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ARTÍCULO
Alicia en el “país de las maravillas”
Adolescente boliviana (Foto: Antonio Jiménez Lara, en Discapnet.es).
 
Niños y niñas de Soniquera, en Potosí, Bolivia, así como adolescentes, ven televisión con interferencia, escuchan radios lejanas y leen diarios atrasados. Pero eso les basta para imaginar que a lo lejos, allá donde las terrazas de cultivo se difuminan para transformarse en desierto, existe lo que llaman “un mundo mejor”: Chile. Esta es la historia de Alicia, de 14 años de edad.

(Mujereshoy) Cuando el diario chileno El Mercurio de Calama dio a conocer el caso de un menor de edad que había caminado a pie desde Bolivia, para buscar en Chile lo que su país no puede darle, porque sus progenitores están cesantes, todos los medios noticiosos se sumaron para reproducir la noticia. Pero el caso no quedó allí, porque los periodistas Patricio Jara y Glenn Arcos estudiaron la situación más a fondo y dieron vida a un reportaje que publicó la Revista del Sábado de El Mercurio de Santiago.

En el reportaje exponen que Soniquera es una de las zonas más deprimidas de Nor Lípez, en el departamento boliviano de Potosí. Las pocas veces que hace noticia es a causa de algún desastre natural o por los serios problemas de abastecimiento que la afectan. Tampoco es una zona donde abunden las oportunidades laborales. Sus fuentes de ingreso provienen fundamentalmente de la agricultura y de la cría de ganado que debe resistir los 3.900 metros de altura. Está ubicado al sudeste de Bolivia y al oeste limita con Chile. Las mujeres del distrito tienen un promedio de cinco hijos antes de los 40 años. Y de cada mil nacidos vivos, 80 morirán.

Los niños de Soniquera ven televisión con interferencia, escuchan radios lejanas y leen diarios atrasados. Pero con eso les basta para imaginar que a lo lejos, allá donde las terrazas de cultivo se difuminan para transformarse en desierto, existe lo que llaman “un mundo mejor”: Chile. Los niños de Soniquera saben que no pueden esperar nada del descampado, a menos que intenten cruzarlo solos, escondiéndose donde nadie se puede esconder.

La historia de Alicia

Alicia Inés Esquivel Ramos siempre escuchó historias de valientes que habían entrado a Chile por uno de los numerosos pasos clandestinos incrustados en la frontera. A comienzos de 2005, con 14 años cumplidos, decidió que ya era hora de caminar al sur, hasta llegar a Chile. Alicia no quería un país de maravillas, sino un empleo y dinero para su familia de pequeños agricultores.

Para ingresar al país, la niña debió atravesar durante cinco horas un paso clandestino a 4.700 metros sobre el nivel del mar. El tiempo de una mañana o tarde completas, pero que en pleno desierto pueden ser equivalente a varios días en un paisaje tan árido como repetitivo, donde a ratos se tiene la sensación de no avanzar un metro.

La marcha

Alicia finalmente pudo burlar los controles migratorios y se instaló en San Pedro de Atacama. Allí permaneció poco menos de un mes realizando trabajos esporádicos. Durmió poco, se alimentó mal y a cambio no recibió sino promesas de una buena paga que nunca llegó. El sábado 22 de enero de este año, Alicia fue detectada por Carabineros de San Pedro deambulando por las calles. No pudo mostrar papeles ni nada con qué identificarse. Lo único que salió de su boca fue la historia de su travesía para torcer el infortunio.

“Detener bolivianos acá es pan de cada día. Este año debemos ir por los cien”, dijo a la prensa el capitán de la tenencia de San Pedro, Freddy Muñoz. “Pero nunca nos había pasado con una niña de 14 años”.

Luego de ser detenida, Alicia quedó a cargo del Tribunal de Menores de Calama, el cual aplicó una medida de protección, ordenando su ingreso a un centro de acogida del Hogar de Cristo en esa ciudad. Allí la niña permaneció durante una semana, pues el 27 de enero fue reclamada por una mujer cercana a su madre y regresó a su país.

