| América Latina. Leyes con nombre propio
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| Presidente de Costa Rica firma Ley de Penalización de la Violencia Contra las Mujeres. |
¿Qué efectos sociales y culturales tendrán las nuevas leyes contra la violencia sexista en Costa Rica, México y Venezuela? Mujeres Hoy convocó a las activistas de estos países, Ana Carcedo, Irma Saucedo y Magally Higgins, para conocer su opinión autorizada. A continuación la primera parte de este reportaje especial.
(Mujeres Hoy. I parte) Desde el 12 de abril de 2007, Costa Rica cuenta con la Ley de Penalización de la Violencia Contra las Mujeres un importante avance en materia de legislación específica. Al respecto, el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), destaca que esta Ley tipifica como delito el “femicidio” con pena de prisión de hasta 35 años “para quien dé muerte a una mujer con la que mantenga una relación de matrimonio, en unión declarada o no”. De esta forma, Costa Rica ingresa al grupo de países que ya tienen esta figura penal. Nos referimos a España y México.
Las organizaciones de mujeres del movimiento antiviolencia consideran clave esta figura penal. Entre los años 1995 y 2005, 300 mujeres han muerto en manos de sus parejas y/o ex parejas. En lo que va del año 2007, las víctimas suman siete, una de ellas con muerte neurológica causada por su ex pareja. Ahora, la existencia de este delito está obligando al Poder Judicial a incluir entre sus estadísticas estos asesinatos.
Trayectoria de la campaña
Para conocer de cerca las implicancias de la Ley de Penalización de la Violencia Contra las Mujeres, conquista que costó a las feministas organizadas largos años de movilizaciones y cabildeo, Mujeres Hoy conversó con Ana Carcedo, una de las lideresas de esta cruzada.
“Lamentablemente hemos comprobado una vez más que conquistar derechos en materia de violencia contra las mujeres cuesta vidas” advierte Carcedo refiriéndose a la coyuntura que permitió que un proyecto detenido por varios años, fuera aprobado en tres días. “Diez días antes de Semana Santa”, nos cuenta, “cinco mujeres fueron asesinadas en cinco días consecutivos. Nunca había pasado que en Costa Rica se produjeran tantos femicidios sucesivos. Fue un shock nacional”.
En esos días, la Asamblea Legislativa estaba en sesión extraordinaria a raíz de la discusión del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. A las activistas esta circunstancia no las detuvo para iniciar un fuerte movimiento de presión sobre la Casa Presidencial a fin de conseguir diera pase al proyecto que estaba listo para ser votado.
A las acciones de presión de las mujeres se unieron la propia Asamblea Legislativa, la Defensoría de los Habitantes y hasta de la prensa. “Finalmente Arias”, continúa contando Ana, “envió el proyecto a la Asamblea, y en tres sesiones se dieron los dos debates. Exactamente, tres semanas después de que empezó la ola de femicidios, el proyecto había sido aprobado casi por unanimidad. Sólo tuvo tres votos en contra. Eso sí, hasta el último momento, tuvimos que seguir presionando, contrargumentando entre pasillos para que los opositores no ganaran adeptos y con las barras repletas de mujeres que no paraban de cantar `no nos moverán` ´penalización ya, votación ya`”.
“Estamos tratando de recuperar las fechas en forma más precisa” advierte Carcedo cuando le preguntamos en qué año se iniciaron las acciones para lograr una ley específica contra la violencia sexista. “Pero fue aproximadamente en el año 1998 cuando nos reunimos informalmente en la Comisión de Derechos Humanos de Centroamérica (CODEHUCA), feministas de diferentes organizaciones y que trabajan en el Estado para conocer por dónde iban las propuestas sobre penalización de la violencia contra las mujeres en el continente. En esa ocasión surgieron algunas inquietudes, no creo que nadie tenga una memoria de aquello”, cuenta Ana.
Ana Carcedo es una conocida activista de larga y fructífera trayectoria en el movimiento feminista costarricence desde el Centro Feminista de Información Acción (CEFEMINA) creado en 1975. Esta organización es pionera en el área centroamericana por crear el Programa de Atención a Mujeres Maltratadas y, desarrollar, una exitosa metodología reconocida internacionalmente aplicada a los llamados Grupos de Autoayuda.
