| Medio Oriente. Voces de la razón
Editado por Mujereshoy.
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| Nourit Peled, pacifista israelí. Fuente: www.apeis.org |
El conflicto israelí palestino ha cubierto de sangre y muerte la Franja de Gaza. La operación “Plomo Fundido” lanzada por el ejército de Israel sólo puede calificarse de bárbara. En medio del horror, voces y presencias disidentes desafían al poder militar y los fundamentalismos.
(Mujereshoy). Esas voces tienen un rostro y una identidad, son las Mujeres de Negro de Israel y Palestina que secundadas por un amplio espectro de colectivos de mujeres pacifistas y feministas de diferentes partes del mundo, han levantado la consigna “dejen hablar a las mujeres”, y vaya que han hablado y muy fuerte. A contrapelo del total silenciamiento de las grandes cadenas de televisión y la prensa escrita de este mundo globalizado que tiene un solo ojo enfocado a lo espectacular.
Algunas de esas cadenas informativas que son parte de poderosos monopolios transnacionales con intereses en la industria armamentista, pasan por alto deliberamente y/o ignoran la presencia cada vez más viva de una disidencia, que alberga a importantes sectores de la sociedad civil opuestos a la guerra que rechazan a los políticos y dirigentes de los distintos bandos por su lenguaje de odio y violencia.
No hay soluciones militares “¡Es hora de escuchar las voces de la razón!”, esclama Hannah Safran, una de las voceras de Mujeres de Negro de Haifa y añade “por supuesto que existen otras soluciones que no tienen que ver con la violencia y el poder militar, pero una vez más nos enfrentamos a un liderazgo que solamente conoce una solución: GUERRA”. Safran destaca que el gobierno israelí debatió durante meses una solución para Gaza, de forma muy parecida a los frecuentes debates de los anteriores gobiernos israelíes. “Al final, a estos dirigentes electos y sagaces, mujeres incluidas, sólo se les ocurrió una solución, una visión, una ofensiva militar, como si no hubieran probado este tipo de solución en el pasado”.
Nourit Peled, un emblema Esto lo sabe muy bien, Nourit Peled, pacifista israelí a quien en el año 1987 una bomba de Hamas terminó con la vida de su hija Smadar de 14 años. Nourit Pelet es una de las figuras más destacadas de la disidencia en Israel. En el año 2001, acudió a recibir en representación del movimiento Mujeres de Negro, el Premio Andrei Sajarov, distinción que reciben personas y/o organizaciones que se distinguen en la lucha a favor de la paz. Nourit es hija del fallecido general y académico Matti Peled, quien fuera uno de los 12 miembros del estado mayor del ejército israelí en la guerra del año 1987, y después renunciará para dedicarse a luchar por la paz, por el diálogo con los palestinos, del que fue pionero. A continuación Nourit Peled recuerda este doloroso momento y reflexiona sobre la sinrazón de una guerra.
“Bibi, ¿qué hiciste?” Mi hija, Smadar, 14 años, fue asesinada en la flor de la edad, en el atentado de la calle peatonal Ben Yehuda de Jerusalén, el 4 de septiembre (1987) a las 15 horas. Ella había salido con su amiga Sivane, para comprar un libro. Yo le sugerí evitar el centro de la ciudad para no correr el riesgo de un atentado. Ella me respondió, y esas fueron las últimas palabras que le escuché: “No te preocupes mamá, no pasará nada”. Un silencio, y unos segundos más tarde. “¡Que suerte de tener padres como tu! El padre de mi amiga, Lulú, no le permite en absoluto la libertad de pasear por el centro. La pobre. Ustedes, ustedes son estupendos. De lo contrario, yo me enojaría”. Smadar no está aquí, ni su amiga Sivane. Lulú viene frecuentemente a nuestra casa y llora sin parar.
Unas horas después del atentado ví a mi hija en la morgue. Un lado de su cara estaba completamente quemado. Del otro lado ví su boca abierta en extremo, congelada como en un grito atroz, insoportable, estremecedor. Voy a recordar esa imagen mientras viva. Smadar, estandarte de nuestra familia, nuestra alegría permanente, no se encuentra más entre nosotros.
Antes, en varias ocasiones me han planteado una pregunta como desafío, a mí, la hija de Matti Peled, el combatiente por la paz, que pasó otras fronteras y tabúes para contribuir a una reconciliación histórica entre los pueblos palestino e israelí. “¿Qué diría usted si su hija o su hijo fueran asesinados en una operación terrorista palestina?” Yo tenía la costumbre de replicar: “Seguiría afirmando que la desastrosa política que somete a los palestinos a la desesperación es la fuente de esta catástrofe. Una infelicidad así, si hubiera de caer sobre mí, me reforzaría en mi convicción de que sólo la coexistencia entre los dos pueblos pondrá fin al ciclo de violencia y muerte de inocentes”.
