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NO + VIOLENCIA/Sexual
27.04.2005
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PUNTO DE VISTA
Guía para Grupos de Autoayuda con mujeres que han sufrido violencia sexual en su niñez y/o adolescencia
Wildwasser (Aguas Bravas)

 


(Mujereshoy) Este documento nos fue enviado por María López Vigil, periodista nicaragüense, redactora jefa de la revista digital Envío. Para un análisis de su adaptación en Nicaragua, ver link interno: Sobrevivientes de abuso sexual.


Guía para Grupos de Autoayuda con mujeres que han sufrido violencia sexual en su niñez y/o adolescencia

Autora: Evi Striefler
Con la colaboración de: Martina Birresborn, Dorothea Rula y Lydia Sandrock.
Traducción: Brigitte Hauschild.

Todos los derechos: Wildwasser Autoayuda. Berlín
Primera edición: 1992

Índice:

1) Presentación
2) Nuestro enfoque político
3) Posibilidades y metas, objetos y fines del trabajo de autoayuda
4) El comienzo
5) Los encuentros del grupo
6) ¿Cómo nos tratamos mutuamente?
7) Posibles temas y asuntos
8) Dificultades y problemas
9) Cuando se acaba el grupo


1) Presentación

Nosotras, mujeres organizadas en Wildwasser (Aguas Bravas) en la ciudad de Berlín, hemos escrito esta guía después de diez años de experiencia con Grupos de Autoayuda. No todas hemos trabajado en este campo durante todos estos años y algunas hemos adquirido experiencia en otros grupos.

Ha sido largo el proceso personal que hemos vivido tratando nuestras propias experiencias de violencia sexual en la niñez. Durante este proceso, el trabajo de autoayuda –tanto cuando participamos en algún grupo, como cuando conducimos profesionalmente grupos de autoayuda– nos dio siempre, y nos sigue dando, energía para sabernos fuertes y sentirnos con ganas de vivir.

Con esta guía queremos llegar a todas las mujeres que quieran tratar sus experiencias de violencia sexual en la niñez participando en un grupo de mujeres que han vivido una experiencia similar. Las queremos animar a que, con otras mujeres, inicien en un Grupo de Autoayuda ese camino, que aunque no deja de ser doloroso, es un proceso del que se deriva mucha fortaleza y vitalidad.

No entendemos el trabajo de autoayuda en competencia con el trabajo de terapia. Lo entendemos como otra forma de dar respuesta a los traumas que produce el abuso sexual. Cada mujer puede decidir cómo quiere trabajar y verá que la terapia y la autoayuda pueden desarrollarse a la par y complementándose.

La base de los Grupos de Autoayuda es la responsabilidad de cada sobreviviente con su propio proceso. Por eso, esta guía no ofrece recetas ni nuestras indicaciones deben entenderse como normas que hay que cumplir estrictamente. Lo que compartimos ha nacido de nuestra experiencia. En base a ella hacemos esta propuesta y estas sugerencias.

2) Nuestro enfoque político

Nos identificamos como un proyecto feminista. Esto significa que con nuestro trabajo queremos, entre otras cosas, evidenciar las estructuras patriarcales que son la base de nuestra sociedad y los efectos que éstas tienen, para así abrir espacios de mayor equidad a las mujeres.

En nuestro trabajo partimos de la idea de que el sufrimiento personal no es un problema individual, sino que echa sus raíces en la condición humana y en las condiciones sociales en las que vivimos. Creemos en las mujeres. Queremos apoyarlas para que desarrollen sus fortalezas, sea cual sea su condición personal y social. Entendemos la violencia sexual que vivimos como expresión de la violencia estructural contra las mujeres, las niñas y las adolescentes.

Por todo esto, el trabajo de autoayuda es también para nosotras un trabajo político. Y es un enfoque político el hilo conductor de esta guía.

3) Posibilidades y metas, objetivos y fines del trabajo de autoayuda

Un principio importante de la autoayuda –que la diferencia de la terapia– es que en estos grupos las mujeres se apoyan mutuamente al ayudarse a sí mismas. Por eso, en los Grupos de Autoayuda existen dos niveles, íntimamente relacionados entre sí:

• Sanación individual.
• Acciones comunes en solidaridad.

