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La población negra de Sudán está siendo exterminada (Foto: BBC). |
“La única diferencia entre Ruanda y Darfur –provincia de Sudán– son los números de muertos, torturados y violados... Algunas personas están usando el término ‘limpieza étnica’ para describir lo que está ocurriendo y diría que no están muy lejos de la realidad”, señaló Mukesh Kapila, coordinador de Naciones Unidas para Sudán. Para la ONU, esta es la mayor catástrofe humanitaria de los últimos años.
Desde hace 16 años existe una guerra civil entre el norte y el sur de Sudán. Su saldo: 2 millones de muertos y el desplazamiento forzado de 4.3 millones de personas. En febrero del 2003 se desató otra vez la violencia en ese país. En los últimos 17 meses casi 50 mil personas murieron y un millón fueron desplazadas de sus comunidades. Perdieron su hogar y sus pertenencias.
Sudán quiere decir “tierra de negros” en lengua árabe; es el país más grande y pobre de África. Es casi del tamaño de México –2.5 millones de kilómetros cuadrados de superficie–pero lo habitan apenas 27 millones de personas.
Desde que Sudán se independizó de Inglaterra en marzo de 1956, sólo ha tenido 11 años de paz, entre 1972 y 1983. La guerra civil ha sido su flagelo. Actualmente el país es gobernado por una dictadura militar que tomó el poder con un golpe de Estado en 1989. Desde entonces, las autoridades han tratado de islamizar al sur del país.
El norte es la región que posee mayor desarrollo económico y donde se toman las decisiones del país. Allí vive el 65 por ciento de su población, mayoritariamente de origen y lengua árabe, así como de creencia musulmana. El norte tiene desiertos, llanos y ahí se asienta la capital, Jartum.
En el sur hay sabanas, pantanos y verdes praderas. Es rica en recursos naturales –petróleo, uranio, fuentes de agua–; sin embargo, sus habitantes son pobres. Allí viven 57 grupos étnicos que constituyen el 35 por ciento de la población del país. Entre ellos están los dinka, los shilluk, los nuer, los nubios, y los uruk. Algunos de ellos mantienen ritos animistas previos a la llegada del Islam o del cristianismo.
Sudán es un país agrícola. El 80 por ciento de su población vive y trabaja en el campo y muchos de ellos son nómadas o seminómadas. Su territorio cuenta con una salida al mar Rojo y las tierras regadas por el río Nilo son tan fértiles que podrían alimentar a toda su población. Sin embargo, las áreas centrales, como Abyei, el estado del Nilo Azul y las montañas del Nuba, se encuentran en disputa.
En 1991 el gobierno central –de corte musulmán– intentó imponer la Shaira (ley islámica) en todo el país. Los conflictos étnicos se agudizaron y estalló la violencia. El Ejército Popular de Liberación de Sudán (EPLS) inició la lucha por la independencia del sur del país. El gobierno del presidente Omar Al Bashir utilizó todas sus fuerzas y recursos para combatir a los rebeldes. La guerra sumió en el desastre económico a un país que ya era pobre. Luego, en 1997, el Fondo Monetario Internacional le impuso draconianas medidas económicas que lo asfixiaron.
En el 2002 iniciaron unas tibias conversaciones de paz. En julio del 2003 ambas partes llegaron a un acuerdo con tres principales puntos: 1) un alto al fuego, 2) una autonomía del sur por seis años y, al cabo de este periodo, convocar a un referendo sobre la independencia, y 3) el compromiso gubernamental de mantener la Shaira sólo en el norte del país y ambas partes compartirían las ganancias de la exportación de crudo que realizan las compañías petroleras Talisman Energy y China Petroleum.
Darfur, la manzana de la discordia
En febrero del 2003 la población negra se levantó en armas en Darfur, provincia occidental de Sudán. Exigían acceso al agua y a tierras de cultivo y de pastoreo. Exigían también mayor autonomía y terminar con el maltrato que cometen los árabes del norte con agricultores negros de tribus como Fur, Massaleet y Zagawa.
En respuesta, el gobierno envió aviones militares que bombardearon las aldeas de los rebeldes negros. Más: financió y solapó a los grupos paramilitares que intentan detener la oposición con base en el aniquilamiento. De acuerdo con denuncias de diversas ONG, los janjaweed queman aldeas y mutilan, violan y asesinan a la población. Los dunka parecen ser su principal objetivo. Pocos dudan de que se trata de una “limpieza étnica y religiosa”.
El ejército sudanés ha masacrado a la población negra con el pretexto de que los rebeldes de Darfur están relacionados con el Ejército de Liberación Popular de Sudán (ELPS). Hasta ahora se calcula que los janjaweed son responsables de la muerte de 30 mil campesinos negros y del desplazamiento de un millón doscientos mil. Los refugiados han huido hacia la frontera con Chad, la cual tiene 600 kilómetros de largo y ya está salpicada de campamentos de desplazados.
Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), 15 mil refugiados se trasladaron en los últimos meses a la localidad de Bahai, en Chad, huyendo de milicias árabes y varios miles de refugiados están esperando entrar a los campamentos de Farchana y Bredjing, que ya albergan a unas 43 mil personas.
El presidente de Chad, Idruss Deby, suplica ayuda internacional, pues la llegada de los refugiados se traduce en una catástrofe para su país. Chad recibió a 120 mil refugiados sudaneses que cruzaron la frontera y hay otras decenas de miles que esperan la oportunidad de trasladarse hacia allá.
