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MOVIMIENTOS/Feminismos
02.03.2005
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ARTÍCULO
Quince días de gloria, 10 años de backlash
María Suárez Toro, RIF/FIRE
Gina Vargas, integrante de la Articulación Feminista Marcosur (Foto: Radio Feminista).
 
La Plataforma de Acción de las Mujeres es una sobreviviente de los embates de los fundamentalismos (1). Esos que han querido erosionar el régimen de los derechos humanos. Por ejemplo, el derecho mismo de las mujeres a tener derechos. Ella es una sobreviviente de todas las guerras de la última década. De las declaradas, como las de Afganistán, Irak, Colombia y Somalia. Y ha sobrevivido, también, a la III guerra mundial.

(Nueva York/Pool de Mujeres en Medios, Beijing + 10) La III guerra mundial es la guerra no declarada contra todas las mujeres, contra sus derechos y contra su autonomía relacional (2), mediante la violencia de género, la inacción y el mainstreaming (3).

Ella es una sobreviviente del modelo neoliberal en el mundo. Ese que quisiera ver borrados todos los acuerdos de las Naciones Unidas. Es más, quisiera ver borrada las Naciones Unidas (ONU) mismas. Ella es una sobreviviente de la intersección de esas tres fuerzas, que la quieren redefinir para “incorporarla” a sí, sin cuerpo y desmantelar su alma.

Ella es la Plataforma de Acción (PAM) de la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, redactada y adoptada en los difíciles, disputados, pero gloriosos 15 días de 1995 en Beijing y en Huairou en China.

En ocasión de su venida al mundo, fue celebrada por sus madres-parteras: el movimiento mundial feminista y de mujeres, porque aunque fuera un parto que no contemplaba todo lo que ellas querían, podía ser el nacimiento de un proceso. Fue adoptada por los Estados miembros, quienes la recibieron con beneplácitos, declarados con bombos y platillos hasta por la prensa en esos días de gloria, hasta que empezó a crecer con dinámica propia. Como las mujeres: que todo el mundo las “quiere” hasta que se liberan y crecen desde adentro.

Y sus dos semanas de gloria, fueron seguidos por 10 años de backlash*. Ella no ha conocido ni la paz, ni la justicia, ni el laicismo político, cultural y social que parte del marco de los derechos humanos.

Gina Vargas, feminista peruana, dijo en la reunión consultiva del 17 de febrero de 2005, organizada por la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer con las organizaciones no gubernamentales (ONG), que “llegamos a Beijing + 10 con tres fuerzas globales en alianza y actuando en contra de la democracia, de las mujeres, de los hombres, de la diferencia, de la sexualidad, de la vida digna, acentuando las discriminaciones étnicas, de raza, orientación sexual, acentuando la pobreza y la exclusión, arrastrándonos a una demencial lógica guerrerista: estas fuerzas son la globalización neoliberal, el militarismo y los fundamentalismos”.

Pero llegamos también –agregaba– con una institución global como Naciones Unidas debilitada, marginalizada, sin recursos, sin poder, sin posibilidades de cumplir los postulados de paz, desarrollo y justicia social por las que fue creada, ni de adecuarse a las exigencias de los nuevos tiempos. Llegamos con Metas del Milenio, que no fueron consultadas ni tuvieron participación de la sociedad civil; que rebajan la vara levantada por la PAM, que se despolitizan, al abstraerse de los fenómenos globales que impiden su propio desarrollo y cumplimiento, que tienen el riesgo de ser una herramienta técnica y no política, que da el pretexto para que los gobiernos se desentiendan de la Plataforma de Acción de Beijing. Y, como dice Peggy Antrobus, que no consideran la igualdad y equidad entre mujeres y hombres, ni el empoderamiento de las mujeres, como puntos de entrada fundamentales para el cumplimiento de todas y cada una de las Metas. Por eso, muchas de nosotras afirmamos que no queremos 8 metas. Queremos toda la Plataforma.”

Ella es una sobreviviente, que sobrevive porque a pesar de los embates, o para enfrentarlos, se ha ido a refugiar en los movimientos feministas y de mujeres, y porque sabe que ella misma no es completa sin otros derechos.

“... La Conferencia de Beijing dejó un instrumento muy valioso, la PAM, que expresa una agenda política muy concreta frente a los gobiernos y a la sociedad civil: lograr que los gobiernos conviertan en políticas, con mecanismos y recursos, los acuerdos y recomendaciones del la PAM. Y eso ha sido indudablemente un logro democrático de primer orden”, dijo Vargas.

“Pero la agenda de los feminismos va mas allá que la de los gobiernos, incorporando la PAM y al mismo tiempo, levantando aquellos temas de las agendas feministas globales que no quedaron incorporados, al menos no en su dimensión necesaria. Los asuntos de justicia económica y los asuntos del cuerpo, incluyendo el derecho a la libre determinación, al aborto, a la libre orientación sexual, por señalar los más conflictivos de ese entonces y que siguen siendo los más conflictivos ahora. Beijing tuvo esa característica particular para el movimiento feminista que participaba en él. Fue concebido desde una doble estrategia que se sustentó en una convicción política: la agenda política de las mujeres, compartida entre Estado y sociedad civil que no agota las acciones y las propuestas de las mujeres y sus movimientos”, puntualizó.

Un balance sobre la aplicación de la PAM en la región latinoamericana y del Caribe, da cuenta de luces y sombras que bien ejemplifican un backlash. Dice Gina Vargas que es indudable que han existido avances en estos diez años, y los señala:

“Todos los países cuentan con legislaciones que establecen la igualdad entre mujeres y hombres, existe una significativa normatividad nacional, regional y global con relación a violencia contra las mujeres. Existen en casi todos los países políticas de afirmación positiva, que buscan acortar las brechas ciudadanas entre mujeres y hombres. Todos los países tienen maquinarias estatales a favor de la mujer. Los gobiernos han informado de sus avances y dificultades, lo que ha dado lugar a los Reportes Sombra, que han sido una forma importante de fiscalización por parte de las organizaciones de mujeres”.

