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02.08.2007 Imprimir Enviar Comentar
ARTÍCULO

Argentina. Dicen que son “crímenes pasionales”

Luis María Otero (*)

A propósito del debate suscitado en Chile sobre el femicidio, el siguiente artículo escrito por un periodista argentino, representa la otra cara de la medalla en relación al tratamiento mediático que muchos medios ofrecen sobre los asesinatos de género. Luis María Otero, el autor de esta crónica es un especialista en el área de Derechos Humanos.

Argentina, con vaivenes y altibajos, ha realizado significativos avances en materia de prevención de la violencia de género durante los últimos años. Sin embargo, aún existen nichos en los que el tratamiento público de la violencia contra la mujer continúa expresándose con significantes subjetivos propios de los más oscuros siglos de patriarcado machista.

Por inexplicable que parezca, algunos de estos significantes subjetivos están enquistados en el periodismo. Inexplicable, porque en general quienes echan mano a estos significantes suelen ser periodistas progresistas, muchos supuestamente comprometidos con la problemática de género. En particular, se destaca la tristemente célebre calificación de un crimen como “pasional”, engendro con el que se invisibiliza la violencia contra la mujer.

No sólo se la invisibiliza; también se la desnaturaliza.

En la jerga periodística, la palabra “pasión” se utiliza para expresar un marcado entusiasmo por ciertas prácticas y disciplinas. Así, es común escuchar o leer “pasión por el fútbol” o “pasión por la música”, por citar sólo dos ejemplos. Sin embargo, jamás en mi vida he escuchado que cuando un barrabrava asesina a otro de un equipo adversario, se caracterice el hecho como “crimen pasional”, por no hablar ya de un músico exaltado que rompe su guitarra en la cabeza de un colega. Salvo, claro está, que la colega sea mujer y haya existido una relación afectiva con el homicida.

Dicho de otra forma, el latiguillo periodístico de “crimen pasional” nada tiene que ver con el significante periodístico de las pasiones.

La definición literal de “pasión” tampoco ayuda mucho a esclarecer el problema: la popular edición del Diccionario Enciclopédico ‘Nuevo Mundo’ la define normalmente como un “movimiento del apetito sensitivo” o a este mismo apetito, definición ambigua si las hay. También se define a la pasión como “el hecho de sufrir los efectos de una acción ajena”, aproximación vaga al recurso periodístico del “crimen pasional”, salvo que entonces éste debería integrar también –entre otros- a todos los episodios de violencia en los que las víctimas no tuvieron relación alguna con sus victimarios.

Pero no es así: la seudo calificación de crimen pasional solamente se utiliza cuando la víctima es objeto de la agresión de alguien vinculado afectivamente a ella, sea cual fuese la índole de este vínculo. Y como las estadísticas destacan que en alrededor del 90 por ciento de los casos (sobre todo fatales) la víctima es una mujer, el eufemismo de “crimen pasional” en realidad disfraza los episodios mortales producto de la violencia contra la mujer, o si se quiere ser más amplio, de la violencia familiar. Ésas sí son definiciones claras y precisas.

Siendo la palabra herramienta fundamental e insoslayable del periodismo, el negarse a expresar este delito con todos sus términos, es sin duda uno de los símbolos más claros del sexismo inveterado, cuyos cultores siguen pregonando que golpear y aun matar a la mujer es “normal” dentro del catálogo de contingencias de la vida de relación, tan normal como apasionarse por ella. Lo grave, es que este estandarte del machismo campea en lo más alto de prestigiosos medios de comunicación masivos (y por lo tanto del inconsciente colectivo), como podemos ver en los siguientes ejemplos de medios gráficos nacionales:

- “Córdoba: sospechan un crimen pasional en el caso del joven que apareció muerto en un río”. (Diario Clarín, 19/04/06)

- “Crimen pasional en Santiago: Parece que fue un juego sexual que derivó en tragedia. El novio la mató, luego mató al padre y dejó gravísima a la madre”. (Página 12, 18/03/07)

- “Los forenses reflotan la teoría del crimen pasional: Dos de los médicos que revisaron el cadáver de la víctima ya están declarando ante el fiscal Di Santo. Ante la prensa, ambos confirmaron que el homicidio se produjo donde fue encontrada ‘Norita’ y descartaron que haya sido violada”. (Infobae, 16/07/07)

