|
Este es el titular más destacado de la prensa brasilera y se desprende de los aplausos de los ricos en Davos al discurso del Presidente Lula contra el hambre, el mismo que recibió insultos en Porto Alegre. Esto último sorprendió a muchos porque el Partido de Lula ha sido el rey de estos encuentros. Tanto los insultos en Porto Alegre como los aplausos en Davos han dado pie para toda una polémica en el Brasil. Fueron menos graves de lo que dicen los opositores y más serios de lo que afirman sus seguidores. La verdad es mucho más compleja.
Primero, un Foro que nació como respuesta a la reunión de poderosos en Davos, hoy se consolida en su quinta versión al reunir más de 110.000 personas de todos los rincones del Planeta y haber sobrevivido a su descentralización; el foro del 2004 fue en la India.
Segundo, Davos y Porto Alegre giran hoy alrededor del mismo tema, la pobreza, y dada la naturaleza del Foro Social, es evidente que los ricos han decidido adoptar el tema de Porto Alegre y no viceversa.
Tercero, tanto Davos como Porto Alegre se concentran en la situación dramática del África. Los primeros ofrecen limosnas, los segundos buscan políticas.
Cuarto, los dos foros se siguen moviendo en el discurso, pero empieza a crecer la impaciencia, especialmente en el Foro Social, por empezar a ver resultados.
Quinto, son los artistas de Hollywood, las nuevas estrellas de Davos, mientras los políticos como Chávez que se anuncia como cualquier cantante en las calles y los intelectuales como Saramago y Galeano, tratan de acaparar la atención de los sectores progresistas del mundo.
Pero el hecho más destacable es que en vez de alejarse, Davos y Porto Alegre, se tratan de acercar. ¿Será posible que los ricos y los pobres del mundo lleguen a ponerse de acuerdo sobre una agenda de desarrollo que sea funcional a los millones de desfavorecidos del mundo y no solo a los intereses de los poderosos?
Se habla ya de reuniones informales en París, durante el mes de junio, entre sectores que asisten a cada uno de estos grandes foros para tender puentes de entendimiento. Aparentemente, la vulnerabilidad de los pobres, como se demostró en el tsunami en el Asia, los altos niveles de pobreza de continentes enteros como el África y la inmensa riqueza de individuos aún en países pobres, están llevando a los líderes mundiales a sentarse a debatir, desde distintas orillas, los graves problemas de la humanidad. ¿Será demasiado optimismo?
El Presidente Chirac ha dejado el mensaje más progresista en Davos y le quitó el protagonismo a Tony Blair, quien inauguró el Foro Mundial. No solo habló de lo que menos le gusta a los millonarios, impuestos, para financiar los dramas del Tercer Mundo como el Sida, sino que afirmó lo evidente, pero que dicho por los líderes del mundo industrializado, adquiere particular relevancia: “El éxito de la globalización depende del desarrollo de los más atrasados.”
Mientras las estrellas del cine logran despertar la generosidad de los ricos en Davos, Porto Alegre ha podido sentar en la misma mesa al Banco Mundial y al Fondo Monetario, con las Naciones Unidas y con líderes de poderosas organizaciones sociales del mundo. Y si se comparan los debates actuales entre estos actores tan disímiles, con discusiones similares en Monterrey, a raíz de la cumbre sobre Financiación del Desarrollo, el cambio es radical.
En solo tres años, los vapuleados organismos internacionales, Banco y Fondo, han bajado el tono, mucho menos arrogante y más dispuestos a reconocer errores. Así mismo, las Naciones Unidas han perdido su aureola y hoy también se pide a gritos una reforma que la democratice. Interesante posición que no se dio antes con tanta fuerza.
Pero las ONG también han moderado su discurso, más elaborado, con mayor respaldo de información, más concreto. Se nota la intervención en sus planteamientos de intelectuales y especialistas en los diversos temas de la economía, de la política y, en general, de todas las ciencias sociales. Contrario a lo que cree el gobierno colombiano, las ONG han ganado mucho respeto en el mundo y hoy se sientan en un mismo nivel con los organismos multilaterales y con los gobiernos. En esa posición de subestimar y estigmatizar a estas organizaciones de la sociedad civil, Colombia también se está quedando sola.
