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Arte en movimiento
Hablar de arte cinético en Chile es hablar de Matilde Pérez (n. 1920). La importante trayectoria de esta artista excepcional está marcada por la pasión y una enorme capacidad de trabajo.
Su obra es pionera y como tal fue y sigue siendo poco valorada. A los 5 años decidió ser pintora: “Lo que nunca entendí fue por qué. No tenía a nadie en la familia que me hablara de arte, ni que me inculcara ninguna de estas inclinaciones”. Su relación con el figurativismo fue breve. En París, donde estuvo becada en 1960, conoce a Vasarely, el creador del pop-art.
“Tuve conciencia hace mucho tiempo atrás de que el arte, para mí, había dejado de ser localista, porque el mundo se ha reducido y ahora tengo conciencia absoluta de que ya no hay países separados, sino todos conectados. ¿Cómo voy a estar pintando la cordillera de los Andes?, no estoy en contra de eso, pero no es para mí, me interesa un arte que refleje una época como la nuestra, con posibilidades de recreación, de multiplicación y de expansión... el movimiento forma parte de nuestro diario vivir (citada en Castañeda, 1999).
La crítica señala que el trabajo de Matilde Pérez “destaca por sólidas estructuras, rigor de composición y control racional del color y la línea”. Durante casi toda su vida, Matilde Pérez ha investigado en los estímulos visuales. Confiesa sentirse fascinada con las últimas creaciones de la sociedad industrial, por ello no teme a la experimentación cuando se trata de nuevos materiales. Ahí están sus luces coloreadas que producen estímulos en la retina de quienes admiran su trabajo.
A lo largo de su vida ha sido merecedora de numerosos premios y distinciones, destacando la medalla de plata en la Bienal Mundial de Métiers d’Arts, de Lyon (1979); dos medallas de plata en Grabado y Arte Cinético, y una de bronce en Abstracción Geométrica, en la Quadriannale Mondiale d’Art Contemporain de Lyon (1979). En Chile ha obtenido la medalla por su trayectoria artística (1990), el Premio Municipal de Arte (1997) y la Condecoración al Mérito “Amanda Labarca” (1997).
“Una adelantada a su tiempo”, así la describe Magdalena Eichholz (1999), agregando luego:
“Rebelde, inquieta, luchadora, incansable, racional y ordenada, noctámbula y llena de vida. La Matilde que a los 5 años supo que quería ser pintora, la misma que a los 18, en vez de ir a misa, fue a inscribirse a la Escuela de Bellas Artes. La Matilde que en 1960, casada y con un hijo, partió sola a París. La misma que optó por hacer un arte desconocido en Chile. La Matilde que lleva una vida haciendo clases y que, pese a los años, sigue metida en el taller de su casa, en medio de óleos, acrílicos, pinceles, maderas, papeles, aluminio, ampolletas y cables.”
“Puede parecernos que el arte de Matilde está muy lejos del pasado, distante del presente y cercano al futuro. Sus obras, además de incorporar materiales poco tradicionales en el mundo de las artes, tienen la especial condición de no ser piezas únicas sino, todo lo contrario, son formatos adaptables a distintas técnicas y modos expresivos.”
“Sin embargo, el público chileno pareciera no estar del todo preparado para este tipo de creaciones. Acostumbrado a las flores, las naturalezas muertas y los paisajes, acostumbrado al cuadro decorativo, el arte de Matilde ha sido visto como una “rareza”.
"No podemos evitar sentir que en todo esto hay una suerte de paradoja; vivimos en un mundo plagado de tecnología, invadido de computadoras, teléfonos, fax, satélites, publicidad. La lista es larga y todos los días se le agregan nuevos elementos tecnológicos. Nada de ello nos resulta extraño; por el contrario, a diario hacemos uso de todos estos artefactos. Pero cuando la tecnología entra en el arte sí ocurre ese sentimiento de extrañeza e incluso de rechazo.”
“Quizás Matilde nunca ha estado fuera de su tiempo y en realidad somos nosotros los que seguimos arraigados en el pasado. Pero las fronteras temporales son relativas. Los tiempos se confunden, se entremezclan y traslapan, tal como la vida. En este sentido, Matilde pertenece al pasado, al presente y al futuro.”
Fuentes:
Eichholz C., Magdalena. 1999. Desde el presente. En: El ojo móvil. Matilde Pérez, pp. 59-80. Santiago de Chile: Museo Nacional de Bellas Artes.
Castañeda, Leonor. 1999. Pulsión escópica. En: El ojo móvil, Matilde Pérez, pp. 15-24. Santiago de Chile: Museo Nacional de Bellas Artes.
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