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26.08.2003
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ARTÍCULO
Sergio Vieira de Mello: Su voz será extrañada
Sergio Vieira de Mello (1948-2003) (Foto: Naciones Unidas).
 
La muerte de Sergio Vieira de Mello nos recuerda a un defensor de los derechos de las mujeres por considerar que su papel como pacificadoras era determinante. Amigo de todas aquellas personas que luchan por los derechos humanos, pensaba que la situación de Irak era uno de los capítulos más humillantes de la historia de ese pueblo.

(Mujereshoy) El Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres deploró el ataque del martes 22 de agosto a las oficinas de Naciones Unidas en Bagdad, que terminó con la vida de más de 20 personas, incluyendo a Sergio Vieira de Mello, Representante Especial de la ONU en Irak y Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

Sergio Vieira de Mello (1948-2003) era el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, cargo que había asumido el 12 de septiembre de 2002 en reemplazo de Mary Robinson, y el Representante Especial de la ONU en Irak cuando fue asesinado por una bomba que explotó bajo la ventana de su oficina en la sede de la ONU en Bagdad el 19 de agosto del 2003.

La muerte de Vieira de Mello, quien trabajó para la ACNUR y la ONU por 33 años y sirvió como representante especial del Secretario General en Kosovo y Timor Oriental, ha sido muy lamentada en el ámbito internacional de los derechos humanos, no sólo por sus cualidades personales, sino también porque era considerado la persona más idónea para manejar la crisis iraquí, luego de la ocupación anglo-estadounidense.

Sergio, como le llamaban muchos de sus colegas, era amigo de todas aquellas personas que luchan por los derechos humanos, sin tener en cuenta su orientación sexual e identidad de género; también apoyaba la perspectiva de género (incluyendo la igualdad de derechos para la mujer) en las Naciones Unidas, en los gobiernos, y en la sociedad civil.

En ese sentido, la Directora Ejecutiva del Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres (Center for Women’s Global Leadership), Charlotte Bunch, subraya en su declaración pública que Vieira de Mello era un eficaz abogado por los derechos humanos de las mujeres en las situaciones de conflicto, y que, en ese contexto, “su voz será extrañada”.

De hecho, agrega, uno de los impactos inmediatos del ataque en Bagdad ha sido la cancelación del auspicio de la UNIFEM/UNDO a la conferencia programada esta semana en la que las mujeres iraquíes discutirán sus roles y necesidades particulares durante el conflicto y el proceso de reconstrucción.

Bunch señala que es particularmente triste y preocupante que los pacifistas y trabajadores humanitarios que están tratando de atraer una gran presencia internacional en Irak, con el fin de ayudar a que se respeten los derechos humanos en ese país, sean víctimas del ciclo de violencia.

Asumir las responsabilidades

Sin embargo, la representante del Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres fue clara al hacer un llamado al gobierno de Estados Unidos y a cada uno de sus ciudadanos para que entiendan y asuman la responsabilidad de que las políticas de la administración de EEUU han contribuido a este ataque sin precedentes contra las Naciones Unidas.

Al respecto, dice textualmente:

“El daño realizado por las fuerzas de ocupación al tratar de ‘liberar’ a Irak a través de la intimidación militar, en vez de ayudar en las negociaciones multilaterales, ha puesto en peligro más vidas –las vidas de los iraquíes, de los soldados estadounidenses, de periodistas y ahora de funcionarios civiles de organizaciones internacionales y humanitarias. La práctica de esta administración, de desafiar los tratados internacionales, violando los derechos humanos en nombre de la ‘seguridad’, y menospreciando la importancia del multilateralismo ha socavado la autoridad de las Naciones Unidas y la universalidad de los derechos humanos en el momento que el mundo más lo necesita”.

Finalmente, Charlotte Bunch indica que este ciclo de violencia sólo puede ser roto “reencauzando las frustraciones del pueblo iraquí y dando a Naciones Unidas un rol de gran liderazgo en Irak. La comunidad internacional, incluidos los ciudadanos de Estados Unidos, deberían apoyar a la ONU en esta crisis y aprovechar esta ocasión para demandar cambios en la política de EEUU en la región. Debemos exigir un mandato más claro y permanente de las Naciones Unidas en Irak que les permitirá desplegar una misión permanente de paz multilateral que enfrente la crisis humanitaria y cree las condiciones para un proceso de reconstrucción que facilite el retorno de un gobierno propio en Irak”.