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La población civil de Colombia y, en especial, las mujeres están contra la guerra (Foto: Jesus Abad Colorado). |
La Ruta Pacífica de Mujeres está convocando a todas las mujeres colombianas a unirse a la gran movilización hacia el Departamento del Chocó, al noroeste de Colombia, para denunciar tanto los efectos del conflicto armado en el cuerpo y en la vida de las mujeres chocoanas como la disputa territorial que allí se vive, en razón de sus riquezas naturales y su posición geoestratégica.
(Mujereshoy) La Ruta Pacífica de las Mujeres de Colombia nació no sólo para buscar una alternativa de resolución al conflicto armado, sino también para denunciar el exterminio sistemático al que son sometidas las mujeres de ese país.
El 25 de noviembre de 2003, más de tres mil mujeres se movilizaron hasta la región del Putumayo, departamento considerado en “ruinas” por los efectos de la fumigación, practicada a gran escala para frenar los cultivos de coca entre los años 2000 y 2002. Las fumigaciones han provocado un desastre ecológico, desplazamientos de campesinos, desempleo y aumento de la pobreza.
Esta vez, con ocasión de la conmemoración del 25 de noviembre, Día Internacional por la no violencia contra las Mujeres, integrantes de las organizaciones que componen la Ruta Pacífica de Mujeres de Colombia, y que, a su vez, forma parte del Movimiento Internacional de las Mujeres de Negro, se movilizarán al Chocó.
Este Departamento, ubicado en el noroeste de Colombia y limítrofe con Panamá, comprende la región natural del Chocó, en el valle del Atrato, y posee minas de oro y plata. Su población es en un 90 por ciento afrocolombiana.
La movilización tiene diversos objetivos: solidarizarse con las mujeres chocoanas, denunciar los efectos del conflicto armado en el cuerpo y en la vida de las mujeres de ese Departamento colombiano y dar visibilidad a la disputa territorial que allí se genera como producto de la confrontación por los negocios, por corredores geoestratégicos para megaproyectos y por el comercio de narcóticos y armas.
El drama de la población del Chocó
La población del Departamento del Chocó sufre una pobreza extrema y una grave inequidad distributiva. El 1 por ciento de propietarios posee más del 53 por ciento del área cultivable. El 67 por ciento de la población se encuentra bajo la línea de pobreza y cerca del 25 por ciento bajo la línea de indigencia, porcentaje que se ha incrementado sustancialmente en los últimos años. En el área rural, más del 40 por ciento de la población vive bajo la línea de indigencia.
Particularmente grave es la situación de la población desplazada, cuyas oportunidades en materia de trabajo, educación y salud se reducen considerablemente. El acceso de los desplazados a la atención de salud, a pesar de estar establecido legalmente, presenta dificultades de carácter administrativo que limitan la prestación de ese servicio básico.
La gran mayoría de la población afrocolombiana del Chacó se encuentra marginada de los beneficios del desarrollo, con un bajo nivel de vida, expresado en términos de pobreza, inequidad, violencia, discriminación, debilidad de su capital humano y fragmentación del tejido social.
Por otra parte, el Departamento del Chacó enfrenta una grave disputa económica. En un artículo en la revista Noche y Niebla la Diócesis de Quibdó establece que “con la falsa pretensión de querer solucionar el problema de la pobreza, los gobiernos y los grupos económicos buscan imponer un modelo de desarrollo que no es sostenible y atenta contra la soberanía nacional. El diseño y ejecución de grandes proyectos de infraestructura y agroindustriales se hacen sin consultas y concertaciones con las comunidades afectadas y para su implantación se recurre a la guerra, la muerte y el desplazamiento, tal como ya está ocurriendo en la región del Bajo Atrato con el cultivo de palma africana”.
El problema, según el mismo documento, es que el modelo económico que allí impera sólo sirve para el enriquecimiento de particulares nacionales o extranjeros, puesto que el capital que se genera no se reinvierte en las comunidades ni en desarrollo para el departamento, por lo que sus habitantes no hacen más que empobrecerse, ya que, en el mejor de los casos, participan como “peones”.
Además, en muchas ocasiones, las grandes empresas expropian la tierra de los campesinos, afectan el medio ambiente y el equilibrio ecológico y terminan por ser un espejismo que después de un tiempo dejan el territorio depravado y las relaciones sociales y culturales violentadas y afectadas.
La acción de este año
Algunas de las formas de violencia que el conflicto armado impone a las mujeres afrocolombianas que viven en el Departamento del Chocó están relacionadas con la irrupción violenta del mismo en sus prácticas culturales y en su cotidianidad. Otras están atravesadas por prácticas discriminatorias y racistas, de los actores armados y no armados.
Muchas de estas formas de violencia dejan ver lo que supone el desarraigo y la pérdida de sus tradiciones culturales, al ser forzadas a vivir dentro de su territorio, pero bajo el control de los actores armados, o bien fuera de su territorio por el desplazamiento, enfrentando al llegar a las ciudades una triple discriminación por ser mujeres, por ser afrocolombianas y por estar desplazadas.
La Ruta Pacífica de las Mujeres señala en un comunicado público que estarán en Quibdó y Tanguí “para decirle a los actores armados que no obliguen a la población civil a tomar partido en la confrontación, que no asesinen a quienes no queremos la guerra, que no destruyan la tradición y la cultura, que nos dejen vivir en paz.”
Tanguí es una comunidad que queda a 2 horas de Quibdó por el río Atrato. Su población, al igual que muchas otras en el Chocó, está permanentemente amenazada por los diferentes actores armados y la zozobra en mujeres, hombres, niños y niñas es cotidiana.
El comunicado de la Ruta Pacífica de las Mujeres señala, sin embargo, que el miedo no ha paralizado a la comunidad de Tanguí. “Allí las mujeres lideran el proceso organizativo y la actividad económica. Ellas pescan y cultivan la tierra. Igualmente, han formado grupos como las madres comunitarias para garantizar el cuidado de los niños y las niñas mientras sus madres salen al campo o al río. Igualmente, han formado el grupo de mujeres que bordan y cosen como una estrategia económica para la comunidad pero también para conservar su cultura. Son mujeres que desde su fortaleza y su capacidad de defensa del territorio resisten la crueldad de una guerra que no quieren y que no justifican desde ningún punto de vista”.
En Tanguí se espera la asistencia de unas 700 mujeres de la Ruta Pacífica, las que tienen previsto un acto político-simbólico de reparación para las mujeres de esa comunidad.
Más información: Irma Ortiz A. Comunicadora 310.503.83.36 comunicaciones@rutapacifica.org.co
Fuentes: Ruta Pacífica de las Mujeres, Revista Noche y Niebla.
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