en el medio ambiente, impactos sociales y, más recientemente, impactos contables”, explica Reinalina Chavarri, cientista política y socióloga, directora de RSE de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chile, y agrega que “las empresas han sido vistas por mucho tiempo como organizaciones que no han estado conciliando sus políticas con lo que la sociedad ha estado demandando. Hoy han ido cambiando sus políticas”.
Por otra parte, las empresas también se han dado cuenta de los beneficios que les trae esta nueva actitud. Como explica la diputada María Antonieta Saa, “han ido descubriendo que cuando hay una ligazón de la empresa con la sociedad y con los trabajadores, también la empresa produce más y mejor, y eso tiene que ver con mayores ganancias”.
En el contexto de la RSE, por lo tanto, las empresas debieran tener algo que decir y que hacer respecto a la violencia en contra de las mujeres. Es cosa de sacar cuentas. Carolina Peyrín, directora ejecutiva de la Corporación Domos, organización que realizó un estudio sobre este fenómeno, explica que una de las motivaciones para hacerlo fueron las cifras que se manejan en este tema. Si las encuestas indican que, al menos en la Región Metropolitana, el 50 por ciento de las mujeres ha sido víctima de la violencia de parte de su pareja o familia, y que el 37 por ciento de las chilenas trabaja, necesariamente estos números se encuentran en algún punto.
“¿Cuándo la mujer va al trabajo, la violencia se queda en la casa?”, se pregunta Peyrín. Claramente no, y aunque el estudio señala que las mujeres maltratadas son buenas trabajadoras y no bajan su rendimiento, sí trabajan de una forma distinta: deprimidas, angustiadas, temerosas, desalentadas, ansiosas.
“Desde el punto de vista empresarial, cada vez hay más evidencia que son mundos que se influyen mutuamente, lo que ocurre en otros ámbitos sociales de las personas, en las familias y otros, influye en el ámbito de la empresa”, aclara la directora de Domos, quien también es coordinadora de la Red Puentes.
Se produce una paradoja: son mujeres exitosas, capaces, reconocidas en su trabajo, ganan su propio dinero y son relativamente independientes, pero al llegar a la casa sus derechos se esfuman, al igual que su aura de bienestar, y son humilladas, ya no valen nada. Y lo callan, viven una doble vida, pues las avergüenza contar por lo que están pasando en su vida privada en sus lugares de trabajo y tratan de esconderlo, a pesar de los avances que ha habido en esta materia, como la nueva ley de violencia intrafamiliar, que, entre otras cosas, ha logrado posicionar este tema en el tapete público.
“Hay un fenómeno que se ha estudiado en la violencia y es que la víctima se siente culpable, lo primero que se piensa es ‘qué hice mal para merecer este castigo’ y después está todo el tema de que le da vergüenza contar, ‘¿cómo se supone que el ser que más me quiere en la vida, me pega?’. Es muy difícil de sincerar. Ahora que el tema está puesto en la opinión pública y en la agenda política, las mujeres se atreven más a decirlo, pero en el ámbito laboral plantear esto debe ser muy difícil”, señala la diputada por la Región Metropolitana, María Antonieta Saa.
Además de ir en desmedro de la productividad de las trabajadoras y de pérdidas de su talento y capacidad, la violencia genera costos para las empresas, por licencias y ausentismo. También para los Estados. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la violencia en contra de las mujeres le significan a Chile cerca del 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
Visión empresarial
Desde la perspectiva de las empresas tampoco es fácil asumir el tema de la violencia en contra de las mujeres como propio. Existe temor a abrir la Caja de Pandora, a encontrarse con un mundo lleno de sorpresas que no están preparadas para enfrentar.
En este sentido, hay algunas empresas que se limitan a mantener su rol de económico y permanecen ajenas al entramado social y político en el que se insertan, acota Reinalina Chavarri, quien es también asesora del Comité de Inversiones Extranjeras del Ministerio de Economía, relegando el problema de la violencia a la vida personal de las trabajadoras o a otras instituciones.
“Todavía se observa este problema como que le corresponde a la señora Juanita en su vida privada porque (la de la empresa) es netamente una actividad económica, porque en los otros ámbitos están las políticas gubernamentales, la sociedad, la familia, hay otros contenedores. La empresa no lo ha asumido y por eso que sigue existiendo la RSE como una acción filantrópica”, sostiene Chavarri.
Pero también hay otras empresas, generalmente de capitales europeos, que “afortunadamente tienen otro paradigma y otra concepción del factor humano y entienden que la inversión que la empresa hace en el factor humano beneficia tanto a los trabajadores como a la empresa en su esencia y que todos estos problemas que ocurren en otros espacios, son una pérdida para la empresa”, dice Carolina Peyrín.
Pero aquellas que ya asumieron este problema como una de sus preocupaciones, tampoco están del todo tranquilas, pues cada vez aparecen más temas que pueden caber dentro del quehacer de la empresa y no se sabe dónde va a parar o qué más se les va a pedir.
Pero al menos en un tema tan fundamental para la salud física y psicológica de sus trabajadoras, las empresas puedan adoptar una serie de medidas, algunas muy simples y económicas y otras más complejas para prevenir los maltratos y ayudar a las mujeres que los sufren. La primera de ella es crear un ambiente de acogida, confianza y seguridad para que sus trabajadoras puedan contar lo que les está sucediendo y pedir ayuda sin temor a perder el empleo o ser discriminadas. Las expertas recomiendan también que los departamentos de recursos humanos puedan proporcionar orientación psicológica y legal, tanto a hombres como a mujeres. También hay ideas innovadoras, como insertar mensajes que deslegitimen la violencia en la música ambiental o en los envases de los productos. Como sea, el primer paso es tomar conciencia que quien trabaja al lado, la puede estar pasando muy mal.
Responsabilidad de las empresas frente a la violencia contra las mujeres: Maltratada en la casa, escondida en el trabajo
Fuentes: www.forociudadano.cl, 2006.
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