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Logo de la campaña mundial contra el Sida |
La encargada del área de estudios de la Comisión Nacional del Sida (Conasida), Edith Ortiz, dio a conocer un diagnóstico de la realidad nacional que alerta sobre la epidemia del Sida en Chile. El informe indica que el VIH está afectando más a las mujeres, que ya llegó al mundo rural y que se extiende con rapidez en los sectores pobres.
(Mhoy) Los anuncios coinciden con las tendencias que se desprenden del informe mundial del Sida elaborado por la ONU en julio pasado, según lo publicado por el diario El Mercurio, de Chile. Uno de los problemas preocupantes es el aumento sostenido del contagio femenino. Mientras en 1991 se diagnosticó a 11 mujeres y 167 hombres, 10 años después estas cifras fueron 65 y 491, respectivamente. Esto indica que si bien en Chile el 87,36% de los casos de Sida corresponde a hombres –mayoritariamente originados en relaciones homosexuales– y el 12,64% a mujeres, la proporción se va acercando.
Los expertos atribuyen al fenómeno de la bisexualidad un factor de alto riesgo. Según Edith Ortiz, el rechazo que culturalmente experimentan los chilenos hacia opciones sexuales como ésta impide que ellas se declaren libremente, lo que pone en riesgo particularmente a las mujeres.
En Chile la mayoría de las personas afectadas tiene entre 15 y 49 años, edades en las que se concentra el 90% de los casos. Sin embargo, se evidencia una tendencia a la baja de la edad entre los 15 y 24 años, ya que la edad de iniciación sexual ha disminuido progresivamente y prácticamente se ha equiparado entre hombres y mujeres. Mientras quienes hoy tienen entre 60 y 69 años declaran haber tenido su primera relación sexual en promedio a los 20,8 (mujeres) y a los 17,3 (hombres), hoy los varones se inician a los 16 años y las jóvenes a los 16,2.
Otro factor que llama la atención es que el Sida dejó de ser en Chile una epidemia exclusiva de las áreas urbanas y se estima que se ha extendido hacia el mundo rural a través de la gente que viene del campo a la ciudad buscando nuevas oportunidades. Se contagian en la ciudad y al regresar al campo comienza la transmisión silenciosa del virus, explica Ortiz.
Por otra parte, el fenómeno de pauperización de la enfermedad se ha visto reflejado en Chile en el incremento de casos en la población de menor nivel educacional y ocupacional. De hecho, las últimas cifras muestran que el número de contagios de mujeres que sólo tienen educación básica supera más de tres veces los de las que han accedido a la educación superior y la presencia del virus es considerablemente mayor entre operarios que entre profesionales.
Desde la notificación del primer caso chileno, en 1984, hasta diciembre de 2001, 4.749 personas han enfermado y 5.276 viven con el virus (VIH) sin presentar síntomas. Los fallecimientos informados son 3.230. Todas estas cifras, no obstante, pueden no reflejar fielmente la realidad, ya que corresponden sólo al número de portadores notificados.
Ortiz, de ConaSida, y otros especialistas han enfatizado en que si bien el tener una pareja sexual única o estable es una de las formas de prevención que las campañas contra el Sida han marcado, el concepto parece ser ambiguo, ya que un joven de 17 años con una novia de tres meses puede considerar que tiene una pareja estable, así como un hombre que tiene una relación con una mujer, la concluye y comienza otra y otra sucesivamente, puede afirmar que siempre ha tenido pareja única.
Otro ángulo es que existen parejas en las que sólo uno de los miembros asume el compromiso real de la pareja única, quedando expuesto al contagio, por lo que se explica que la promoción del preservativo sea la idea fuerza de las campañas.
Fuente: El Mercurio, Chile
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