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(Mujereshoy) Diversos estudios muestran que comer pescado, sobre todo “azul”, dos o más veces por semana, ayuda a prevenir el daño pulmonar causado por el tabaco o el desencadenamiento de los síntomas asociados al asma, además de prevenir afecciones cardiovasculares. Así lo dio a conocer la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) en un comunicado público.
Esto se debería a que el pescado “azul”, tiene un alto contenido en ácidos grasos poliinsaturados. Dentro de la categoría de pescado “azul”, los menos grasos son el besugo, la trucha, el jurel, el pez espada y la palometa. Le siguen los pescados semi-grasos, como el bonito, las sardinas, los boquerones y las anchoas. Los más grasos son la caballa, el atún, el salmonete, el salmón, los arenques, las anguilas y las angulas.
El pescado azul fresco es una buena fuente de potasio, pero también aporta otros minerales como yodo, fósforo y hierro, vitaminas A, B y D.
El pescado azul es un alimento muy digestivo si se cocina con poca grasa: al vapor, asado, al horno o a la plancha. Si lo preparamos frito o en salsa, además de enmascarar su sabor, resultará algo más indigesto. Su contenido nutritivo se mantiene prácticamente intacto, seal cual fuere el método utilizado.
Otros estudios realizados en Estados Unidos por las asociaciones de Pulmón y Cirugía Torácica, indican que las personas fumadoras que consumen pescado dos o más veces a la semana sufren a lo largo del tiempo una menor reducción de su capacidad pulmonar que aquellos que fuman pero que no cuentan con este alimento en su dieta. Así se deduce su factor de inhibición de procesos inflamatorios relacionados con enfermedades respiratorias de tipo crónico.
“Se sospecha que el efecto protector del pescado en fumadores puede deberse a su aceite, muy rico, sobre todo si se trata de pescado azul, en ácidos grasos omega-3”, manifiesta el Dr. Izquierdo Alonso, neumólogo del Hospital General de Guadalajara y miembro del Área de Infecciones Respiratorias de la SEPAR.
En cuanto al asma, una investigación realizada en Australia mostró que el pescado contribuye a evitar o paliar los ataques de esta patología, cuyos síntomas son sibilancias, pitidos en el pecho y dificultades respiratorias.
“Está demostrado que la llamada dieta mediterránea, en la que se incluye por derecho propio este alimento junto a otros como la verdura, las legumbres y el aceite de oliva, es comparativamente mucho mejor que la dieta anglosajona, en la que predomina más la grasa de origen animal, y esto tiene unos efectos directos sobre el estado de salud de la persona”, añadió el Dr. Izquierdo, que recomienda la ingesta de pescado de forma habitual.
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