Con el apoyo del grupo, cada mujer puede:

• Aprender a confiar en sus propias percepciones.
• Desarrollar una autoestima estable.
• Superar su impotencia y el sentimiento de aislamiento.
• Intercambiar experiencias con otras mujeres.
• Alimentarse y complementarse con las experiencias y las ideas de las demás.
• Tener experiencias nuevas dentro de una estructura no-jerárquica y con relaciones horizontales.
• Reconocer en la diversidad y la diferencia –equivalen, aunque no son iguales– un potencial de enriquecimiento personal y no una amenaza.
• Vivir la autonomía, la solidaridad y el asombro dentro de una experiencia de desarrollo personal.
• Apreciar su propia fuerza y desarrollar la capacidad de entender los procesos de las demás.
• Recuperar la conciencia de su propia dignidad.
• Desarrollar capacidades para actuar con otras y apoyarse en conflictos familiares o de fuera del grupo y en otras situaciones.
• Contribuir a romper los tabúes sobre el abuso sexual.
• Desarrollar una conciencia política partiendo de las propias experiencias.
• Realizar acciones conjuntas.

4) El comienzo

Las mujeres pueden ser convocadas a un Grupo de Autoayuda a través de los medios de comunicación o por avisos distribuidos en algún colectivo, centro u organismo de mujeres. El grupo no debe exceder de diez mujeres.

Es conveniente que el grupo se reúna en un ambiente cómodo y no en un espacio cerrado, ya que esto podría inhibir a algunas mujeres e indicaría que el abuso vuelve a “encerrarse” en un espacio “privado”. Resulta útil buscar un espacio apropiado para las sesiones del grupo en un centro de mujeres.

Condiciones y requisitos para la participación

Sin dependencias agudas. Las dependencias agudas a pastillas, alcohol, drogas o a cualquier fármaco o sustancia que afecta la conciencia impide a las mujeres trabajar adecuadamente sus experiencias de violencia sexual. La dinámica que genera la adicción aguda exigiría a la mujer, y también al grupo, un sobreesfuerzo. Otras adicciones, como por ejemplo la anorexia, deben ser “problematizadas”. Esto significa reconocerlas y expresarlas como problema. Hay que tener en cuenta que la violencia sexual y sus secuelas serán siempre el tema central del grupo y por esto, una mujer con problemas con la comida –anorexia o bulimia– tendrá que evaluar si se sentirá bien en el grupo o si, además del grupo, requiere de otro tipo de apoyo para superar su adicción.

Con compromiso de continuidad. Las mujeres que se integren al grupo deben participar con el compromiso de continuar en él todo el tiempo que sea necesario. Si hay ausencias frecuentes o durante un tiempo largo, se dificulta el fortalecimiento de la confianza grupal y a quienes faltan se les hace más difícil volver a integrarse al grupo.

En general, los Grupos de Autoayuda se desarrollan durante períodos de uno a dos años. Al integrarse al grupo mujeres con diferentes características y trayectorias se requiere de un buen tiempo para conocerse bien y crear confianza.

Con condiciones de vida estables. Trabajar el abuso sexual requiere de mucha fortaleza personal. Por esto, una mujer con una carga adicional importante –un embarazo, exámenes en sus estudios, un cáncer u otra enfermedad grave– podría sentir excesivo el peso que le impone llevar adelante la experiencia del grupo.

Igualmente, el grupo podría sentirse sobrecargado desde el inicio si entre las mujeres que participan hay algunas con estas cargas adicionales. Tanto el grupo, como cada mujer, tiene derecho a definir claramente sus límites para sobrellevar las cargas. (ver “Las conversaciones previas”).

Cuando una mujer tiene problemas sicóticos sumados al trauma causado por el abuso sexual se debe hablar con ella sobre lo que eso significa en su vida y cómo eso puede afectar a todo el grupo. Y se le sugerirán otras alternativas o posibilidades de apoyo más especializadas.

