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22.01.2004 Imprimir Enviar Comentar
ARTÍCULO

Créditos contra la pobreza

Detalle de pintura “Las hacedoras de tortilla” (1926) de Diego Rivera (Foto: Mamalee.com).

Trescientas mujeres, en su mayoría jefas de hogar, de sectores bajos de un pequeño pueblo de Oaxaca, México, son las primeras clientas de un particular banco que sólo presta dinero a mujeres de su misma condición. Se trata de Bancomunidad, entidad que adoptó el famoso modelo del Banco Grameen de Bangladesh, que entrega microcréditos como una forma de salir de la extrema pobreza.

(Mujereshoy) Prestar dinero a mujeres muy pobres: esa es la misión de una organización civil de Oaxaca, que apuesta a transformarse en una fórmula viable para el desarrollo de los sectores más desposeídos y una alternativa a la emigración de las personas de comunidades marginadas de México.

Hace dos años, el Centro de Desarrollo Comunitario Centeótl, al percatarse de la carencia de servicios financieros en la región de los Valles Centrales, comenzó con un programa de crédito llamado Bancomunidad. El objetivo es entregar créditos a mujeres que, antes de su creación, vivían en la mayor de las incertidumbres económicas y sin haber tenido jamás más en sus bolsillos más de cien dólares, debido a que las actividades a que se dedican son mal remuneradas y las obligan a vivir al día.

Bancomunidad es el modelo del ya casi legendario Banco Grameen de Bangladesh, creado por Muhammad Yunus y que ha convertido en un éxito el modelo del microcrédito en uno de los países más pobre del mundo.

Bancomunidad está afiliado a la red de la Fundación Grameen, con sede en Washington, y que promueve este modelo en varios países de América Latina.

El programa comenzó en Zimatlán de Alvarez, un pequeño pueblo de Oaxaca, y cuenta ya con trescientas socias, todas ellas pobres y en algunos casos maltratadas o abandonadas por maridos e hijos emigrados.

El requisito para participar es tener un patrimonio inferior a 30.000 pesos (2.780 dólares), algo que el fundador de Centeótl, Othón Cuevas, considera normal en esta zona agreste del sur de México.

Además hay un estricto reglamento que establece que los créditos se dan por etapas: un primer nivel de 1.000 pesos (92 dólares) se debe devolver a los seis meses, y tiene un importe del 10 por ciento que cubre los costos de prestar el servicio.

El quinto nivel, el más alto que maneja Bancomunidad, asciende a 5.000 pesos (460 dólares).

La región de Valles Centrales, donde funciona esta entidad financiera, es una de las de mayor índice de emigración hacia EEUU, lo que ha multiplicado la cantidad de mujeres que viven solas.

La encargada de capacitación de Bancomunidad, Leonor Zárate, explica que “ser mujer y ser pobre es una gran desventaja porque nos tenemos que enfrentar a una cultura machista y soportar la pobreza”.

Las mujeres deben ahorrar para ganar independencia, gestionar ellas mismas el dinero y responder por las dificultades que puedan tener.

Los responsables del programa lamentan que el Gobierno maneje programas asistenciales, en los que los y las más pobres reciben fondos, pero no se les obliga a devolverlos, lo que crea dependencias e impide que aprendan a ahorrar.

Para Zárate, parte del valor de este tipo de programas es que quienes participen en ellos “aprenden a quererse y a darse valor”.

Celerina Javier Fabián, una mujer separada de su esposo por los malos tratos que sufría, mantiene sola a cinco hijos gracias a una tortillería que montó con un microcrédito.

Desde su pueblo, Santo Domingo Teojomulco, en la sierra sur, emigró a una de las zonas más marginadas de Oaxaca, la colonia Vicente Guerrero.

Recuerda que su primer préstamo de unos 90 dólares le parecía muy alto, imposible de devolver: “Creía que no iba a poder pagar, pero ahora veo que sí y ya voy en el tercer nivel. Ahora ya no pienso de donde sacaré para la comida y estudios de mis hijos”, señala.

Se queja de que los bancos mexicanos “siempre le piden a uno papeles, te preguntan si tienes casa y cosas de esas, pero aquí es para ayudar a los pobres”.

Otro caso similar es el de Severiana Velasco Méndez, quien vive a unos 15 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, cultivando hortalizas.

Con un crédito y con su marido emigrado a EEUU y del que recibe algún dinero, estableció su propio huerto de cilantro y empezó a construir su casa.

La mujer aprecia el hecho de que la emigración le haya dado dinero, pero lamenta que cientos de mujeres como ella se queden solas, cuidando hijos, hijas y tierras, mientras los hombres optan por irse a EEUU.

Fuentes: Fuente: Agencia EFE.

 
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