PANORAMA/Economía
21.07.2003
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PUNTO DE VISTA
El mundo no es una mercancía
Itziar Elizondo. E-leusis.net

 


Globalización de la economía, globalización de los mercados, globalización de las comunicaciones, globalización cultural. Es la palabra del momento, el signo de los tiempos. La globalización es la materialización de un pensamiento, el neoliberal, cuyo objetivo es la expansión con prisa y sin pausas del capitalismo.

Es tal la importancia del desarrollo tecnológico en esta expansión que se habla del surgimiento de una especie de “nuevo continente sin tierra”, en el cual las fronteras convencionales prácticamente desaparecen, dando lugar a la aparición de una “nueva economía”.

Podríamos decir que el paraíso terrenal al que aspira el mercado desde los orígenes del capitalismo está a punto de llegar. El mundo convertido en una mercancía, los 510 millones de kilómetros cuadrados de nuestro planeta transformados en un monopoly colosal donde todo se compra y se vende –productos, territorios, experiencias y personas–. No es una película de ciencia-ficción. Basta echar un vistazo a los McDonalds, a los programas basura, a la inmensa mayoría de las pelis de Hollywood, a las etiquetas de la ropa que tan gustosamente compramos porque, chica, está tan bien de precio.

El financiero George Soros considera que, “el sistema capitalista puede compararse con un imperio cuya cobertura es más global que la de cualquier imperio anterior. Gobierna toda una civilización y, como en otros imperios, quienes están por fuera de sus murallas son considerados bárbaros. No es un imperio territorial porque carece de soberanía y del boato de la soberanía; de hecho, la soberanía de los estados que pertenecen a él es la principal limitación de su poder y su influencia”. Este imperio es casi invisible, pues carece de una estructura formal, y la mayoría de sus súbditos supuestamente “no saben que están sometidos a él”, aunque su poder hace que quienes le pertenecen no puedan fácilmente abandonarlo.

Quienes se posicionan en contra de la globalización neoliberal, ésta no es más que una nueva forma de colonialismo, reemplazando las viejas formas de sometimiento, por otras más sofisticadas, impidiendo superar la distribución desigual del poder y la riqueza en el mundo. En resumen: “enaltece el fundamentalismo del mercado, exalta la libertad de comercio, impulsa el flujo libre de los factores de la producción (excepción hecha de la mano de obra, que continúa sometida a numerosas restricciones de diverso tipo), propugna el desmantelamiento del Estado, asume la monarquía del capital, promueve el uso de las nuevas tecnologías, favorece la homologación de las costumbres y la imitación de las pautas de consumo y fortalece la sociedad consumista”, según el organismo latinoamericano SELA.

Pero si hay algo verdaderamente global es la ideología patriarcal. Y mucho nos tememos que esta globalización neoliberal, si no corre pareja con una globalización real de los derechos humanos, reforzará el patriarcado. Ni más ni menos que el Banco Mundial opina que en los países del sur, “las barreras al empleo de las mujeres contribuyen a elevar el costo del trabajo y a reducir la competitividad internacional, ya que se impide a las mujeres ofrecer su fuerza de trabajo a salarios que desafían cualquier competencia”. Es decir, no queremos que las mujeres se emancipen para ser personas, sino para ser esclavas. Tampoco es una casualidad que en las sociedades desarrolladas la precarización del empleo haya coincidido con la llegada de las mujeres al mercado de trabajo. Antes como ahora, el capitalismo local y global necesita a las mujeres para subsistir, necesita un segmento de la población que sienta que está obligada a trabajar en los cuidados de las personas gratuitamente y que ello le obligue a aceptar trabajos con horarios flexibles, la mayoría mal remunerados.

La situación de las mujeres en la economía globalizada nos obliga a defender otra globalización, el “otromundismo”. Como apuntan las organizadoras de la Marcha Mundial de Mujeres, la primera manifestación feminista realizada a escala global, existen “dos sistemas mundiales de opresión, el capitalismo neoliberal y el patriarcado que se alimentan y refuerzan mutuamente. La fuerza conjugada de estos dos sistemas mantiene una gran mayoría de mujeres en todo el mundo en una situación de inferioridad cultural, en una desvalorización económica y social, en un no reconocimiento de su trabajo y en una mercantilización de su cuerpo”. Escuchemos también a Amartya Sen, premio Nobel de Economía de 1998, por sus contribuciones a la economía del bienestar, para quien, “la voz de las mujeres tiene importancia crítica para el futuro del mundo y no sólo para el futuro de las mujeres”.


Fuente: E-leusis.net