Carcedo es también investigadora y docente universitaria e integrante de la Red Feminista Contra la Violencia Hacia las Mujeres. En la década de 1990, ella y Monserrat Sagot, iniciaron una investigación sobre el Femicidio en Costa Rica que se convirtió en el primer estudio de su tipo en la región. Desde esta doble militancia ha trabajado incansablemente para hacer visible el flagelo de la violencia sexista.
En 1990, Costa Rica fue el primer país en el continente en tener una Ley de Igualdad Real a la que se sumó, en 1996, la Ley Contra la Violencia Doméstica. Carcedo recuerda que un grupo de feministas se incorporó a la Comisión de Seguimiento instalada en ese momento para monitorear esta flamante Ley. Fue una experiencia y un aprendizaje que ayudó al movimiento a compenetrarse con la verdadera esencia de una ley que nació con vacíos importantes.
Fue así como en el año 1998, las activistas deciden iniciar el largo y difícil camino para lograr una ley con nombre que hiciera justicia a las mujeres agredidas, como dijera en marzo del 2006, la legisladora Gloria Valerín, principal impulsora en el Cámara de Diputados del proyecto de ley de Penalización de la Violencia Contra las Mujeres.
“Después de la reunión en CODEHUCA, continúa Carcedo, “se hizo una convocatoria amplia para retomar la idea de elaborar una propuesta de penalización. Ahí ya nos pusimos como objetivo elaborar y defender una ley acorde con la realidad de la violencia sexista. En el proceso participó una gran cantidad de personas, sobre todo feministas. Construimos una alianza entre organizaciones feministas, movimiento de mujeres, el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), la Defensoría de la Mujer y otras instituciones estatales donde había personas, fundamentalmente mujeres comprometidas”
El proceso de redacción de este “novedoso proyecto” como lo califica Ana, tomó mucho tiempo ya que cada aspecto del mismo fue objeto de un debate en profundidad, además de ser sometido a muchas consultas “aunque no todas las personas participantes estuvieron de acuerdo, es que abrir brecha siempre cuesta más, ciertamente era un terreno nuevo y desconocido. Lo que no nos imaginamos fue cuánto nos iba a costar aprobarlo, pero tuvimos el apoyo y el trabajo muy activo de Ministras de la Condición de la Mujer y de Diputadas y Diputados, así como de sus asesoras y asesores. La lista es interminable”.
El papel de CEFEMINA
Ana continúa su relato.
“Creo que el mayor aporte de CEFEMINA ha sido la persistencia con la que hemos estado a lo largo de todo el proceso y la cabezonería con la que hemos defendido ciertos aspectos del proyecto. Porque aguantar la vela durante 10 años, en las buenas y las malas, en medio de la crisis de las organizaciones de mujeres que hemos vivido en el país, creo que tiene un mérito. Pero aunque no hemos sido las únicas constantes, sí somos la organización feminista que mas de cerca ha estado, pero cada vez ha sido necesaria una movilización y la respuesta ha sido, en general, fuerte”.
“Recuerdo que escribía este tipo de correo ´compañeras, ustedes saben que si no es necesario no las convocamos, por eso en esta ocasión se necesita el apoyo de todas para que en la Asamblea Legislativa…etc.,etc.´ Y ahí lográbamos tener una presencia muy diversa de organizaciones feministas, de organizaciones de mujeres, de funcionarias del Ejecutivo, de la Defensoría de la Mujer, de estudiantes de la Maestría en Estudios de la Mujer. En fin, las redes virtuales han sido muy útiles para lograr la movilización”.
Preguntamos a Ana ¿cuánto trabajo de cabildeo y movilización fue necesario?
“Ha sido una década donde hemos hecho muchas cosas. Por ejemplo, en la legislatura pasada durante un año entero una compañera del INAMU, Ivana Monge, y yo fuimos asesoras externas de la Comisión de la Mujer de la Asamblea Legislativa. Fue el período en que esta Comisión discutió y dictaminó el proyecto de Ley. Tuvimos innumerables sesiones de trabajo con diputadas, diputados y sus asesoras y asesores. También realizamos presentaciones de todo tipo, desayunos, almuerzos- sólo nos han faltado cenas- para explicar el proyecto. Por supuesto, incontables programas de radio y televisión, y aquí las compañeras del INAMU son las que han llevado la mayor carga”.