Las conversaciones previas

Se realizarán antes de ingresar al grupo. En estas conversaciones es importante aclarar, con cada mujer, estas interrogantes:

• ¿Con qué motivación llego al grupo?
• ¿Tengo una vida cotidiana lo suficientemente estable? ¿Tengo un círculo de amigas fuera del grupo del que recibo apoyo?
• ¿Al iniciar el grupo estoy viviendo acontecimientos importantes, como un cambio de trabajo, un cambio de hogar, un embarazo, exámenes o cualquier otro que me signifique una sobrecarga adicional? A pesar de esto, ¿me considero con suficiente energía para invertirla en el trabajo del grupo?
• ¿Me puedo imaginar hablando abiertamente de mi vida en un grupo de mujeres?
• ¿Tengo capacidad de escuchar, a la par de mis propios problemas, los problemas de otras mujeres?

Una vez respondidas estas preguntas, cada una decidirá si es el momento apropiado para integrarse al grupo.

Estas otras preguntas son también útiles al iniciar el grupo:

• ¿Considero que tengo realmente las condiciones para iniciar este proceso y estoy decidida a hacerlo?

• ¿Qué entiendo por “autoayuda” y cuál es la diferencia que le veo con la terapia o con un grupo conducido por una profesional?

• ¿Cuáles son mis expectativas, mis objetivos, mis temores? (Hay que tener en cuenta que a lo largo del proceso podrían surgir nuevas expectativas. Lo que es importante es saber que un Grupo de Autoayuda no es sólo para “chinchinearnos” unas a las otras por haber sufrido problemas similares, sino entender que nos reunimos para aprender a tratar los conflictos y para respetar las diversidades y las diferencias).

• ¿Hasta qué grado quiero conservar mi anonimato? (En el grupo se debe garantizar la estricta confidencialidad de todo lo que se comparte en común y de todo lo que comparte cada una de las mujeres con las demás).

• ¿Tengo alguna otra información u otras experiencias o ideas sobre estos grupos?

Para definir cuándo inicia el grupo y para comenzarlo responsablemente se debe proponer una fecha tentativa que deben aceptar todas las mujeres.

Cuándo separar a alguna del grupo

Las mujeres del grupo tienen derecho a decidir sobre la permanencia en él de cualquiera de las mujeres. Para tomar esta decisión deben darse todo el tiempo que sea necesario, pues existe el riesgo de excluir a la que hace de “chivo expiatorio”. Es muy importante observar si una mujer sobrecarga al grupo o si lo que sucede es que el propio grupo le ha asignado inconscientemente la función de “chivo expiatorio”. Los “nudos no tratados” en el grupo permiten establecer mejor la diferencia.

5) Los encuentros del grupo

Para las reuniones, una agenda de cinco momentos nos ha dado buenos resultados:

1. “Rayo” de comienzo
2. Ronda de restos
3. Tema central
4. Reacciones
5. “Rayo” de cierre

Cada encuentro tiene una duración de dos horas. Empieza y termina con un “rayo”, que consiste en una ronda de participaciones de todas, pero muy breves y sin comentarios. Para cada encuentro, dos mujeres del grupo pueden preparar un tema para desarrollarlo y actuar como moderadoras de los aportes que las mujeres hagan al tema. También pueden sugerir ejercicios y fijar cómo distribuir el tiempo del encuentro. Asumir la moderación del grupo no es ser responsables de lo que le sucede a las mujeres en la reunión.

En el “rayo” de comienzo cada una intercambia impresiones sobre su situación. Brevemente. Comparten cómo se sienten en ese momento: “Estoy triste”, “Estoy bien”, “Estoy de mal humor”.... Como se trata de evitarle inseguridades al grupo, si la mujer sabe que el grupo no es la causa de su estado de ánimo, debe ser más específica: “Estoy de mal humor porque antes de venir aquí me pasó algo...”

Cuando alguna mujer sienta algún problema agudo o experimente el deseo de recibir del grupo una atención especial, lo puede expresar en el “rayo” del comienzo, aunque sin entrar en detalles. Este momento inicial no es para hacer preguntas ni comentarios.

Después del “rayo” de comienzo se puede planificar cómo dividir el tiempo de la reunión.

En la “ronda de restos” cada mujer tiene la posibilidad de contar qué le quedó del encuentro anterior: si no logró comunicar o aclarar sus problemas, si se sintió molesta u ofendida por algo que ocurrió, si sintió que se habían transgredido los límites...