Y ahora, la más monstruosa de todas las monstruosidades que es posible imaginar ha golpeado nuestra casa. Entonces, yo repito hoy lo que dije, y con mayor determinación aún, ahora que de mis ojos brotan lágrimas y que el rostro mutilado de Smadar, nuestra pequeña princesa, está siempre frente a mí. Y añado: es la política del primer ministro, Bibi Netanyahu, que trajo la infelicidad a nuestra familia.
Bibi era para mí un camarada de escuela y un amigo de la juventud. Durante años conservamos lazos de amistad, incluso después de que partió a Estados Unidos con sus padres. Cuando él llamó, la noche del día fatal, para presentarme sus condolencias, yo le dije: “Bibi, ¿qué hiciste?” El intentó defenderse, inútilmente. Porque yo considero a su gobierno culpable, indirectamente, de la muerte de mi hija y de todos aquellos que han perdido la vida en circunstancias similares. Su política es una provocación permanente contra el pueblo palestino. Ha empujado a los kamikazes a cometer esos odiosos actos terroristas que han costado la vida a inocentes como mi hija Smadar.
Razón de más para encontrar indignante la reacción, luego de cada operación suicida palestina, de aquellos que, entre nosotros, han contribuido con su comportamiento a esos atentados. Ellos dicen: “Vean ustedes, ellos (los palestinos) no son sino una banda de asesinos. No es posible tenerles confianza. La paz entre ellos es sólo un espejismo”.
“Los acuerdos de Oslo “añaden” son sólo un problema del que hay que deshacerse”. Esa es su lógica.
Durante su conversación conmigo, Bibi se extendió sobre la “bestialidad” de esos terroristas. Si supiera analizar los acontecimientos, en vez de repetir como un loro la palabra “terror”, él mediría el gran papel que juega su política en estos dramas donde perecen adolescentes como Smadar y Sivane…Pero él es en tal forma prisionero de sus propios slogans que no llega a comprender su responsabilidad en ese engranaje trágico. Peor aún: la acción del gobierno no sólo ha incitado a los extremistas a cometer esos atentados contra civiles, sino que no protege a los ciudadanos contra ellos. El que juega con fuego debería asegurar primero la seguridad de sus compatriotas. Me siento completamente traicionada por este gobierno.
Desde hace 30 años, Israel ha conducido una política desastrosa para nosotros y para nuestros vecinos. “Nosotros” hemos ocupado vastos territorios, humillado y expoliado a hombres y mujeres, destruido casas y culturas. Y, por la fuerza de las cosas, llegó la réplica. No se puede matar, hambrear, “acordonar” en sus reservaciones y humillar a todo un pueblo sin que un día estalle. Es la lección de la historia. Pero Bibi no tiene la menor noción de historia.
Para mí, en todo caso, no existe diferencia entre el terrorista que mató a mi hija y el soldado israelí que, en pleno acordonamiento de territorios no permitió que una palestina encinta cruzada una barrera para llegar a un hospital, de tal forma que ella perdió a su hijo finalmente. Estoy persuadida de que si los palestinos nos hubieran tratado como los tratamos “nosotros”, “nosotros” habríamos sembrado en ellos un terror 100 veces mayor. Olvidamos que cada familia palestina, o casi, ha sacrificado a uno de los suyos (muerto o herido) en el curso del medio siglo e conflicto que enfrenta a los dos pueblos.
¿Cómo debería reaccionar un palestino cuya casa ha sido dinamitada por las fuerzas de ocupación? Se han destruido miles de casas arbitrariamente durante 30 años en los territorios ocupados, sin hablar de los poblados desaparecidos después de la guerra de 1967. ¿Y qué debería hacer un agricultor cuyos olivares han sido arrancados para hacer lugar a una colonia judía? Algunos de esos olivos arrancados han sido llevados a Jerusalén (¡qué vergüenza!) sobre un terreno que lleva el nombre de Martin Luther King…
¿Quién sabe? ¿Tal vez los kamikazes que mataron a mi hija pensaban en su joven hermana, cuya casa está vacía y tiene hambre por el bloqueo? “Mi” gobierno es responsable de la desesperación que los ha llevado a ese acto terrible, injustificable.
Fuentes: Testimonio de una madre cuya hija fue víctima de terroristas. Bibi, ¿Qué hiciste?”. Le Monde Diplomatic, 1997. Nota y traducción de Rubén Moheno. La Jornada, 2001. México.
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