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Matilde Pérez, Collage sobre madera, 1973. |
La pionera del arte cinético en Chile, Matilde Pérez, fue invitada por dos jóvenes artistas a un diálogo intergeneracional en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la capital chilena. Un elocuente gesto con sabor a reconocimiento a una notable creadora escasamente comprendida por sus pares.
(Mujereshoy) La muestra, denominada “Tensión superficial” fue ideada por Magdalena Atria y Malú Steward, ambas exponentes del arte geométrico. Pertenecen a la nueva generación de artistas de Chile y por añadidura son admiradoras de la maestra, Matilde Pérez, quien en el decenio de 1960, introdujo el cinetismo en la escena plástica chilena.
La singularidad de esta muestra es que reúne a tres creadoras de edades y lenguajes diferentes con historias distintas, pero con la misma mística para enfrentar los desafíos que les plantean los colores, las formas, los espacios, y los juegos de ilusiones ópticas expresadas en el trabajo de cada una.
Rigurosidad y modestia
Magdalena Atria y Malú Steward explican por qué eligieron a Matilde Pérez. “Es una mujer súper rigurosa en su trabajo, muy constante y cero taquilla (que rehuye de la publicidad). No es una figura de poder como otros de su generación, que manejan las situaciones y se mueven con un séquito”.
Por su parte, Matilde Pérez a quien no le gusta exponer constantemente, se mostró sorprendida por la invitación y halagada por el interés de la nueva generación por conocer su obra. “Les celebro que reconozcan mi trabajo después de tanto tiempo trabajando sola, sin comentarios de nadie y recibiendo sólo risas de parte de mis pares”, dijo emocionada.
Esta mujer de 80 años, que a los 5 decidió ser pintora, cuando conoció al famoso artista húngaro Víctor Vasarely (1908-1997) en París, no dudó en absoluto del camino que debía seguir. Vasarely, pionero en el desarrollo del Op Art y del arte geométrico de la segunda mitad del siglo XX, reconoció su talento y la instó a continuar.
Matilde Pérez vive en permanente estado de creación. Moderna y audaz, está conectada con las nuevas tecnologías. Últimamente ha incursionado en la digitalización. Los tres cuadros que expone en el MAC constituyen una expresión de esta nueva etapa. Estas mismas obras forman parte de la muestra chilena expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de Sao Paulo que está celebrando su cuadragésimo aniversario. La Embajada de Chile en Brasil ya adquirió las obras de Matilde para donarlas a la colección del museo paulista.
La exposición de Sao Paulo, denominada “Trazos de razón”, fue organizada por la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores. Realizada por el curador Ernesto Muñoz, comprende un recorrido por 20 artistas de Chile de distintas edades, escuelas y formas de trabajo, vinculados por el arte abstracto y geométrico. La muestra se inicia homenajeando a Lily Garafulic (1911) y a Matilde Pérez. Ernesto Muñoz dice: “Ellas son los pilares de todo esto”.
Una incomprendida
La audacia en Matilde Pérez es su sello de garantía. En 1960, después de lograr una beca viaja a París dejando a su marido y a su pequeño hijo al cuidado de una suegra comprensiva. Fue su primer gesto de autonomía de los muchos que vendrían con los años. En París no se dejó atrapar por los clásicos cartabones de la época, empeñada como estaba en desarrollar el geometrismo.
En una larga e amena charla sostenida entre la artista y las editoras del libro Espejos que dejan ver: Mujeres en las artes visuales latinoamericanas, recientemente publicado por Isis Internacional, relató las experiencias que vivió luego de su regreso de París.
Fue considerada una excéntrica, algunos más cercanos se burlaban, incluso su marido, hoy fallecido, que era dibujante. Recordó que cada vez que empezaban a tocar el tema se peleaban. “Opté por trabajar en silencio”.
“Tuve conciencia hace mucho tiempo atrás –le confesó a una periodista en una entrevista– de que el arte, para mí, había dejado de ser localista, porque el mundo se ha reducido y ahora tengo conciencia absoluta de que ya no hay países separados, sino todos conectados. ¿Cómo voy a estar pintando la cordillera de los Andes?, no estoy en contra de eso, pero no es para mí, me interesa un arte que refleje una época como la nuestra, con posibilidades de recreación, de multiplicación y de expansión... el movimiento forma parte de nuestro diario vivir”.
Fuente: Ediciones de las Mujeres Nº 33, Isis Internacional, El Mercurio, Chile.
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