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Las remesas aseguran la sobrevivencia de las familias de origen (Foto: Banco Mundial). |
Ciento setenta y cinco millones de personas llevan a cabo un proyecto migratorio en todo el mundo e inciden en el desarrollo de sus países de origen, a través del envío de dinero a sus familias. Las remesas enviadas por las personas emigrantes a sus lugares de procedencia ha alcanzado las dos terceras partes de la ayuda oficial al desarrollo.
(Canal Solidario) Hace ya seis meses que Berta retornó a la ciudad ecuatoriana de Ambato. Durante dos años, esta mujer trabajó en casa de una familia española, cuidando de una casa y unos niños que no eran los suyos. Gracias a su esfuerzo ha podido ahorrar para alquilar una casa mucho mejor que el cuarto donde vivía con su familia y asegurar educación y asistencia sanitaria a sus pequeños.
Como en el caso de Berta, 175 millones de personas llevan a cabo su proyecto migratorio en todo el mundo e inciden en el desarrollo de sus países de origen a través del dinero que, por la vía formal o no, mandan a sus familias.
El dinero que los emigrantes envían a sus países de origen se ha convertido en los últimos años en uno de los principales ingresos para muchas regiones en desarrollo. Las remesas enviadas hacen que muchas familias puedan llevar a los niños a la escuela, recibir asistencia sanitaria e incluso crear un pequeño negocio. De hecho, datos del Banco Mundial aseguran que en poco tiempo la cantidad de divisas enviadas por los emigrantes a sus lugares de procedencia ha alcanzado las dos terceras partes de la ayuda oficial al desarrollo.
América Latina y el Caribe son en estos momentos las regiones que más divisas ingresan. En el año 2000, los países del subcontinente recibieron 25.000 millones de dólares en concepto de remesas, seguidos por el sur de Asia, que ingresó 16.000 millones. Según la Organización Internacional para la Migración, la entrada de este dinero tiene un impacto nacional e individual.
“A nivel nacional, reducen la pobreza, contribuyen a colmar la brecha comercial, facilitan el pago de la deuda, acrecientan las reservas de divisas y flexibilizan las restricción en los créditos.” Las familias, por su parte, cubren la mayor parte de los gastos del hogar gracias a este dinero, que en muchos casos “representan más del 50 por ciento” de sus ingresos.
Pero el dinero enviado por los emigrantes a sus países de origen no se traduce siempre en desarrollo local.
Organismos como el Banco Mundial y la Organización Internacional para la Migración y ONG como Fundación Intervida advierten de este hecho.
Como explican desde Intervida, si bien es cierto que en regiones como Guatemala las divisas permiten la subsistencia de “más de cuatro millones de personas en el país”, este dinero “no incide en su desarrollo, porque la media mensual de remesas oscila entre los 150 y los 200 euros para familias con un promedio de cinco a ocho miembros”.
La emigración de más de 90.000 guatemaltecos cada año hacia otros países supone también “la desintegración familiar y social” y la pérdida de fuerza laboral, “imprescindible para promover los procesos de desarrollo”.
Asimismo, el envío de remesas directamente a las familias “pueden acrecentar las desigualdades urbano-rurales”, ya que suelen incidir en las ciudades, añaden desde la Organización Internacional para la Migración, que recuerda la “dependencia” que se crea en las familias de los países del Sur respecto a las economías de aquellas regiones donde trabaja la persona emigrada, así como la posibilidad de “sufrir fluctuaciones en los flujos de remesas”.
Fuente: Canal Solidario, España.
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