Pero, en el marco de esos logros, muchas dimensiones han empeorado. “La ciudadanía social-económica de las mujeres continúa siendo la mas devaluada en todas sus dimensiones; la mayoría de las maquinarias estatales tiene pocos recursos y no tienen capacidad ni mandato de transversalidad y, cuando no están posicionadas como política de Estado, están sujetas a todos los retrocesos que provocan embates conservadores; los derechos reproductivos y sexuales siguen siendo los más resistidos, especialmente ahora con el avance de los fundamentalismos. El aborto, la orientación sexual, con toda la riqueza que está poniendo su diversidad, siguen fuera de las agendas democráticas. Hay un clima de retrocesos, y no es cierto que los cambios sean irreversibles.”

Según el análisis de Gina Vargas, es tan amenazante el ambiente con el que llegamos a esta reunión de Beijing +10 , que no será posible –para no poner en riesgo lo explícitamente logrado– ampliarla con lo ya conquistado subjetivamente en estos diez años; con lo que han ido dejando otras conferencias como la del racismo; o perfilar mejores recomendaciones frente a las actuales amenazas que, si bien se vislumbraban hace 10 años, no tenían en ese entonces la fuerza virulenta que les da el actual poder unilateral de Estados Unidos y sus aliados, así como las instituciones globales que, siendo parte de Naciones Unidas, son poderes autónomos que legitiman el neoliberalismo, el militarismo y los fundamentalismos.

La agenda de la PAM esta repolitizada desde los movimientos feministas y de mujeres, no así desde los Estados ni desde la debilitada Naciones Unidas. Más que nunca, por eso, sigue siendo válida esta doble estrategia que ha acompañado los movimientos feministas y de mujeres en esta década: defender la PAM, disputando su concreción a nivel local, nacional y mundial, al mismo tiempo que se avanza en perfilar y luchar por los derechos que ahora emergen y aquellos que estamos perdiendo, confrontando a la vez estas tres fuerzas que tratan, por todos los medios, de impedirlo.

Y en todo este proceso de los 10 años, algo también ha cambiado en los movimientos feministas y de mujeres, por ejemplo el recuperar su capacidad de articulación, el poner en disputa sus agendas desdibujadas en el largo proceso post Beijing... Esta reunión de Beijing + 10 es una vuelta a recuperar una plataforma que ha sido tan devaluada y está tan amenazada por las fuerzas fundamentalistas. Y esta vuelta ha sido un proceso.

Pero es una vuelta diferente. Desde la exigencia que la PAM no se vea en sí misma. Desde el convencimiento que la PAM no podrá ser instrumento y herramienta de avance para las mujeres si se sustenta en una Naciones Unidas debilitada, sin poder para enfrentar las arbitrariedades de Estados Unidos y aliados, sin una reforma radical de sus estructuras; sin el poder de los G7 y el derecho a veto; sin el poder autónomo de las instituciones financieras; sin fortalecer la institucionalidad global de las mujeres, particularmente el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (Unifem); sin la participación de la sociedad civil y la ciudadanía global. Y por supuesto, sin el Vaticano como país observador, lo que facilitaría la defensa de estados laicos como derecho ciudadano, nacional y global.

Es también una vuelta que trae la incorporación de otros horizontes globales, como los del Foro Social Mundial, que discute en su interior también la reforma radical de la arquitectura global, la superación del enfoque neoliberal, la confrontación con el militarismo global, junto con la interacción intensa con otras múltiples agendas de transformación de la vida y del mundo de muchos otros movimientos sociales, redes, organizaciones, campañas, que buscan construir ese otro mundo posible, sin neoliberalismo, sin militarismo, sin fundamentalismos. Esas deberían ser por cierto las búsquedas de Naciones Unidas en su nuevo rol. Porque son la única garantía para una efectiva implementación de la Plataforma de Acción y para su irreversibilidad...

Ella es una sobreviviente que se rehúsa a dejarse matar por las fuerzas de la muerte. Está viva entre las mujeres, en tanto ellas la resignifiquen, defiendan y la promuevan para que lejos de apenas sobrevivir, crezca con tantas otras propuestas que apuntan a nuevos paradigmas vitales.


“15 días de gloria, 10 años de backlash”: El término fue acuñado por Maureen Dow, referido a otro tema, otros tiempos y otros espacios, aplicado por mí a la PAM.


(1) Por fundamentalismos me refiero al uso político de la religión para justificar una sola visión del mundo, económica, política, cultural y social; una sola verdad y una verdad moralista, definida por los hombres blancos, algosajones, de clase media, sin discapacidades y heterosexuales.

2) Término inventado por mí, referido a la autonomía interactiva (acuñada por Radio Internacional Feminista) para referirnos al tipo de autonomía en la que están implícitas las relaciones, para diferenciarla del individualismo estrictamente separatista.

3) Mainstreaming referida a la política de reducir o eliminar las instancias propias de mujeres en aras de una “integración” de la perspectiva de género a todas las políticas, lo que nunca sucede sin que lo empujen instancias sólidas de mujeres.

* Backlash es un término acuñado por la periodista Susan Faludi en su libro con ese título, que se refiere al efecto de bumerang que sufren las mujeres cuando se liberan, donde los poderes patriarcales “asumen” sus reivindicaciones para quitarles el poder.



Fuente: RIF/FIRE

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003