Los representantes del Alto Comisionado para los Refugiados de Naciones Unidas están elaborando un plan de contingencia para sostener a unas 200 mil personas.
Tanto la Organización de las Naciones Unidas como la Unión Africana enviaron observadores a la zona de conflicto y redactaron un detallado informe. Según el documento, las milicias árabes progubernamentales han estado frenando el envío de comida a los desplazados y detienen a cualquier persona que quiera salir de los pueblos. Entre ocho y nueve niños mueren diariamente por desnutrición. El informe plasma la desolación de decenas de poblados quemados o deshabitados. También señala que el gobierno de Sudán y los janjaweed tienen el objetivo de provocar la muerte por hambre a miles de refugiados en la región de Darfur al impedir que llegue la ayuda internacional a la zona.
Los asesinatos y violaciones sistemáticos realizados por estos paramilitares recuerdan el genocidio de Ruanda, dijo a la prensa internacional Mukesh Kapila, coordinador de las Naciones Unidas para Sudán, al tiempo que denunció el asesinato de 75 personas en Tawila, donde todas las casas y comercios fueron saqueados y cien mujeres fueron violadas frente a sus padres, los cuales después fueron asesinados. Uno de los testigos dijo que los milicianos encadenaron y quemaron vivas a varias personas.
El gobierno de Al Bashir reconoció haber movilizado “milicias de autodefensa” luego de los primeros ataques rebeldes en Darfur, pero niega cualquier vínculo con los janjaweed. Los refugiados aseguran que tanto la milicia como autoridades gubernamentales actúan coordinadamente.
Se trata de una situación desesperada, ya que esa región es desértica y el simple transporte de agua y comida para tanta gente, requiere de muchos recursos, vehículos y personal. Además, los campamentos de refugiados son atacados constantemente por los janjaweed. Algunos están prácticamente sitiados, salir a buscar leña o agua puede costar la vida. Los paramilitares atacaron la semana pasada y tomaron como rehenes a mil 700 personas, los cuales podrían ser vendidos como esclavos en las granjas del norte del país. Las principales víctimas son los niños y niñas que no sólo tendrán que trabajar como sirvientes o pastores, sino que serán también esclavos sexuales.
Recursos en juego
La doctora Heicke Krugger se prepara para salir hacia Sudán. Su misión: organizar la ayuda a los refugiados de Darfur. Ella forma parte de un equipo de médicos que envía la Unión Europea. La cirujana alemana ha trabajado muchas veces en África y en Asia, en zonas de guerra o de catástrofes naturales. Tiene mucha experiencia, sobre todo en Sudán, donde ha estado en varias ocasiones.
– ¿Qué pasa en Sudán?
– Heicke Krugger: El origen de la guerra es el intento del sur de independizarse. Están en juego los recursos naturales, las materias primas, las tierras y el petróleo. Hay una interrelación estructural muy estrecha entre el norte y el sur. El norte no puede subsistir sin el sur y el sur no puede sobrevivir sin el norte. En 1989, cuando se produjo el golpe militar, lo primero que se instauró fue la pena de muerte, las mutilaciones como castigo, las lapidaciones, latigazos y el velo obligatorio para las mujeres. Esto fue lo menos grave porque tradicionalmente las mujeres lo usaban aunque de una manera diferente que en otros países islámicos. En Sudán es importante cubrirse los hombros y las rodillas, pues tienen una connotación sexual. Los pechos no la tienen y es de lo más normal ver a las mujeres amamantando a sus niños, pero con los hombros cubiertos. Durante el golpe militar se instauró el toque de queda. El norte trató de convertir a todo el resto del país al Islam, pero no pudo.
– ¿Por qué estos horrores contra la población negra?
– H. K.: El gobierno considera a su población negra como inferior, así como a los pastores nómadas. Se trata de un racismo muy claro. Si las mujeres son violadas por árabes, a los ojos de las milicias y del gobierno les hacen un favor porque están mejorando su raza. Si los obligan a hablar árabe y a adoptar el Islam, les están haciendo un favor (…). En el sur las personas son muy diferentes a las del norte. Por ejemplo, los dinka tienen una piel nigérrima y miden dos metros de estatura en promedio. Sus religiones están más relacionadas con las fuerzas de la naturaleza, o son cristianos. El gobierno ha impulsado una campaña permanente de destrucción de aldeas y de quema de campos que les impida vivir. Ahora todos ellos son refugiados, aunque la ONU los cataloga como desplazados. Si huyen dentro del país, oficialmente no reciben la categoría de refugiados.
– ¿Qué hacer ante tal situación?
– H. K.: Para las organizaciones de las Naciones Unidas y otras como Médicos sin Fronteras o las misiones católicas y evangélicas, lo más urgente es trasladar a los refugiados al interior del Chad para protegerlos de los ataques de los janjaweed. Ese será parte de mi trabajo.
– ¿Cómo ha reaccionado la comunidad internacional? ¿Esperarán a que sea demasiado tarde, como sucedió en Ruanda?
– H. K.: A raíz de la emergencia humanitaria y de las masacres en Darfur, el gobierno ha recibido la visita de presidentes y ministros europeos. Nuestro canciller Fisher [de Alemania] estuvo allá, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, el secretario de Estado Colin Powel, el presidente de Francia, Jaques Chirac. Todos ellos pidieron el desarme de las milicias y mayor independencia del sur. El resultado: el gobierno de Sudán se volvió más terco, más testarudo. Bajo el pretexto de un enfrentamiento entre el cristianismo y el islamismo, los sudaneses del norte se han montado en su macho y se están radicalizando.
Fuente: Proceso, México.
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