- “El director de un diario brasileño, en un crimen pasional. Asesinó a su ex pareja, una periodista”. (La Nación, 22/08/00)

- “El dueño de la inmobiliaria en la que durante nueve años se desempeñó Noema Acuña descartó que la mujer haya sido víctima de un crimen pasional, y aseguró que esa mañana no llevaba dinero”. (Diario Río Negro, 30/08/02)

- “Voceros judiciales indicaron que en la resolución, el juez avaló la hipótesis del crimen pasional sostenida por el fiscal de la causa, Marcelo Martini, y destacó que el sospechoso habría alterado la escena del crimen para simular un robo y desviar el curso de la investigación”. (Diario El Día, 11/05/05)

- “La esposa de un prestigioso médico traumatólogo de la ciudad cordobesa de Río Cuarto fue asesinada en su residencia del exclusivo barrio Villa Golf, y los investigadores creen que la principal hipótesis apunta a un crimen pasional, informaron fuentes policiales”. (Agencia Télam, 16/07/07)

Va de suyo que estos ejemplos son una mínima ilustración de las 42.500 caracterizaciones de “crimen pasional” que pueden encontrarse en Google Argentina, la enorme mayoría referidas a expresiones de medios de comunicación masivos.

Lo que se esconde

Generalmente, los adjetivos calificativos que en periodismo acompañan a los sustantivos crimen y delito, suelen ser aclaratorios de la índole del mismo: por ejemplo, “crimen político” o “delito económico”. En el caso del crimen o delito “pasional”, ocurre todo lo contrario. Como se puede ver en los ejemplos precedentes, semejante tipificación esconde los verdaderos motivos de su comisión: la existencia de un sujeto violento. Es más, opera en el sentido contrario, ya que este eufemismo suele atribuir la violencia al comportamiento de la víctima: separación, relaciones con un tercero, despecho… El periodista que describe el hecho, suele tener una peligrosa tendencia a buscar “motivos” que, como cualquier experto en violencia doméstica sabe, no existen. Los episodios de violencia contra la mujer no tienen otra historia válida (como en el caso de los asesinos seriales) que la propia historia personal del agresor.

Peor todavía: las derivaciones bastardas del crimen pasional, los llamados “motivos”, “hechos” o “razones pasionales”, apuntan a confundir aun más sobre la verdadera índole de las fechorías: en la misma bolsa caen los que golpean a muerte a una mujer, los que abandonan riquezas y títulos por amor, los que son inducidos/as a delinquir por un seductor/a, los/las que se enfrentan contra un agresor de su pareja o los/las que asesinan por celos a un tercero. Todo es igual, no hay delincuentes, hay motivos que “justifican” el delito.

Y no es ocioso emplear la palabra “justifican”: siendo como es la pasión una suerte de desmadre de los sentidos, el vínculo entre crimen pasional y la figura ritual exculpatoria de “emoción violenta” caminan por el mismo sendero, para regocijo de criminales y abogados. Con horror me he sorprendido –hombre al fin- asintiendo comprensivamente con la cabeza cuando, frente al cadáver de una mujer desvastada por medio centenar de puñaladas, el periodista “aclara” que se trata de un “crimen pasional”. Ah, entonces sí… eso lo explica todo. Si fuera una viejecita sorprendida a la salida del cajero automático a la que le robaron el dinero de la pensión, mi cabeza se hubiera meneado en el sentido contrario.

Tal vez deba corregirme: no es “inexplicable” –como dije más arriba- que el periodismo siga usando este infame latiguillo: es chocante y prodelictivo. Su mera enunciación, exime al informador de caracterizar al hombre violento como criminal peligroso, a la violencia familiar como causante de miles de homicidios por año, a las políticas preventivas como ineficaces y a la denuncia al violento como una urgencia de vida. Decir violencia contra la mujer, decir hombre golpeador, decir asesino, no es lo mismo que decir “criminal apasionado”. Por el contrario, expresarlo de semejante forma es protegerlo, disculparlo, abonar el terreno para la próxima víctima.


(*) Periodista especializado en DD.HH. Corresponsal en Argentina de las revistas digitales Madrid Digital y Glocalia de España


Editado por Mujeres Hoy



Fuentes: “Crimen pasional", o de cómo invisibilizar la violencia contra la mujer. Artemisa Noticias.

 
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