Este momento del encuentro es para que las mujeres se liberen entre ellas mismas de las eventuales tensiones del propio grupo y para que este desahogo fortalezca la comunicación y la confianza entre todas. Este momento es también para compartir lo que a cada una le gustó o no le gustó de la reunión anterior o para solicitar algún apoyo especial que necesite de las demás. El tiempo para este momento debe ser limitado.

En el momento central del encuentro se aborda un tema específico, que puede ser preparado entre una o varias mujeres o puede desarrollarse espontáneamente. También puede dedicarse el momento central a una de las mujeres, que se toma espacio y tiempo para compartir con el grupo más ampliamente su vida o aspectos de su vida. Es importante ponerse de acuerdo sobre cada modalidad.

Debe tenerse en cuenta que cuando una mujer habla sobre ella misma puede ser importante para ella escuchar las reacciones de las otras mujeres. A veces, las mujeres sienten temor de las expresiones de las otras mujeres y temen ser juzgadas por ellas. También puede ocurrir que las demás mujeres se sientan inseguras para expresarse con comprensión y compasión ante la mujer que ha hablado (Ver “Cómo nos tratamos mutuamente”). Al reaccionar a lo que ha compartido una de las mujeres, las demás deben tener en cuenta, principalmente, cómo se sintieron en relación a lo que escucharon y qué recuerdos les provocó lo que ella compartió.

Debe tenerse en cuenta que el trabajo del grupo no es dedicar un mayor o más intenso tiempo al problema de alguna mujer en particular. El grupo debe encontrar tiempo y dedicarlo a relajarse y a fortalecerse como colectivo. Cuando una mujer ha hecho su relato y ha escuchado las reacciones de las otras mujeres es necesario que ella misma reflexione sobre cómo se sintió compartiendo con el grupo algo tan íntimo y personal.

En el “rayo de cierre” se vuelven a escuchar las impresiones de conclusión de cada una sobre el desarrollo de esa reunión. El grupo no debe entrar a discutir detalles, lo que a veces no es fácil de lograr.

Es necesario cumplir con el tiempo fijado para el encuentro. Siempre da buenos resultados no traspasar los límites que las mismas mujeres han definido.

El grupo puede llevar un diario, donde constará algo así como un acta con el desarrollo del encuentro o las respuestas que da cada una al final de la reunión a un cuestionario preparado de antemano por las mismas mujeres. Un diario de este tipo alienta mucho el trabajo del grupo. Es como una prueba que le demuestra a las mujeres los avances que van logrando. También puede ser útil al final del proceso para recordar cómo lo iniciaron, cuáles fueron los problemas que enfrentaron, cuáles los conflictos que vivieron, cuáles las opciones que tomaron y cuáles los resultados obtenidos a lo largo del proceso.

6) ¿Cómo nos tratamos mutuamente?

Presentamos algunas sugerencias, que no deben ser seguidas de forma estricta y que deben adecuarse a las características y necesidades del grupo.

El trato con una misma

Muy a menudo nos tratamos en el presente como nos trataron en el pasado. Y si fuimos abusadas y descuidadas ayer, no nos cuidamos hoy. La autoayuda significa cambiar esta dinámica: aprender a cuidarnos a nosotras mismas, a respetar nuestros sentimientos y limites personales, aprender a decir NO. Es aprender a ser responsables de nosotras mismas. En el grupo, cada mujer encuentra la posibilidad de practicar la dinámica de autocuidado:

• Escuchando a su cuerpo y sintiendo los límites que el cuerpo le presenta con claridad.

• Permitiéndose sentir miedo, estar enojada, expresar rabia y tristeza. Ante estos sentimientos, puede preguntarse si puede hacer algo para sentirse mejor, algo que antes no se había permitido. También puede aprender a decirle a otras mujeres algo que las ayude a sentirse mejor y a salir de sus problemas.

• Tratando de reconocer cada uno de sus sentimientos y evitando desvalorizar los sentimientos de las demás.

• Sintiendo suyos sus propios sentimientos y también sus propias opiniones. Esto significa que aprende a expresarse sobre sí misma y no sobre las demás evitando las generalizaciones.

