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(Mujereshoy) La heroína, también conocida como caballo, potro, piquete, la doña, arpón, entre otras denominaciones, es la villana de las sustancias adictivas.
Derivada del opio, concretamente de la planta de la morfina, actúa como un depresor del sistema nervioso central. Cuando se administra produce sueño, estupor y mitiga el dolor. La forma más común de consumirla es por vía intravenosa, aunque también puede fumarse o inhalarse.
Esta droga tiene la característica de llegar con más rapidez y concentración al cerebro. Entre otras causas, las personas adictas a la heroína la consumen porque, de momento, les suprime la tensión, la ansiedad, el hambre, la depresión y el impulso sexual. A los heroínodependientes les produce un sentimiento de satisfacción y saciedad.
Lo que ellos desconocen es que han comenzado a sufrir alteraciones digestivas, cardiocirculatorias y del sistema nervioso, trastornos de memoria y atención, pérdida de la motivación, depresión y alteraciones metabólicas. En las mujeres, puede llegar a provocar un aborto espontáneo.
Además, los adictos de ambos sexos corren el riesgo de contraer enfermedades a través de las jeringas en las que se administra la heroína, como el VIH y la hepatitis.
Es importante resaltar que la persona adicta a la heroína se encuentra en peligro constante de morir por paro cardiorrespiratorio debido a una sobredosis o por el uso de una sustancia de mala calidad, ya que esta droga se fabrica en laboratorios clandestinos y puede tener aditivos que no se disuelven con facilidad y obstruyen los vasos sanguíneos que van a los pulmones, el hígado, los riñones o el cerebro.
Fuente: Terra.
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