Al observar los debates de Davos y de Porto Alegre, la nota común es de optimismo para aquellos que han luchado por reposicionar al individuo como centro del discurso del desarrollo. No es suficiente sin duda, pero puede ser un primer paso para un cambio radical en las prioridades de los países y de los organismos internacionales. La pobreza está en la mitad de todas las discusiones y al Presidente Lula se le debe, en algún grado, el cambio de prioridad entre los ricos del mundo. Sus frases sencillas, pero auténticas y su visión como líder regional que ha tenido el apoyo de presidentes africanos y asiáticos, han encontrado eco en momentos en que las Metas del Milenio cambiaron el centro del desarrollo de la estabilidad macroeconómica hacia la pobreza.
Sin embargo, para que esto se traduzca en cambios reales falta mucho. Una de las afirmaciones de Lula que mayor impresión ha causado es la siguiente: “El hambre no es un problema de los que tienen hambre. El hambre es un problema de los que están comiendo. Nosotros somos los que tenemos que asumir la responsabilidad de entender por que aquellos no están comiendo.”
Pero falta mucho para que el discurso se traduzca en cambios en las políticas que siguen imponiendo los organismos internacionales y que absurdamente aceptan como borregos muchos de los países en desarrollo, empezando por Colombia. Y en este campo, la sociedad civil que tanto se desprecia en el ámbito gubernamental de Colombia, tiene un gran papel que cumplir. Basta ver a nuestros representantes en las asambleas del Banco y del Fondo y aún en Naciones Unidas, haciendo mutis por el foro y dejándose manipular por los funcionarios de los países ricos, cuyos intereses son muy distintos a los nuestros. Como observadores, muchos de nosotros sufrimos al ver esta absurda sumisión especialmente frente a Estados Unidos. Es importante que se sepa que los representantes del Banco y del Fondo aceptan que debe haber presión para cambiar las políticas.
Ahora que la pobreza está en el centro de las preocupaciones, el reto para América Latina es aún mayor. Y esto apenas se vislumbra en Porto Alegre y no aparece para nada en Davos. Es evidente que no obstante sus altos niveles de pobreza, no es este su problema prioritario. En términos de número de pobres, América Latina y el Caribe tiene 128 millones actualmente, 11 por ciento del total, con una lenta tendencia hacia la reducción a 123 en el 2015. Con relación al número de personas desnutridas, mientras el África tiene 228 millones y el Asia 301 millones, la región latinoamericana tiene 49 millones con tendencia al descenso.
Con respecto a la mortalidad de menores medida en términos de millones de vida perdidas, mientras África y Asia tienen 4.7 y 3.1 millones de vidas perdidas, América Latina y el Caribe arrojan una cifra de 0.3. Finalmente, en términos de ingreso per cápita, el promedio de América Latina es de US$ 3.724 con tendencia al alza mientras África tiene US$ 520 y Asia US$ 602. Es bueno recordar que Colombia a duras penas llega a US$ 2.000 per cápita.
Los altos niveles de pobreza en América Latina, que carecen de toda justificación dado su nivel de desarrollo y su dotación de capital natural, financiero y humano, son sin duda uno de los grandes lunares del desarrollo latinoamericano, pero su gran drama es la distribución de sus beneficios que siempre se ha concentrado en muy pocos sectores convirtiendo a la región latinoamericana en la más desigual del planeta.
El reto consiste en lograr que las políticas que se pongan de moda, porque así es la vida, no se contenten solamente con asistir a los pobres sino que se traduzcan en mecanismos que traten de igualar por la base a las sociedades: no es educación de pobres para pobres y salud pobre para pobres, sino: educación básica pública para todos, acceso universal a la salud y las reformas de siempre que eliminen privilegios: reforma agraria o su versión moderna de impuestos a la tierra; sistemas impositivos donde realmente los ricos contribuyan más que los pobres; reforma urbana, gasto social focalizado. En fin, todo aquello que no se adopta en nuestros países por la presión de los ricos que además de la tierra y el capital tienen el poder para impedir los cambios.
Una presencia más visible en Davos y Porto Alegre de las verdaderas demandas latinoamericanas, es impostergable. Y el primer paso ya se dio. Si no, nos quedaremos en la lucha contra el hambre de Lula que es importante, pero no suficiente.
* Economista colombiana, ex ministra de Agricultura y ex ministra de Medio Ambiente de Colombia (en los gobiernos de Belisario Betancur y Ernesto Samper, respectivamente). Esta ponencia fue presentada por su autora en Porto Alegre, el 30 de enero 2005, durante el V Foro Social Mundial.
E-mail celopezm@aol.com
http:www.cecilialopezcree.com
Fuente: La Red Va, Vol. 7, año 7, Nº 3 (REPEM).
|