• Tratando de permanecer en el “aquí y ahora” y no hablando de generalidades, sino de las experiencias propias.

• Hablando sobre sus distorsiones internas, sobre lo que le irrita o molesta, sobre todos los sentimientos que le parecen negativos o extraños, entendiendo que ya no tiene que “aguantar” nada.

• Sintiéndose bien, aun cuando no cumpla con el ideal de establecer límites o si decidiera ocultar sus propios sentimientos.

Normas en el grupo

• Hablar siempre de una en una, y dando la oportunidad a cada una de terminar lo que quiere decir.

• Tratar de escuchar.

• Preguntar para entender mejor, pero no para expresar inmediatamente la propia opinión, porque esto puede causar inseguridad a la que está hablando. Y especialmente, porque preguntar repentinamente le suena con frecuencia culpabilizante a la mujer a quien se le formula la pregunta. Las preguntas que expresan interés y que no suponen valoraciones son las mejor acogidas y las más positivas. En todo caso, lo que más cuenta siempre es la intención con la que se pregunta.

• Dirigirse directamente a cada mujer al hablarle.

• Prestar atención a quien está hablando, acompañando y apoyando la expresión de sus sentimientos. No dar consejos, suelen irritar.

Cuando una mujer se toma el tiempo y el espacio

Hablar sobre una misma, sobre las propias experiencias, requiere de una atmósfera de confianza y de comodidad. Antes que una mujer empiece a hablar de sí misma con mayor profundidad debe crearse previamente un ambiente confortable y especial: olores agradables, cojines, luces... La mujer que va a hablar de sí misma debe responderse con la mayor sinceridad a estas preguntas:

• ¿Quiero hablar primero y después que me hagan preguntas o quiero que me pregunten a medida que voy hablando?
• ¿Quiero hablar y que no me hagan preguntas, apreciando únicamente las expresiones de las demás?
• ¿No quiero establecer ninguna regla sino ir dando señales de lo que quiero a medida que hablo?
• ¿Cómo quisiera cuidar mis límites?
• ¿Qué capacidad tengo para poner un “alto”?
• ¿Qué tipo de reacciones quisiera recibir? ¿Quisiera ser consolada si fuera necesario o prefiero poder llorar y vivir mis sentimientos y emociones ante el grupo?
• Si quiero consuelo, ¿con cuál de las mujeres del grupo me sentiría mejor para ser consolada?
• ¿Quiero que me toquen físicamente?
• ¿Cuánto tiempo necesito para decir lo que quiero decir?
• ¿Qué posibilidades tienen las demás mujeres para decirme “alto” sin que me sienta ofendida?

Todo el grupo puede hablar sobre estas preguntas. Y en cada nueva situación deben volver a fijarse de nuevo las reglas, que se establecerán según se sienta cada una ese día y valorando si lo expresado en una ocasión anterior mantiene validez para ese día.

Para un mejor trabajo

Establecer algunas normas:

• Si una mujer no puede llegar al grupo debe avisar siempre.
• En el centro de la sala de reunión se puede encender una vela. Las mujeres podrán apagarla cuando sientan que algo aumenta su carga y necesitan indicarlo a las demás con una señal.

Otras normas pequeñas, como éstas, pueden decidirse en conjunto.

Los objetivos, esperanzas, deseos y miedos de cada mujer se presentan como tema desde el inicio del grupo y siempre están presentes en el proceso que va viviendo el grupo. Algunas sugerencias para integrarlos en el trabajo:

• Fijar un objetivo o un tema común para un tiempo determinado.
• Cada mujer puede fijarse su propio objetivo a alcanzar con apoyo del grupo. Después del tiempo que haya definido evalúa los logros: ¿He alcanzado ese objetivo o me he acercado a él? Es necesario fijarse objetivos alcanzables. ¿Tengo claro el camino para llegar a ese objetivo? ¿Cómo me siento en el camino? ¿Tengo clara conciencia sobre las posibilidades de alcanzar mi objetivo de la mejor manera posible?

Es necesario fijarse entre todas plazos de tiempo que sean comunes y hacer “contratos” entre las mujeres. Por ejemplo:

• No hacer intentos suicidas al menos durante ese período.
• No abandonar el grupo al menos durante un tiempo.