”Todas éramos compañeras”
Carcedo se emociona cuando rememora ese tiempo de movilizaciones y acciones diversas. Recuerda el día en hicieron entrega formal del proyecto al entonces Presidente Miguel Angel Rodríguez, quien lo acogió y envio a la Asamblea Legislativa. La fecha no pudo ser más significativa: 25 de Noviembre de 1999, Día Internacional “No Más Violencia Contra las Mujeres”, y como telón de fondo “una gigantesca marcha de más de 5 mil personas, después, en varios años hemos hecho también marchas de apoyo. De hecho la del año 2000 fue aún mayor”.
“En medio del proceso en CEFEMINA hicimos la investigación Femicidio en Costa Rica 1990-1999 para contrarrestar las reacciones de los agresores que clamaban que los hombres son agredidos igual que las mujeres. ¡Y la presentamos en la Sala de Expresidentes de la Asamblea Legislativa con lleno total!. Apuntando a lo mismo, es decir visibilizar la direccionalidad y la gravedad de la violencia contra las mujeres, empezamos en 1999 a hacer Vigilias Por la Vida de las Mujeres en pleno Parque Central de San José. Y después en provincias. Eran espacios bellísimos de encuentro, horizontales, donde todas éramos compañeras. Ninguna era Ministra, ni Magistrada ni Diputada. Todas mujeres defendiendo nuestros derechos”.
Mucha terquedad
¿Dices que un aporte de CEFEMINA al proceso era la “cabezonería” con la que defendieron ciertos aspectos de la Ley ¿A qué te refieres?
“Cuando empezamos el debate interno yo plantee que la ley debía ser de violencia contra las mujeres, que no podíamos arriesgarnos a que los agresores la usaran en contra de las mujeres. La primera reacción fue, ´pero eso no se puede hacer, la van a declarar inconstitucional´. Entonces dije que si nosotras no exigíamos lo que era justo y necesario y sólo nos quedábamos en lo posible y aceptable, nunca íbamos a lograr lo que nos proponíamos. En CEFEMINA veíamos como un gran riesgo un instrumento penal como violencia intrafamilia, precisamente por ser genéricamente neutro. Y en ese sentido planteamos que preferíamos que no hubiera Ley a que fuera de ese tipo. Y ahí fuimos todas finalmente, apuntando a lo justo y necesario. Te podés imaginar la alegría cuando la Sala Constitucional resolvió que no era discriminatoria contra los hombres, sino una acción afirmativa en lo penal!”.
El otro aspecto que defendió CEFEMINA fue que los delitos no fueran de resultado sino de acción. “Esas son las maravillas de no ser abogada, que se te ocurre cualquier cosa”, señala Ana. De nuevo la primera reacción: ´no se puede, tiene que haber un daño´.” Pero CEFEMINA se mantuvo firme, durante años muchas feministas habían cuestionado el uso de las lesiones en relación a la violencia contra las mujeres.
“Es decir ¿qué pasa cuando no hay una lesión? ¿Y de qué lesiones hablamos cuando se trata de violencia emocional? ¿Vamos a tener que recurrir, como se hace en algunos países, a diagnósticos patologizantes que tanta revictimización significan para las mujeres? Los primeros efectos de que una mujer haya sido considerada como teniendo el ´síndrome de mujer agredida´o que se le ordenen estudios psicológicos los hemos visto en la región desde hace rato, y han resultado en pérdida de derechos, en revictimización o en internamientos psiquiátricos”.
“Como me decían que algún daño debía de producir la acción para que fuera delito me volví experta en buscar tipos penales que a mis ojos eran de acción. Y descubrí eso que se llama el bien jurídico tutelado. ¡Eureka! Lo que hay que hacer es definir nuevos bienes jurídicos, y apostamos por el de la integridad personal. Y así se eliminaron los tipos penales: “quien haga… a una mujer…será sancionado con…. Son dos cabezonerías de las que en CEFEMINA estamos muy orgullosas, y digo siempre que se nos ocurrieron gracias a que algunas de nosotras no somos abogadas y vemos la traducción jurídica de los derechos de las mujeres con una mirada fresca y un tanto ingenua. Y las abogadas se echaron al agua, lo que creo que para ellas requirió más coraje”.
