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ESPACIOS/Literatura
12.05.2004
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ARTÍCULO
Ana María Matute. Decana de las letras españolas
Fátima Carrasco*
Ana María Matute ha recibido diversos premios (Foto: www.mediaworkshop.org).
 
Ana María Matute es una de las voces más importantes de la literatura actual en España. Ganadora de numerosos premios, estuvo nominada para el Nobel en 1976. Recientemente, Fátima Carrasco, joven escritora peruana, la entrevistó para Mujereshoy. Fue un diálogo entre dos generaciones.

(Mujereshoy). Ana María Matute nació en Barcelona en 1926. Premio Nacional de Literatura y Miguel de Cervantes, Premio Nadal, Premio Lazarillo, Premio Falstenrath de la Real Academia de la Lengua, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, ha sido traducida a más de 12 idiomas, ex profesora y escritora visitante de las universidades de Oklahoma, Indiana y Virginia.

A su extenso currículum sólo cabe añadir su calidad humana. Quiere saber si soy la señorita que tuvo la gentileza de acordarse de ella y de enviarle un libro. Ambas reímos, porque es tanta la gente que se acuerda de ella que su hijo administra su tiempo, su agenda, pero una entrevista “no es ninguna molestia”, asegura.

La autora de decenas de libros esenciales en la literatura castellana, como Primera memoria, Los hijos muertos y Aranmanoth, entre otros, es la tercera mujer en ingresar a la Real Academia Española en tres siglos de institución. Matute tiene la cualidad de expresar las ideas más claras y firmes con la voz más suave y reposada.

¿Con cuál de sus libros se identifica más?
Ana María Matute:
Es difícil de decir. Depende del momento, del estado anímico en que esté. Es un tópico decirme que me identifico más con el libro que estoy escribiendo en este momento. Pero no solo me pasa con los libros que escribo, sino también con los que leo, incluso de mis autores favoritos. Hay momentos en que una se siente más cercana a determinados libros, es algo variable. Pero quizá de mis libros podría decir que Olvidado Rey Gudú es especial para mí, en cierto sentido.

¿Cree que es su obra maestra?
AMM:
Yo no lo sé, no soy la indicada para decirlo. Sé que algunos consideran que sí lo es.

¿Cuáles son sus hábitos de escritura?
AMM:
Nada, escribir, escribo a máquina, en una máquina electrónica. Corrijo hasta que me parece suficiente, entonces lo entrego para que el texto sea pasado a limpio.

¿Corrige mucho?
AMM:
Bastante, pero no lo suficiente, no todo lo que yo quisiera a veces, porque me meten prisa. Me gusta corregir usando lápices de distintos colores.

¿Qué cualidad prefiere en una mujer?
AMM:
En una mujer en sí no sé, quizás la misma que en un hombre. En un ser humano la lealtad es muy importante.

¿Qué objetivos artísticos persigue con su literatura?
AMM:
No sé, no tengo ni idea. No sé ni siquiera si a la literatura podría considerársela como un arte. Dicho esto, el objetivo más alto o más importante, quizás, sea llegar a hacer las cosas, lo que a uno le guste, en lo que uno crea, lo mejor posible, esforzarse en hacerlo con honestidad.

¿No cree que por escribir lo que piensan o sienten, muchos autores pagan un precio muy alto?
AMM:
A veces sí, en general, es el caso de muchos autores. Yo lo he pagado muy caro. Tuve la desgracia de desarrollar mi trabajo, mi vocación literaria en plena dictadura franquista, una época terrible. Mis libros estaban prohibidos, perseguidos, fueron tiempos muy duros para mí.

¿Cuándo empezó a escribir tuvo apoyo de su entorno?
AMM:
Sí, en realidad. De todos modos, yo de joven era muy reservada, muy callada. No hablaba de mis cosas. Es de mayor ya cuando yo me volví habladora. Era una chica muy introvertida. En mi casa sabían que yo escribía, pero no hasta qué punto era algo serio. Yo dije de pronto un día “van a editar mi libro” y se sorprendieron, estaban asombrados. Pero lo aceptaron, les gustó, reaccionaron bien. En mi familia no había artistas ni escritores. Y era un momento en que las niñas no eran escritoras, ya me entiende, supongo que lo mismo le pasaría a usted en el Perú.

Cierto, las niñas escribían poesía, pero no novelas.
AMM:
Así es, poesías y tocaban el piano, pero por entretenimiento, habilidad social, no de forma profesional.

¿Qué le diría a una escritora joven?
AMM:
Que escriba, que no arroje la toalla nunca, que no se rinda a pesar de las dificultades, de los obstáculos, que son muchos, ya sé. Como le dije antes, yo tuve que luchar contra muchas dificultades cuando fui joven. Me refiero al ambiente social y político en concreto, pero no al mundo literario. Felizmente, yo nunca tuve que hacer ese peregrinaje de una editorial a otra con un manuscrito bajo el brazo que era rechazado. No, en ese aspecto yo tuve la suerte de publicar mi primer libro sin esas dificultades. No sé tampoco si llamarlo suerte, quizá sea que me lo merecía, al fin y al cabo.

Usted ocupa el sillón de la Real Academia de la Lengua correspondiente a la letra K, ¿es una letra difícil, o rara?
AMM:
Las letras no tienen nada que ver con el sillón. Simplemente, según van muriendo los académicos, van dejando un sillón vacante. Pero la letra, cualquiera que sea, no influye para nada en el sillón que una ocupe. A mí me tocó la K mayúscula, hay sillones correspondientes a letras mayúsculas y minúsculas, cosa que tampoco influye. De todos modos, la letra K es escasa. Kilómetro, por ejemplo, es de poco uso, en cambio en el idioma euskera tiene mayor importancia.

¿Tiene una heroína o héroe de ficción preferido?
AMM:
Heroína no sé. Héroe, el Rey Arturo. No sólo él, sino todo su ciclo. Ginebra, en cambio, nunca fue santo de mi devoción. Pero sí los caballeros y Merlín. También me gustan mucho Tristán e Isolda. En general, siento pasión por la Edad Media, no porque la considere mejor ni peor que otras épocas o corrientes literarias, no, es simplemente cuestión de afinidad. Desde mi infancia llevo la Edad Media muy incrustada en mi sensibilidad.

¿¿Qué libro está leyendo ahora?
AMM:
Ninguno, nunca leo libros cuando estoy escribiendo, porque no quiero que interfieran en mi trabajo. Tengo para leer la La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, que me recomendaron mucho. Está pendiente.

¿Prepara un nuevo libro?
AMM:

Estoy empezando una novela. Sólo tengo unos folios. Pero no quiero hablar más de esto, nunca lo hago. Trae mala suerte, es como si algo invisible se perdiese. Hablar de lo que uno está escribiendo es como destapar un frasco de un perfume precioso: el aroma se evapora. Hay que mantenerlo cerrado y escribir, es lo mejor.




* Fátima Carrasco, escritora peruana residente en Barcelona. Es autora de las novelas El europeo (1995), y Últimas voluntades (2003), y del libro de relatos Perfectos desconocidos (1995). Figura en la antología Cuentas. Narradoras Peruanas del siglo XX de Giovanna Minardi (2000). Forma parte de la Red de Escritoras Latinoamericanas (RELAT).


Fuente: Colaboración especial de Fátima Carrasco para Mujereshoy.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003