Es de mucha utilidad que cada mujer presente a las demás su “camino de vida” dibujando, pintando, escribiendo, con imágenes... y compartiendo cómo siente ese camino en la actualidad. No es necesario presentar una trayectoria integral o completa, basta que exprese cómo está viviendo su vida en ese momento. No se trata de una reflexión profunda sino de expresar sentimientos con símbolos, colores, formas...

Hay muchas y variadas maneras de abordar un tema pintando, modelando con barro, haciendo juegos de roles, con música, con fotos, con dibujos o libros ilustrados, con ejercicios de relajamiento, con viajes de fantasía...

Hay que promover el trabajo del grupo generando energías positivas que, entre otras cosas, fortalecen la autoestima. Algunas sugerencias:

• Haciendo una ronda de noticias positivas.
• Formando un círculo de energía solidaria: dándose las manos, cerrando los ojos y haciendo circular entre todas la energía hasta sentirla.
• Mimándose una misma una vez por semana con algún regalo, algún estímulo, alguna alegría.

Intercambio con otros grupos

Existe la posibilidad de intercambiar con otros grupos sobre sus maneras de trabajar, sus conflictos, la manera de tratarse, los procesos de su dinámica grupal. El objetivo es aprender entre todas. Se podría hacer también un encuentro de varios grupos para desarrollar estrategias comunes hacia la opinión pública o para hablar sobre algunos temas específicos en un ambiente que no sea el habitual. Nunca deben ponerse límites a la creatividad.

7) Posibles temas

• Expectativas, deseos y miedos de cada una.
• Objetivos trazados por cada una y por el grupo.
• Por qué elegir un Grupo de Autoayuda en este momento.
• Conocimiento propio.
• Creación de confianza en el grupo.
• Confianzas y desconfianzas
• Con quién hemos hablado sobre el abuso sexual y cuáles han sido las reacciones. ¿Cómo hubiéramos deseado que fueran esas reacciones?
• Consecuencias del abuso sexual.
• Ambivalencias hacia la familia, las amigas o hacia el autor del abuso.
• Relaciones con los familiares.
• Relación con la madre.
• La capacidad de decir NO.
• La capacidad de poner límites para protegerse constructivamente.
• Cómo enfrentar al autor del abuso.
• Necesidades propias.
• Mecanismos de evasión y de protección en la infancia.
• Sentimientos de culpa y de vergüenza.
• La capacidad para asumir responsabilidades.
• Protección al interior del grupo.
• Formas de mimarse a una misma.
• Temas políticos y nacionales.
• El rol de mujer.
• Discusiones sobre la estructura de la sociedad.
• Planificación de acciones hacia la población y la opinión pública.
• Discutir textos, libros, artículos.
• Reconocer y alimentar las fortalezas personales: ¿qué puedo hacer, qué he alcanzado hasta ahora, qué logros soy capaz de alcanzar ahora que antes no pude lograr, qué capacidades especiales he desarrollado a lo largo de mi vida, qué aspectos positivos hay en mis mecanismos de sobrevivencia, quién ha sido o es una persona importante en mi vida, qué es lo significativo de esta relación?

8) Dificultades y problemas

Muchas de nuestras actitudes y formas de actuar que nos causan problemas a nosotras mismas y a otras personas tienen su origen en la violencia sexual que hemos vivido. Una vez que hemos aprendido a reconocer esta causa en esos efectos podemos apreciar nuestras características personales de forma más positiva, podemos verlas como estrategias de resistencia que nos ayudaron a conservar nuestras fuerzas o como tácticas de protección y de sobrevivencia que, sólo poco a poco, estamos dispuestas a abandonar. Reconocer positivamente estas características personales puede ser un paso importante en el camino de la sanación.

Si en el grupo surgen conflictos esto no significa un fracaso. Los conflictos expresan que el grupo está vivo y que tiene capacidad de crecer. Resolver los conflictos es también un objetivo positivo y un contenido del aprendizaje de los Grupos de Autoayuda.