Buscando un trabajo

Los datos difundidos por Extranjería indican que son media decena los bolivianos que semanalmente cruzan la frontera por el sector de San Pedro de Atacama, o bien bordeando el paso de Jama. Varios de ellos han sido niños sin más provisiones que un par de litros de agua, niños que han seguido rutas inciertas que les demandan hasta tres días de caminata. Algunos aprovechan su periodo de vacaciones escolares para aventurarse con la idea de hacer un poco de dinero en Chile. Dos o tres mil pesos trabajando como ayudantes de lo que sea, dos o tres mil pesos que en su país son más del doble.

“Aparecen calladitos, tratando de hablar lo menos posible y están dispuestos a cualquier trabajo manual por algunas monedas”, cuenta Samuel Bernal, quien por dos años fue empleado de una empresa turística de la zona. “A simple vista, se confunden con cualquier lugareño, pero comienzas a hacerles preguntas y se espantan y se van rapidito de vuelta a su país, caminando por el mismo lugar donde vinieron”.

El Servicio Nacional de Menores en Antofagasta (Sename) registró durante el año pasado once niños indocumentados en la Segunda Región. “Algunos vienen en busca de sus padres que se trasladaron a Chile. O bien son parte de familias que viajan de modo ilegal. Pero siempre es más fácil pesquisar a un chico que a los adultos”, acota la psicóloga Patricia Vera, asesora de la Jefatura de Protección de Derechos del Sename.

Previo al caso de Alicia, el Comité Internacional de Derechos del Niño ya había denunciado, además de la explotación laboral, el riesgo al que se exponen los pequeños caminantes al atravesar una zona sembrada de minas antipersonales, como es la frontera con Bolivia.

En tanto, según las cifras que maneja la Comisión Andina de Juristas, se estima en 24 mil los niños que salen de Bolivia anualmente con diversos destinos, aunque con una intención que no merece dudas: la explotación laboral, cuyas cifras, tanto dentro y fuera del país, asciende en 800 mil casos, vinculados preferentemente a labores agrícolas, domésticas, mineras y de comercio sexual.

Estos datos se complementan con los resultados del Plan de Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil, cuyos estudios aseveran que sólo en Bolivia los niños y adolescentes trabajadores corresponden al 32 por ciento de la población de entre 7 y 19 años. Aunque las cifras ahorran todo comentario, resulta curioso saber que el empleo de menores alcanza, incluso, a instituciones estatales, como ocurrió con el escándalo desatado hace un tiempo en el Regimiento de Infantería 27, donde se denunció el reclutamiento de niños entre 14 y 15 años para el servicio militar, cuando la edad reglamentaria es desde los 19 a los 21.

En este sentido, una de las tareas del Sename es establecer una red de amparo que garantice sus derechos como menores vulnerados, y también distinguir aquellos casos que involucran delitos graves con los que sólo necesitan resguardo. “Antes de 2000 se confundían las medidas y los casos. Ahora existe un área de protección de derechos distinta del programa para los infractores de la ley”, aclara Yolanda Tabilo, al tiempo que subraya que la legislación trata por igual a chilenos y bolivianos. “La diferencia está en la comisión o no de delitos y en su edad. Pero sean infractores o no, prontamente serán repatriados. Sería un daño dejarlo acá”.

La demora en los trámites de repatriación ha disminuido considerablemente. “Antes había casos de niñas que podían estar hasta tres meses en el país antes de ser retornadas”, explica la directora regional, detallando los nexos para agilizar los procesos y localizar familiares a través de su Unidad de Relaciones Internacionales en contacto con Interpol y el Ministerio de Desarrollo Sostenible de Bolivia o su equivalente en otros países.

“Si no hay certezas sobre el domicilio de estos menores en su país de origen, no hay traslado”, enfatiza la psicóloga Patricia Vera. “Nosotros debemos acreditar con informes cuál es la mejor alternativa para estos chicos y saber si hay alguien que los busca en sus países, si realmente alguien ha preguntado alguna vez por ellos”.



Fuente: Hoy Bolivia.com.

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Nota: este portal de Internet fue abierto el 15 de enero de 2003