De cal y arena
En el año 2004, el Parlamento aprobó en primer debate el Proyecto de Ley que penaliza la violencia en contra de las mujeres. ¿El texto de este proyecto es el mismo que fue sancionado el 12 de abril?
“No es el mismo, lamentablemente. Conserva los aspectos centrales, pero el ámbito de aplicación se ha restringido al matrimonio y unión de hecho. Originalmente nosotras planteábamos que se aplicara en casos de existir relaciones de poder o de confianza. Esta fue la forma que encontramos de traducir el concepto ´Violencia contra las Mujeres´ como violencia que deriva de relaciones desiguales de poder, tal como plantea la Ley Belem do Pará. Pero por muy poco no pasó la consulta constitucional. La votación fue desfavorable 4 a 3. No descartamos que en la siguiente vuelta de impacto cultural, que sin duda esta Ley va a tener como la han tenido otras antes, la mayoría de magistrados y magistradas consideren nuestro planteamiento “irreprochable” como dicen ellos. De hecho en otras leyes penales vigentes aparecen algunos de esos conceptos, lo que nos hace pensar que la Sala Constitucional los calificó de imprecisos y por tanto inconstitucionales. Tiene que ver con una lectura anclada en lo tradicional… en la parte misógina de lo tradicional. Y bueno, ya se sabe, a nosotras todo nos cuesta más.”
¿Podrías destacar aquellos aspectos de la Ley aprobada que el movimiento considera positivos y que son un avance en la erradicación de la violencia sexista?
“Es una Ley penal, y era necesaria porque las medidas de protección de la Ley Contra la Violencia Doméstica se quedan cortas para ciertos agresores. Es específica de violencia contra las mujeres, no es genéricamente neutra. Sanciona todas las formas de violencia, física, psicológica, sexual y patrimonial e introduce tipología nueva sin paralelo o tiene cercanía con otros del Código Penal para ampliar la protección de derechos de las mujeres. Es especial, separada del Código Penal, lo que permite focalizar el problema y facilitar el seguimiento. Y tiene un poder educativo importante: la violencia contra las mujeres es un delito. Ya no es sólo una cosa fea o inmoral. Es ya un delito”.
En efecto la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres, considera penas de hasta dos años de cárcel a quien insulte, ridiculice o humille a una mujer y castiga con hasta 18 años de prisión a quien obligue a su compañera a mantener relaciones sexuales en contra de su voluntad.
Carcedo espera en el futuro, recuperar el ámbito de la aplicación de la Ley para que abarque cualquier tipo de relaciones. “El resto lo iremos viendo a medida que se vaya aplicando y surjan las dificultades y/o limitaciones”. Un requisito fundamental en el proceso de perfeccionar esta legislación es el monitoreo que las organizaciones y colectivos feministas planifican realizar en ámbitos gubernamentales, parlamentarios y de justicia.
“Estamos claras que pasar a lo penal da susto, por eso es clave el fortalecimiento de las mujeres y sus organizaciones a nivel local. Ellas serán las que mejor puedan monitorear la aplicación de la Ley, dar las alarmas tempranas y movilizarnos a todas para impedir que en la práctica entierren esta Ley, pues ya hay muchas amenazas. Pero siento que todas estamos muy entusiasmadas, y esta victoria nos da mucha más energía”.
El 24 de mayo de 2007, en ceremonia especial celebrada en el Auditorio de la Casa Presidencial, el Presidente Oscar Arias puso su firma al texto de la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres. El mandatario estuvo acompañado por la Primera Vicepresidenta, Laura Chinchilla y la presidenta ejecutiva del Instituto Nacional de la Mujer (INAMU), Jeanette Carrillo. En esta ocasión Arias dijo “la equidad de género no debe verse como un resultado de un proceso, sino como un requisito para nuestro desarrollo” y destacó el “privilegio de caminar con las mujeres por la senda de la seguridad”.
Fuentes: CEFEMINA, Mujeres Hoy, Terra.
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