Cuando se quiere trabajar un conflicto es necesario aclarar previamente si todas las mujeres están dispuestas a hacerlo y si se sienten con la capacidad necesaria. Después pueden hacer una reflexión personal tratando de recordar y de reconocer los elementos conflictivos o no que cada una ha aportado al grupo:

• Diversidad en el comportamiento y en los sentimientos.
• Dificultades para poner límites.
• Desconfianzas.
• Espíritu de competencia.
• Dificultades para encontrar un espacio propio.
• Desvalorización personal, desprecio a las demás mujeres.
• Sobrecargas, impaciencia.
• Mecanismos de proyección: ver y criticar en otra mujer un sentimiento personal que yo tengo y no me gusta ni acepto o revivir situaciones personales anteriores en el grupo sin ser consciente de hacerlo.

En cualquier conflicto, todas las mujeres pueden buscar ayuda fuera del grupo o elegir una “mujer protectora” dentro del grupo.

Factores desencadenantes

Existen factores que pueden desencadenar variados procesos dinámicos dentro del grupo. Algunos de ellos pueden ser:

• Efectos y consecuencias del abuso, que pueden expresarse de formas diferentes: mutismo o excesiva locuacidad, cercanía o distancia...
• Maneras diferentes de enfrentar los conflictos que se presentan.
• Asumir unas la responsabilidad por otras mujeres del grupo.
• Sentimientos de impotencia.
• Asistir pasivamente sin participar.
• Abandono del grupo por alguna de las mujeres.
• Agresiones verbales.
• Presión por obtener logros y exigencia de perfección en el trabajo.

El grupo debe ser especialmente cuidadoso ante las exigencias por obtener logros, ya que la presión grupal y las estructuras jerárquicas pueden reaparecer muy rápidamente expresándose en normas nuevas, en objetivos muy ambiciosos, en valoraciones inconscientes y en sugerencias imprudentes.

Ejemplos de objetivos demasiado altos: “En medio año debo haber superado todo esto”, “Ahora tiene que salirme todo de una vez”, “No es necesario llorar”, “Pronto debemos sentirnos bien”. Resultan también problemáticas y tensionantes las comparaciones: “¿Cuál abuso fue el peor?” “¿Es para mí este grupo si yo no he experimentado algo tan horrible como lo de las demás?”

Normas del grupo e individualidad

Es muy importante descubrir las normas, las características y los valores del grupo, nombrarlos y reflexionar sobre ellos. Debemos valorarlos: ¿Son favorables para el grupo o son un obstáculo?

En el grupo cada mujer mantiene siempre su individualidad y a la vez la desarrolla. Siempre hay que darle espacio en el grupo a la individualidad de cada mujer.

Los consensos tomados en común en algún momento los puede cambiar el grupo siempre que lo considere necesario.

Es importante realizar con frecuencia una ronda de opiniones:

• “A mí me gusta o no me gusta esto o aquello...”
• “Desde mi punto de vista, las reuniones son demasiado así o poco asá....”
• “Yo no siento que estoy avanzando y estoy analizando si sigo o no sigo...”
• “Creo en mi fortaleza de ser así...”
• “Para mí sigue siendo difícil esto o lo otro...”

El grupo es lo que las mujeres que a él pertenecen quieren que sea. Por eso no existen normas predeterminadas sobre lo que el grupo “debe” hacer. Cada mujer tiene el derecho y la responsabilidad de incluir en el grupo sus propios intereses, sin que éstos se conviertan en nombras para el grupo.

Presión por cumplir y sobrecarga

En el grupo, las mujeres expresan el deseo de avanzar y de poder cambiar y también el miedo a fallar y a sentirse sobrecargadas. Cuando las expectativas son muy altas y existe mucha presión por cumplir, esto puede estar expresando la sobrecarga personal que experimentamos durante nuestra infancia.

De vez en cuando el miedo evita una nueva experiencia. Por miedo no nos permitimos una sobrecarga, que en realidad no lo es, y así perdemos la oportunidad de una nueva experiencia. Pero también el miedo a sobrecargarnos actúa como un escudo de protección que nos permite realizar cambios no por más pequeños menos importantes.

De vez en cuando se producen en el grupo conflictos al tratar un tema. ¿Hasta qué nivel se debe hablar de la experiencia del abuso? ¿Qué posibilidades tienen las demás mujeres de interrumpir cuando sientan que la carga emocional es demasiado fuerte para ellas? Hay que tener en cuenta que escuchar a las demás también supone una carga emocional y que la mujer que quiere contar sus experiencias si lo hace con miedo y resistiéndose puede no obtener ningún resultado. Estas situaciones pueden generar frustración a todo el grupo.

Cuando esto ocurra, cada mujer debe preguntarse y responderse muy sinceramente: ¿Hasta qué punto me siento abierta ante esta mujer? ¿Puedo “cargarla” durante un rato? ¿Tengo la disponibilidad y la fuerza? Otras preguntas: ¿Están las demás suficientemente fortalecidas para que yo me permita no participar, quedándome callada o saliéndome? ¿Seré responsable de que esta otra mujer opte por no hablar?

Es importante que la mujer que quiere hablar se pregunte si tiene un sentimiento positivo hacia el grupo. Tal vez debe anunciar previamente y de forma breve de qué quiere hablar. Esto siempre provoca un poco de miedo y de presión, y esto le ayudará a darse cuenta de si quiere seguir o no. Siempre se requiere de mucha confianza y seguridad para abrirse ante el grupo. El dolor compartido y la experiencia de un sufrimiento común no son suficientes. Y si algunas mujeres sienten la necesidad de permanecer en silencio no deben exigir a otras, ni a ellas mismas, hablar libremente y de toda su experiencia en cualquier momento. Es muy importante que cada mujer se dé tiempo y observe cuidadosamente cómo va construyendo una seguridad en sí misma.

Para desarrollar este proceso de sentirse segura puede ayudar:

• Que alguien venga a buscarla cuando termina la reunión.
• Que en los días siguientes a la reunión pueda llamar a alguna de las mujeres del grupo.
• Que reflexione sobre lo que puede exigirse a sí misma ese día concreto.

El Grupo de Autoayuda puede ser un espacio para un trabajo intenso de los recuerdos que quedan de la experiencia de abuso sexual en la niñez o en la adolescencia, siempre y cuando todas lo sientan y lo quieran así. Pero el grupo no necesariamente debe lograr esta meta. El objetivo esencial del grupo, de todo grupo, es apoyarse unas a otras en la vida cotidiana. Esto no es contradictorio con la meta de estos grupos, ya que todas vivimos en el hoy y no en el pasado, cuando sucedió el abuso.

9) Cuando se acaba el grupo

Cuando un grupo se acaba o cuando el número de sus participantes se reduce no significa necesariamente un fracaso. Los intereses de las mujeres pueden cambiar y entre todas pueden definir que ya no tienen un objetivo en común. También puede suceder que el interés de seguir reuniéndose se agote una vez logrado el objetivo común. Tal vez no exista más objetivo que el de expresarse, el de ya-no-estar-solas, el de la curiosidad por tener mayor información.

Debe reconocerse como un logro para cualquier mujer el que, a través del grupo, haya sido capaz de aclararse a sí misma cómo quiere continuar viviendo su vida después del fin del grupo. Otro logro sería si al finalizar el grupo todas saben mejor dónde están ahora, cuál podría ser el próximo objetivo en sus vidas y de que forma se sentirían más fortalecidas: yoga, terapia, un trabajo nuevo, una relación... Hay grupos que celebran una fiesta antes de concluir su proceso.

El fin del grupo también significa una despedida. Por esto, antes de decirse adiós deben responderse a esta pregunta: ¿Qué dinámica desarrollaremos para que ninguna de nosotras se vuelva a sentir sola? Hay que darse el tiempo que sea necesario para encontrar una respuesta adecuada. Ayuda el hacerse algún regalo como señal de que seguirán unidas en el mismo camino o expresar juntas en un acto común un deseo especial para todas y cada una en el futuro que inician. También pueden fijarse encuentros esporádicos para más adelante.

A veces esto no es posible, porque no se ha encontrado un fin positivo debido a conflictos no resueltos o porque la separación resulta demasiado dolorosa como para celebrarla. En cualquier caso, esto no significa que el grupo ha sido un fracaso. El saldo, aunque sea parcial, es siempre positivo y esperanzador.



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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003